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Como si detuviera el giro de los sueños

Ésta es la nueva era  parida con la rotura gigantesca de una vida quemada por el rayo. Es la nueva canción entre las venas, adormecida, tímida, calma de pera verde entre los huertos. Nueva morada, nueva casa, alto de luz en el umbral, clavel rosado encima de la mesa, jaula sin pájaros, sólo con alas. Casa que vuela por las noches cuando la luna, cuando el sueño. Que apacigua el motor rumoroso de su centro donde vidas minúsculas cobran importancia, se asoman sin la amenaza de los pasos, suben o bajan escalones averiguan si ya es profundo el sueño de quien duerme, propinan el pinchazo gota de sangre que garantice un poco más de vida y terminó la madrugada, los gallos rompen la noche a picotazos se asoma la mañana velos de luz le dan fisonomía a las cosas los objetos recobran su sentido y en la cama esa mujer a punto de dejar los sueños la calidez de las mantas que la arropan, las horas en que fue a otros mundos. Se tensan poco a poco los músculos, ...

Nueva etapa, primavera, escuela... vida!

Sí, la vida es maravillosa, como quiera que la pongan. Desde los sustos abismales cuando la enfermedad de un ser querido y cercano y te aterrorizan ante su posible pérdida hasta el sublime momento en el que agradeces que no haya sido así. Este inicio de año ha estado movidísimo, ya estamos a tres cuartos de marzo y siento que apenas se termina enero: inscripciones en el DF con las fuertes emociones de entrar a la UNAM, la emoción de encontrarme con mensajes desconocidos de un ser amado que ya partió, la intensidad de la preocupación con la grave enfermedad de mi madre, el inicio de las clases en la facultad... Estoy enfrentando retos, como es costumbre en la vida. Nunca -fuera de la primaria, como saben- he sido escolarizada, pero aunque hubiera sido, estas nuevas herramientas para hacer presentaciones, mapas conceptuales, líneas del tiempo y demás, son absolutamente novedosas para mí. Y qué puedo decir de la plataforma de estudio a distancia de la UNAM, que me ha puesto un cuatro ...

Sala de emergencias

Otra sala, otro hospital . Pero la misma humanidad dolida, frágil. Familiares rendidos por el sueño y el cansancio atiborran los pasillos. Algunos con más suerte se han tendido a dormir en las sillas de espera, pero otros son vencidos en el piso. El cansancio, pero también el miedo y el dolor hacen presa de ellos. No hay descanso ni silencio a las tres de la mañana en este sitio. Con el ruido de las voces se deja oír también el ritmo pesado del sueño en esas respiraciones que se han dado una tregua para huir a otro espacio donde no hay enfermedad ni espera. Algunos otros rezan en voz alta refugiadas en esa fe que más que nunca sale de todos los rincones donde se encontraba, quizá olvidada. Otros tienen biblias e la mano y otros más se refugian en el espacio virtual de sus teléfonos para estar también en oro lado y no mirar que junto está alguien que pena, alguien que no sabe qué hacer o desespera, caras agotadas y miradas enrojecidas, pies hinchados, comida chatarra, lucha por una s...

La voz del río

Miro el paisaje con mis ojos de agua mi rumor de piedras; allá está la raíz de  mis amigos; acá las rocas acunando musgo. El infinito azul me vuelve espejo y las aves me hacen bebedero. Las niñas tiran flores por la tarde esperando que recoja sus tristezas. Seguir, seguir sin detenerme, tumbado sobre rocas, horadando la tierra, llevando este murmullo, vida y fuerza abran paso, recojan en sus cántaros lo que puedan de mí, mojen sus danzas entre mis orillas depositen barquitos de papel cuiden sus niños; no me asfixien con sus obras, no encierren mi curso, no desvíen mi voz. Que soy un rÍo que fluye, que siempre va hacia el mar y no se queda, no se echa por las tardes a contemplar el sol, va siempre a la carrera, no importa si la luna... Que soy un río que pasa, que deja su rumor afuera de las casas entre bestias, entre bosques. Pero qué tal si no soy yo quien pasa, son todos esos pasos que no pueden quedarse, ...

Sueños que se cumplen y memorias que acuden

Vine al DF a Ciudad Universitaria para inscribirme y al terminar entré a visitar el museo Universum para terminar comiendo su restaurante... y Héctor se hace presente de una manera vivísima, primero porque recién anoche su hija me entregó el portafolios donde él guardaba, por año, todos los recuerdos que tenía de mí y una libreta en donde escribió que me querría hasta el último de sus días, como cumplió; y luego porque yo sé que él tenía una liga especial con ese lugar. En el restaurante hay una música de piano y un ambiente idénticos a esos lugares y esos días que compartimos, cuando le gustaba ponerse al piano y tocar mis piezas favoritas. No puedo evitar llorar y el atento y discreto mesero voltea para otro lado tratando de no apenarme y el trago de café es muy amargo pero rico igual que los recuerdos que ruedan por mis mejillas frías y solas; igual que esa imagen del rostro querido al cual mi destino se ató de forma indisoluble hace más de treinta años. Aunque él ya no esté tomán...

Fin del propedéutico UNAM a distancia

Luego de algunos vuelcos y horas de incertidumbre, lecturas y cuestionarios, termina el curso propedéutico que inició en diciembre. A mitad del camino me sentí más segura, un poco más confiada para continuar sin sentir que andaba en un túnel. Espero la evaluación para mañana pero confío en tener buenos resultados. Lo que aprendí me ha dado invaluables herramientas no sólo para seguir estudiando y saber mejor cómo, sino para tener más claridad a la hora de hacer análisis y tomar decisiones. No, no me fue fácil, hay que recordar que asistí a clases regulares, es decir en escuela, solamente en la primaria. Cuando la secundaria tuve que comenzar a trabajar y así seguí hasta ahora. En los noventas hice la secundaria en el INEA en tres meses, y el año pasado la Prepa en dos meses con examen del Ceneval, por eso me resulta de mucha utilidad lo que vi ahora en la universidad. Implica dejar cosas, actividades, activismo cultural, para disponer del tiempo que requiero para estudiar, y me pare...

Historias de Año Nuevo... o la triste realidad

Don Nayo Su mamá murió porque estaba enferma del “latido”. Así sin más ni más, un día se murió y quedaron los hijos solos. Una de ellas comenzó a tener problemas y le daba por quitarse la ropa y cambiarle el nombre a todo el mundo. A veces se orinaba encima y sentada en su solar pedía café a los vecinos, que la invitaban a asearse para convidarle el café. Un día se fue caminando -parecen ser errantes todos los hermanos- y por el rumbo del Sauzal la atropellaron. “Quedó con todas las tripas de fuera”, dijo una vecina. La recogieron con una pala y la metieron en un costal. Dejaron de fuera la cabeza y amarraron al cuello el costal. Así se la entregaron a don Nayo. No sé si desde entonces, él también se desconectó por completo. Aquí pasaba camine y camine a todas horas con cara de atribulado, todo flaco y con una larga melena canosa que cubría con una gorra; a veces esculcaba los botes de basura y aunque no hablaba, respondía a veces mi saludo. Lo vi varias veces en casa de mi ve...