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Cuando las cosas cambian y tienes que cambiar con ellas

Es verdad, a veces estamos muy a gusto en el espacio que nos hemos creado, el exterior y el interior. Podemos caminar a oscuras por nuestros pasillos sabiendo dónde queda cada cosa, dónde apoyar el pie, dónde poner la mano sin trastabillar ni perder el equilibrio.
Es cómodo saber también que adentro somos un espacio cálido, mullido y luminoso, aunque a veces se nos vaya la luz por un rato o resulten pequeñas incomodidades.
El reto es cuando los cambios no estaban planeados, cuando el propósito no es de uno sino de la vida o el universo, porque podemos sentir que no podemos abrazarlo, que preferimos seguir así mullidamente por la vida.
¡Error! He ahí la oportunidad de hallar otro camino, ver otros senderos, descubrir qué más somos por dentro, hasta dónde podemos avanzar.
La plasticidad no sólo está en el cerebro, sino en la voluntad. Ceder, tolerar, apreciar, valorar, compartir para entender. Con buena disposición, con genuina alegría, y con agradecimiento por tener esta ocasión para seguir creciendo.
No, nada es fácil. Pero siempre se puede intentar.

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