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Abismos de ceniza

Deseas para este año futuro, tratando de que la pesadez no permanezca, no siga anclándose  lo que eres a una argolla densa, inamovible, tratando de encontrar algo de gracia, un poco de bondad  y enorme fortaleza. Porque cuando te duele un dedo es una queja, pero cuando te duele todo el espacio que está fuera del dedo, te aniquila. Tienes que hacer escudos prodigiosos para ocultar el pecho, guardar tus margaritas, doblar en cuatro a la luna para seguir cultivando a la esperanza.
Hecho un titán das pasos por la espina que es la vida; por más que hiera contiene a la belleza en su centro de savia palpitante y dura, en su destello de luz donde la punta. Avanzas como un coloso los traspiés del calendario, cada día que has salvado tiene un premio de estrella que mantiene el diminuto fulgor que va cubriendo tu alma.
Y para el cuadro en el que pienses cuando evoques al año, no quieres ver gargantas oxidadas, no deseas que los colores sean oscuros o muertos.
Para evocar al año necesitas retoños de colibrí, vaho de nube, cascabel de serpiente. Aire de piedras húmedas y perfumadas, y evocarlo sin que te precipites por los abismos llenos de ceniza.


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