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Pequeña disertación nocturna para sanar un alma...


Te busco a ti, palabra,
morada de mi corazón cristalizado.
Espero por tu sol,
por ese tibio viento que me derrita el hielo
que ha dejado el dolor.

Te busco a ti, palabra,
laberinto que acoge con ternura,
calor que me guarece del graznido de cuervo
de esta noche sin alas.

A ti te busco en el cajón más negro de mis días,
en el momento en que rota me deshojo.
Busco tu redondez de luna llena,
tu voz enmielecida,
tus rasgos de rapaz huidizo
porque es muy densa la pena que me agobia
y alcanza para que se oscurezca mi morada.

Asomo mi frente por la reja
para saber que arriba está la estrella,
palabra de mil picos
que se rompe sobre mi cabeza,
confeti de luz que me pronuncia,
palabra que redime y me consuela.

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