Ir al contenido principal

Cuando tiembla un hermano

Tiene días que estamos con con el corazón apretado por el miedo y la incertidumbre debido a la enfermedad de mi sobrina Abril. Tan joven, tan linda, tan con tres niños... y tan enferma. Vive en un lugar en donde no puede ser debidamente atendida y sólo recibe paliativos que han provocado que su enfermedad no esté siendo combatida como se debe.
Finalmente y ante la recurrencia de sus malestares, se decidió entre familia trasladarla a la capital del país para que ingresara al hospital y ha sido debidamente estabilizada.
Pero pienso en mi hermano. Soy mayor que todos y lo recuerdo de niño, frágil y tembloroso ante los embates bruscos del hermano mayor, buscando mi refugio porque me tocó ser un poco madre de todos. Y lo veo ahora tan grande y tan enorme pero con ese mismo corazón que cómo no va a ponerse tembloroso cuando es una hija la que enferma y peligra y no hay refugio ni madre ni hermana que lo ayude.
Pero sí: las manos extendidas a lo largo de todas las distancias, el cariño presto para ser soporte, las palabras de aliento y todas las ayudas posibles en lo material o en lo económico, que nunca sobran en estos trances que a veces son inesperados.
Veo ante estas situaciones -recuerdo la grave enfermedad de mi propia hija- lo pequeños e indefensos que podemos sentirnos, y sé lo mucho que nos alienta y cobija no sentirnos solos.


Por eso, desde todos los medios, el aire, el teléfono y el corazón, va mi bendición y mi cariño con las oraciones que tanto necesita Abril, que tanto necesita mi hermano, que tanto necesitamos todos para estar y sentirnos mejor.

Comentarios

Lo que más te gustó

Otros tiempos, nuevos tiempos, más tiempos...

     Quién pudiera decir algo acerca de esto que vivimos: tiempos de contingencia, de pandemia, de aislamiento y por desgracia de miedo. Vamos como los ciegos dando tumbos por cada día nuevo, diferente, tratando de insertarnos a esta llamada nueva normalidad que nos toma por sorpresa y a la que con tanto trabajo nos acercamos. Nos preguntamos cómo será el futuro, cuándo volveremos a reconocer un rostro en la calle si solamente vemos cubrebocas. Nos preguntamos cómo van a crecer los seres que recién llegan, sin el acercamiento y el abrazo y tanta calidez que acostumbrábamos si vemos cuánta falta nos hace luego de pasar estos meses encerrados y aislados.      Nuevos tiempos y nosotros tratando de aprender a incorporar los nuevos accesorios: gel de alcohol, mascarillas, cubrebocas, atomizadores, cloro, desinfectantes, sana distancia... nuevos tiempos en los que en los restaurantes y en todo lugar se siguen nuevos detallados protocolos para  evitar contagi...

Mi terapia de shock

Laberinto. Poema Liz Durand Goytia, 21 de marzo Día Mundial de la Poesía