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Debuta promotora cultural en Ensenada

Hace mucho tiempo que no hago una entrevista pero ahora la curiosidad me llevó a hacerlo con una joven periodista interesada en el pulso cultural de nuestra ciudad, y sobre todo en buscar la manera de contribuir para que estas actividades se vean enriquecidas con el conocimiento de quienes, en otros lados, han sembrado un camino sólido y reconocido. En su primera aportación, sus esfuerzos se enfocaron en invitar al escritor, musicólogo y periodista Hugo García Michel, conocido en el oficio periodístico como uno de los más destacados críticos del rock mexicano. Colabora en el suplemento Palabra de periódico El Vigía con la columna Gato Encerrado (temas musicales), en Milenio Diario con las columnas “Cámara húngara” (de temas políticos) y “Gajes del orificio” (de temas musicales), además de escribir diversos artículos, sobre todo culturales, para diferentes secciones y suplementos del mismo periódico) y en las revistas Nexos, Marvin y Este país. También coordina “Acordes y desaco...

Negro el panorama

Una pesadez me oprime el pecho y el aire es insuficiente, suspiro a cada rato. Me aturde un desgano que me provoca dormir, dormir mucho y no pensar. No es como cuando el dolor o la tristeza. Este desasosiego es más denso, viene con una gran desesperanza que impide pensar en que haya luz en alguna parte y acaba con el cada vez más pequeño y débil optimismo que ha sido parte mía toda la vida. Suspiro. Es decir, respiro hondo porque quiero sacudir el peso de la angustia que provoca sentir miedo. No estoy acostumbrada, es una sensación desagradable que siempre traté de evitar en cuanto estuvo en mis manos hacerlo. Sentirme amenazada ha provocado que la sensación me agote. Sí, entiendo de alguna manera que afuera está el sol, que hay miles de ojos contemplando el atardecer, que hay niños en los parques, que la alegría no ha muerto. Pero no aquí, adentro de estas cuatro paredes con ventanas selladas porque ni siquiera se puede salir al patio trasero de la casa, hay que cuidarse de no ser v...

De los sueños, de los riesgos...

Desde ese otro mundo en el que vivo, el de los sueños, escribo: Llegamos a las afueras de la ranchería buscado la casa en donde se nos instruyó trabajar. Mis dos compañeros abrieron cautelosamente la puerta de la casona que parecía abandonada y entramos. Fuera de unas mesas de trabajo y pocas sillas, no había muebles. En la parte trasera hallaron un difunto. Al hombre que tuvo ese cuerpo lo habían ultimado a cuchillo, según dijeron, y  yo no quise acercarme. Ellos se dispusieron a levantar evidencias y yo me alejé de ese patio trasero para subir por una rampa del terreno hacia la azotea de la casa, que tenía el techo bajo. El paisaje semi árido era agradable y silencioso. De pronto me sentí cansada y me recosté mirando en el cielo unos jirones de nube. Me cubrí las piernas con el suéter y estaba dormitando cuando un compañero me tocó el hombro diciéndome que habían llegado Mariana y los otros. Bajamos, los encontramos ya dispuestos en las mesas haciendo su trabajo. Noté que tod...

Gajes del tejido

Aunque pudiera sospecharlo, la verdad es que no creo que ella se haya tomado el trabajo de elaborar la idea de molestarme. Aparentemente estaba de lo más tranquila mientras yo seguía muy concentrada intentando dominar una nueva puntada para mi tejido. No soy experta, esas vueltas y recovecos de las cadenetas me suenan lejanamente familiares pero ya desde niña cuando intenté formar alguna cosa identificable en el tejido, quedaba todo chueco, las piñas de las carpetas parecían enfermas por lo torcidas o disparejas y los puntos de pronto ya no eran suficientes para tejer otro motivo o de plano me sobraban. Así que ella sabe que si estoy muy callada, estoy concentrada y no debería distraerme. De modo que se acomodó en su silla y según yo, intentaba dormir. Justo al llegar a la última vuelta del motivo de abanicos, donde tenía que concentrarme más porque el remate tiene cambios, se atoró el hilo. Nada fuera de lo normal, ocurre a cada rato y tiene una que andar desatorando la hebra d...

Una equivocación

Hacía mucho que no veía a mi tía Tere y por eso me alegra tanto que esté aquí en casa ahora. Voy sacando las cartas que tenía guardadas en cajas, y nos ponemos a recordar las de aquella época tristísima que leíamos juntas y llorando, me acuerdo vivamente del dolor que me laceraba y vuelvo a tener un vuelco en el corazón al recordarlo. Mi tía y yo nos miramos sabiendo que ya pasó y estoy sana pero nos abrazamos igual que en aquel tiempo. Su cabello rojo hasta la cintura la sigue haciendo verse hermosa como entonces. Vámonos a buscar lo que necesitas, me dice mientras se alista y salimos. Caminamos por calles llenas de hermosos edificios coloniales hasta llegar a una cuchilla cuyo pico es una taquilla de entrada al edificio famoso que tiene las paredes llenas de murales. ¿Quieres visitarlo? le digo. Ahora no, lo que necesitamos es saber en dónde tienes que hacer tu trámite. Me acerco a preguntar en la taquilla y resulta que es aquí. Entonces sí mi tía puede ir a recorrer los murales. ...

Lo que me trajo la lluvia

Sí, la oscuridad -que toma su tiempo, dicen- tiende su velo sobre los restos de la tarde. Mi corazón arde, mis manos arden, arde mi imaginación. La música es el fuelle, pero las gotas que dejó la lluvia sobre el techo cayendo en mi patio son el pulso que me mueve las manos, ciegas y locas por crear. Se me atraviesa la llave del sur que trajo una ave amiga, tan hermosa que todos habrán de verla. Siguen la música y la lluvia, ya comienzan las manos a buscar los hilos que tejan las urdimbres de la llave, que borden las roturas de corazón, que impregnen con la noche las puntadas, ensartadas con la punta de una estrella. Se teje y se borda así cada noche, cada latido, cada enloquecimiento, cada imaginación...

Cadenas y punto atrás

Las lágrimas me borran las puntadas frágiles como el tiempo que vivimos, no sé si voy bordando un ala, un corazón o un pétalo. En el recinto de la memoria se instaló la música de mis otras vidas, otros amores, con sus compases  eternamente jóvenes como este espacio que late aún con los recuerdos -dulces o sangrantes- y me llevan hacia allá, hacia el lugar en donde estoy bordando motivos diferentes, buscando lentamente los colores, con ojos inseguros y la mirada echada hacia adelante, escuchando los rumores de una soledad tristísima, desesperada por entender la trama de esos hilos. Ahora suenan alegres amarillos, jugosos como besos; entran después las hebras-jacaranda con perfumes delicados de ausencias largas y queridas, de adioses que no deseamos y nos atravesaron la vida dejándonos creyendo que la luz no volvería. (No quiero que llegue el rojo, no sé si tengo fuerza. El negro no es color, no me preocupa). Cadenas y punto atrás son las puntadas que me anudan, madejas verdes,...