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Gajes del tejido

Aunque pudiera sospecharlo, la verdad es que no creo que ella se haya tomado el trabajo de elaborar la idea de molestarme. Aparentemente estaba de lo más tranquila mientras yo seguía muy concentrada intentando dominar una nueva puntada para mi tejido. No soy experta, esas vueltas y recovecos de las cadenetas me suenan lejanamente familiares pero ya desde niña cuando intenté formar alguna cosa identificable en el tejido, quedaba todo chueco, las piñas de las carpetas parecían enfermas por lo torcidas o disparejas y los puntos de pronto ya no eran suficientes para tejer otro motivo o de plano me sobraban. Así que ella sabe que si estoy muy callada, estoy concentrada y no debería distraerme. De modo que se acomodó en su silla y según yo, intentaba dormir. Justo al llegar a la última vuelta del motivo de abanicos, donde tenía que concentrarme más porque el remate tiene cambios, se atoró el hilo. Nada fuera de lo normal, ocurre a cada rato y tiene una que andar desatorando la hebra d...

Una equivocación

Hacía mucho que no veía a mi tía Tere y por eso me alegra tanto que esté aquí en casa ahora. Voy sacando las cartas que tenía guardadas en cajas, y nos ponemos a recordar las de aquella época tristísima que leíamos juntas y llorando, me acuerdo vivamente del dolor que me laceraba y vuelvo a tener un vuelco en el corazón al recordarlo. Mi tía y yo nos miramos sabiendo que ya pasó y estoy sana pero nos abrazamos igual que en aquel tiempo. Su cabello rojo hasta la cintura la sigue haciendo verse hermosa como entonces. Vámonos a buscar lo que necesitas, me dice mientras se alista y salimos. Caminamos por calles llenas de hermosos edificios coloniales hasta llegar a una cuchilla cuyo pico es una taquilla de entrada al edificio famoso que tiene las paredes llenas de murales. ¿Quieres visitarlo? le digo. Ahora no, lo que necesitamos es saber en dónde tienes que hacer tu trámite. Me acerco a preguntar en la taquilla y resulta que es aquí. Entonces sí mi tía puede ir a recorrer los murales. ...

Lo que me trajo la lluvia

Sí, la oscuridad -que toma su tiempo, dicen- tiende su velo sobre los restos de la tarde. Mi corazón arde, mis manos arden, arde mi imaginación. La música es el fuelle, pero las gotas que dejó la lluvia sobre el techo cayendo en mi patio son el pulso que me mueve las manos, ciegas y locas por crear. Se me atraviesa la llave del sur que trajo una ave amiga, tan hermosa que todos habrán de verla. Siguen la música y la lluvia, ya comienzan las manos a buscar los hilos que tejan las urdimbres de la llave, que borden las roturas de corazón, que impregnen con la noche las puntadas, ensartadas con la punta de una estrella. Se teje y se borda así cada noche, cada latido, cada enloquecimiento, cada imaginación...

Cadenas y punto atrás

Las lágrimas me borran las puntadas frágiles como el tiempo que vivimos, no sé si voy bordando un ala, un corazón o un pétalo. En el recinto de la memoria se instaló la música de mis otras vidas, otros amores, con sus compases  eternamente jóvenes como este espacio que late aún con los recuerdos -dulces o sangrantes- y me llevan hacia allá, hacia el lugar en donde estoy bordando motivos diferentes, buscando lentamente los colores, con ojos inseguros y la mirada echada hacia adelante, escuchando los rumores de una soledad tristísima, desesperada por entender la trama de esos hilos. Ahora suenan alegres amarillos, jugosos como besos; entran después las hebras-jacaranda con perfumes delicados de ausencias largas y queridas, de adioses que no deseamos y nos atravesaron la vida dejándonos creyendo que la luz no volvería. (No quiero que llegue el rojo, no sé si tengo fuerza. El negro no es color, no me preocupa). Cadenas y punto atrás son las puntadas que me anudan, madejas verdes,...

Crónica de un viaje a la ciudad

Tus listones grises se han multiplicado, crecen apuntando al cielo. Serpiente de asfalto, ondeas por caminos en terceros y segundos pisos. Nunca duermes ni suspendes los ruidos de tus bocas. Creces todavía en techos que ahora llaman terrazas y te vistes con todos los tonos imaginables del gris.      Pero aún adornas tu cuerpo con suave color de jacarandas,  vas tatuando en tus uñas los geranios, en tu tocado pones nieve de volcán y nubes.      Devoras al tiempo, eres inabarcable. Quien te vive maldice y se deslumbra y quien te mira de visita sostiene su aliento en un asombro ausente de palabras. Fiel tirana, extiendes tus promesas cada día para seguir cazando incautos. ¿Quién va a querer salir del dulce infierno de tus redes? Embaucadora eficaz con tus aromas de naranjo y eucaliptos, el parpadeo de tus lagos escondidos, la promesa del agua en Los Dinamos o el verdor inusitado en tu emblemático Chapultepec. Prometes buen café en Coyoacán, frutos del m...

Historias de mi barrio

  Siempre fueron tranquilos, una pareja cuya vida doméstica se dejaba escuchar cuando lavaban la ropa, cuando reían, cuando ella subía todo el volumen de su aparato para cantar con Rocío Dúrcal lo mismo durante horas y yo debía irle a pedir que le bajara porque no me podía concentrar en el estudio. No se molestaba: "sí vecina", y listo. Al poco tiempo noté su embarazo y cuando menos pensé ya estaba una criatura nueva entre ellos. Enfermaba con frecuencia, me solicitaban el teléfono o llevarlos a al doctor. Bien tranquilos, como digo. La vecina comenzó a educar a su niña a puros gritos pero no con violencia, al parecer simplemente era escandalosa. Noté que le enseñaba muchas cosas a la niña, aunque yo me preguntaba todo el tiempo si pensaría era sorda. No me di cuenta del tiempo, pero en un santiamén la pequeña ya iba al kinder. Fue poco después de que ya iba a la escuela que la pareja se separó. Y ahí sí, sin gritos ni sombrerazos, sencillamente cuando me di cuenta...

La poesía que está en la vida

Sé que no es así: no hice únicamente tres poemas en este año. Porque sé que pensé un poema cuando miraba la luna, cuando vi al sol sobre las montañas al fondo de la ciudad, cuando escuché reír a los niños que vienen de la escuela, cuando vi la sonrisa plena de una mujer humilde, cuando observé a los ancianos jugando dominó en el parque, cuando cantaron los pájaros afuera de mi ventana, cuando florecieron mis macetas, cuando vi dormidas a mis perras, al hacer una oración dando gracias o pidiendo. La poesía está en la vida, en los aconteceres que cambian como cada hora del día. Nos llena de aire puro, nos endulza los caminos, nos facilita deambular por las apuraciones. La poesía está a la vista de todos, sólo hay que leerla, encontrar sus versos en los ojos de los niños, en las olas que llegan a la playa, en los barcos que se alejan, en las estrellas que se cuelgan de nuestro techo universal. Hay que aprender a leer a la poesía en cada uno de nuestros vericuetos y sentirla, pa...