Ir al contenido principal

El asalto de la verdad. Fragmento de un viejo diario

Tenía los ojos cerrados mientras hacíamos el amor. Él comenzó a ponerse más intenso y pedí que fuera leve, pero la pasión le ganaba. Intenté seguirle el paso; entonces abrí los ojos y miré su cara en la oscuridad. Horrorizada grité con un miedo que no conocía y me puse balbuceante, sólo gritaba "¡no!" con insistencia mientras me encogía y lloraba, moviéndome como si me estuviera meciendo hecha un ovillo. Él se detuvo asombrado y con preocupación porque no le permitía tocarme y porque sabía que no había sido violento. Se separó de mí cuidadosamente diciendo algunas cosas que no quise escuchar porque el terror era una pinza que me aprisionaba. El pecho me retumbaba y me salieron manantiales de los ojos con una agua caliente y densa que no paraba de fluir. Intentó calmarme diciendo "soy yo, niña, soy yo que te amo y no te hago daño" por mucho rato, pausadamente para darme tranquilidad.
Yo ya me encontraba en la esquina de la cama abrazada a mis rodillas, todavía estremecida y azorada. El murmullo de su voz me fue tranquilizando y recuperé mi respiración mientras me daba cuenta de que un pequeñísimo rayo de luz había iluminado en mi cerebro una memoria que aún no sé si sea verdad o solamente una mezcla de recuerdos y temores.
Me fui recuperando lentamente hasta poderme acercar a su cuerpo cariñoso para refugiarme en ese pecho donde siempre posaba mis alas después del vuelo. En ese alero cálido me quedé por mucho rato intentando recuperarme por completo.
Después de un tiempo él dejó salir de nuevo su voz para decirme "¿qué viste?"
Tardé en responder porque la garganta era un abola dura que dolía y la boca estaba seca.
—Vi a mi papá.

Comentarios

Lo que más te gustó

Laberinto. Poema Liz Durand Goytia, 21 de marzo Día Mundial de la Poesía

Esta mañana Dr. Chipocles

Desde la cama me puse a ver noticias. Sé que no es -ni con mucho- la mejor manera para levantarse, pero lo hice sin pensar. Encontré que estaban dando un reportaje acerca de un médico en el Hospital de Pediatría de la ciudad de México, en donde todavía ando por suerte. El doctor especializado en oncología ha sido bautizado por sus pequeños pacientes como "Dr. Chipocles", que es la manera que tenemos los mexicanos para denominar a alguien que es muy bueno en lo que hace, y lo que no sé es por qué se eligió el nombre de un chile -chipocle, chipotle- para eso. El caso es que este médico inusitado es tan sensible que no solamente se disfraza de distintas cosas para ir a trabajar como el famoso Dr. Patch Adams, sino además, al ser entrevistado sobre su trabajo, termina diciendo, con la garganta cerrada y lágrimas en los ojos, que se considera un ser especial por poder hacer el trabajo que hace. Y lloró cuando mencionó a sus niños enfermos que ya no están con nosotros. Tengo que ad...

Infografía Modelos Conductuales en Psicología Clínica

Para quien le sirva mi tarea: