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Reporte de la noche

Caminamos por el lecho de un río que termina en cascada porque últimamente no tiene agua. Las rocas a los lados están blancas por la cal o algo y yo me quiero regresar luego porque temo que de pronto venga el agua. Siempre me dan miedo las venidas porque arrastran todo.
Subimos de regreso el empinado camino que conecta directamente con la casa que están estrenando mis amigos y la vinimos a conocer. Nunca me han sido atractivos los lujos y las casas enormes como ésta, pero cada quién sus gustos. A la entrada una fuente demasiado grande, que con la escasez del agua no siempre está funcionando, con el fondo de mosaicos pequeñitos de color azul oscuro.
Las habitaciones están adornadas con recuerdos costosos y antigüedades, pero me parece un sinsentido que con tanto espacio haya sitios en donde, para recorrer o acceder a otra habitación, el paso sea tan estrecho.
Necesito un baño y me dirijo a buscarlo por la casa que está llena de gente que no conozco y me ve raro metiéndome por todo lado y abriendo cuanta puerta pero explico que soy amiga de la dueña y sigo mi cada vez más urgente afán de hallar el baño.
Abro una puerta y en efecto, es un baño muy grande donde parece estar reunida una parte de la familia haciéndose diálisis o algo así porque hay sueros y sondas, así que me retiro.
Sigo en mi búsqueda y encuentro a mi amiga, que me señala a dónde dirigirme.
La gente se vuelve extravagante al tener dinero, de otro modo no entiendo cómo se les vino a ocurrir hacer un inodoro en forma y color de banca de madera, tan espacioso y poco privado. Al fin puedo descansar de mi urgencia pero a medio camino entra otra bola de gente que anda conociendo la casa. De prisa me cercioro de que parezca que estoy aquí, casual, sentada en la banca, cuidando que no se asome mi ropa íntima por debajo del vestido y veo que, encima, mi amiga está mostrando una foto que nos tomamos en aquellos años.
Me chocan estas incomodidades incongruentes que me hacen sentir invadida, no es la primera vez que me sucede en un sueño así que me decido a despertar.

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Poema para los niños migrantes

Para los niños migrantes


Temprano te salieron alas y esparces la ceniza de un vuelo inesperado. Vuelas hacia una tierra prometida que no existe , donde leche ni miel encontrarás.
Encerrarán tu vuelo en jaulas y el miedo que aprendiste a dejar lejos regresará a morderte por las noches. Ningún río te besará con agua fresca, ninguna señal de la cruz sobre tu frente te va a guardar de la amargura.
Somos testigos de la decapitación de tu infancia, de tu niñez hoy preñada de dolor, de pies cansados y ojos secos.
Que la vergüenza nos cubra cada que te preguntes o que pidas, que el corazón nos duela hasta que tengas alas con vuelo renacido.

Sí, un domingo más

Desde antier por la noche Mauricio y yo andamos un poco desconchinflados: a él le vinieron escalofríos y dolor de estómago junto con el de los músculos de los hombros. Le dí te y masage y pareció sentirse mejor.
Pero ayer amaneció igual, con náusea e incipiente dolor de cabeza. A mí me comenzó un dolor igual en cuanto terminamos de comer en casa de Coquito, con Alfonso que ya había llegado. Antes de salir hacia el hospital me tomé una pastilla que no funcionó y cuando llegamos tomé otra que tampoco hizo efecto. Cuando bajé del piso para que Mauricio pudiera subir, una señora me regaló otra pastilla porque me vio agarrándome la cabeza con las manos...pero tampoco sirvió.
Pablita estuvo contenta con la visita de Alfonso, ya se sabe que él es siempre tan ocurrente que resulta cómico y se pasan ratos muy gratos en su compañía.
De regreso en el metrobús nos dirigimos a una farmacia para comprarme una inyección porque ya era migraña mi dolencia.
La caminadera por el cierre de estación fue más a…

Ensenada: estación de partida

Y en el instante en que suena la sirena me salta el corazón: avisa que es una despedida, que los lobos marinos se quedan atrás con la brisa y los buques, con las olas que me habrán de encontrar en otro punto del mar. Ahora el cielo tímido, desdibujado, me saluda, sabe que uno nunca se despide de él. Estoy en una casa de muñecas que me aloja por un rato, algún día voy a poder ser así de pequeña, sencilla como una hoja de papel en donde todo se dibuja o se borra o se transforma. Porque si mi naturaleza de palabras debe tener un lecho sería de papel, uno que no fuera demasiado absorbente porque se chupa la tinta y la hace mancha, ni demasiado liso que no admita el grafito, ese suave y lustroso material con el que a veces intento mi retrato. Regreso, estoy aún en Ensenada por unas horas más después de muchos años, bebo esta brisa con el cuerpo, me asomo a este jardín desconocido por la ventana que da a un cerro lleno deviviendas coloridas pero cenicientas, como corresponde a este lugar. Mucha…