lunes, 23 de diciembre de 2013

viernes, 20 de diciembre de 2013

De las fragilidades

Aunque sean avisos o falsas alarmas, hay momentos que nos ponen a pensar en la fragilidad de la vida. No en la frágil vida de los demás, sino en la propia.
Siempre he pensado que hay que estar lista en todo momento para emprender el viaje último, que quizá eso sea lo que quite el conocido temor a ese paso.
También he manifestado que no entiendo a los demás cuando tienen miedo al sentirse cerca del umbral...

Pero cuando soy yo quien siente cosas extrañas en cuestión de salud y el pensamiento que viene a mi cabeza es el de la posibilidad de estar en el lindero, lo que he sentido es eso, un poco de susto. Me pregunté por qué y traté de hacer recuento: no creo tener pendientes, la gente a la que quiero lo sabe, las cosas que he querido hacer las vengo haciendo, voy cumpliendo mis sueños paso a paso y hace mucho que concluí que no cambiaría mi vida porque me gusta ser lo que soy, he venido esculpiendo poco a poco esta especie de flor rudimentaria -pero al fin flor- olorosa y con cierta belleza que sabe apreciar al sol. 
Concluyo entonces que aunque lo he deseado o buscado, no tengo en realidad incorporado hasta los huesos el pensamiento de ser verdaderamente transitoria, que cada que he dicho que quizá mañana no despierte es un tanto superficial, no va hasta el fondo.
¿O será el hecho de estar sola? ¿Cómo será para cada uno saber que exhala su último suspiro en soledad? Y ahora pasamos al hecho de que la soledad es relativa, porque desde luego nadie nos acompaña en ese viaje. Así estemos rodeados de quienes queremos, vamos solos.
Entonces ¿temor a lo desconocido? ¿temor natural o soy miedosa?
Cómo saber de esas cosas si nadie ha venido a decirnos cómo es.
En mi caso no fue sino una sensación extraña y desagradable que me hacía sentir el cerebro desconectado y encogido, las ideas ausentes y la capacidad de pensar prácticamente nula, y por ser algo que nunca había experimentado, me pregunté si eso era todo, sí así se apaga una...

Pero pasó y no pasó nada. Aquí estoy escribiendo, reflexionando, queriendo a todos, pidiendo por todos sin ser más ni menos que antes de esa experiencia.
Seguiré por mi camino tratando de asentar en el fondo de mi cuerpo, mi cerebro y mi corazón que soy sólo pasajera y que mi viaje sólo de ida terminará sin aviso y sin demora cuando esté marcado.

Doy gracias a la vida por cuanto he tenido y tengo, que no cuenta en cosas materiales pero sí en fortunas que me dan los amigos con su calor, sus cuidados y sus preocupaciones; en lo que he recibido de desconocidos cuando he estado en necesidad o angustia: en lo que me dan mis hijos sin palabras; en la fidelidad de los corazones que desde hace tanto me acompañan; en el cariño inmenso de mis hermanas y hermanos, su reconocimiento inmerecido; y en fin en cada mota de polvo o de luz que baña cada segundo de mi vida. Gracias!



Diciembre 20, 2013

jueves, 19 de diciembre de 2013

Tiempo de...

Mucha gente dice cosas lindas de la Navidad: que la cena, que los regalos, que paz y amor y villancicos y Niño Dios y árboles con foquitos...
Y me pregunto qué es, cómo se arma este juguete que me llega sin instructivo ni carga tradicional familiar ni nada particular.
A mí me pesa la Navidad porque es cuando se nota mucho lo que tienen o no tienen los demás. Me pesa que viene con frío bajo los puentes y en las calles y no trae bebidas calientes para todos. Me pesa que las diferencias luzcan tan grotescas y que, como nunca, mis manos no puedan llegar a todos lados.

Y tanto brillo en estos días, entonces ¿nos deja un poco ciegos? Quizá más encerrados en la fiesta propia, natural, aunque muchos dicen que es cuando comparten y eso es bueno.
Repartamos nuestra Navidad, nuestro interés genuino por el otro, el migrante que va sobre la Bestia, la mujer que fue atacada, el niño maltratado, los indigentes. Hagamos una pequeña lonchera con nuestra mejor comida y esos grandes deseos de que mejoren y llevémosla hasta sus manos lastimadas y ateridas, hasta sus corazones sofocados por esta Navidad.

Tengamos siempre a la mano una lonchera llena de lo que necesitan los demás: una palabra, un abrazo, una sonrisa, una moneda, o ropa o flores, oraciones...
¡Hagámoslo!

sábado, 14 de diciembre de 2013

Comienzos y finales...

Bueno primero los comienzos. Puedo decir que pongo palomita a varios de mis propósitos del año, y llevo alguno que otro al siguiente, para seguir cumpliendo...
Inicio el estudio a distancia en la universidad, un poco confundida todavía con respecto a los sitios, los enlaces, correos, foros y demás, pero confiando en que aprenderé a manejar todo para bien y para continuar.
Finales, porque según el calendario acaba un ciclo, todo es según el color del cristal con que se mire pero en fin, haremos caso de esta última hoja del almanaque para decir que sí, que cerramos otro año de vida, de proyectos, de crecer en amigas y amigos, de encontrar sorpresas en los atardeceres o los amaneceres, de poder continuar disfrutando del café, tan conocido, paladeado y nuevo en cada taza, igual que la vida, antigua amiga nuestra desde antes de nuestros días y durante ellos y aún así sorpresiva y diferente cada vez que la encontramos en la minúscula florecilla que brota de una grieta del cemento como señal de que no deberíamos claudicar y de que la belleza cabe en todas partes.
Somos parte de todo, de esos atardeceres, de esas flores. Somos las nubes que viajan por el cielo tomando diferentes formas y así, a veces tenemos alas o garras o sencillamente tules, crecemos o encogemos, nos disolvemos y tomamos cuerpo de nuevo, poroso o consistente, siempre nuevo y siempre el mismo...
¡¡¡La vida es maravillosa!!!

martes, 3 de diciembre de 2013

Azul y oro o Relato de un sueño que se hizo decisión

Tenía once años cuando mi padre me avisó que me sacaba de la escuela secundaria aunque tuviera las mejores calificaciones, porque las mujeres habíamos nacido para atender el hogar y lavar los trastes. Me informó que eso haría yo en casa, además de la limpieza y atender a mis hermanos varones.
No tengo que relatar mi amargura e impotencia, sobre todo cuando llegaban mensajes de mi escuela preguntando la razón de mi ausencia, y ofreciendo facilidades para presentar exámenes. Pero fue entonces cuando decidí que sí, que había nacido mujer, pero para otras cosas...

La vida y mis circunstancias no permitieron que yo fuera a la escuela y mucho menos a la universidad, como siempre había deseado aunque no estuviera segura de qué estudiaría. "Sólo estudiar", decía. Lo que fuera,  me parecía bueno e interesante. Y como no pude hacerlo, me di a la tarea de estudiar por mi cuenta lo que pudiera.

Transcurrieron muchos años, crecí a mis hijos, me casé y me descasé y siempre con esa espinita del estudio clavada en la conciencia. Hasta que llegó el momento y me decidí a estudiar la secundaria en el INEA, allá por los noventas. En tres mese recibí mi certificado y de inmediato me inscribí a la preparatoria. Pero luego vino una mudanza en mi vida, me fui a vivir al norte y en las ciudades en que estuve no tenían el sistema abierto de prepa al menos en el nivel en el que yo me encontraba.

De nuevo me involucré con otras cosas de la vida, seguí aprendiendo otras, viajé y de repente me enteré un día en el Fb que había inscripciones para estudiar la prepa por CENEVAL y terminaban ese día, así que salí corriendo a inscribirme. Igual, fueron dos meses de estudio, un mes de espera para el examen y llegaron las ocho horas de pruebas para esperar los resultados, que fueron positivos.

Lo natural a seguir era la universidad, y de nuevo ocurrió que casi me tropiezo con la convocatoria en internet, me registro y me dan la guía del examen para presentarlo al cabo de un mes en el DF. Caos, porque me encontraba organizando actividades y demás y tenía que ponerme a repasar esas matemáticas que en dos meses de prepa por supuesto que no me quedaron claras. Tutoriales en Youtube, consultas con un profe, repaso de apuntes y demás, hasta que llegó el día.

El sábado por la noche me reuní con Carmen Amato, mi amiga poeta, en casa de mi hijo. A las seis de la mañana siguiente nos fuimos a buscar la dirección donde se aplicarían los exámenes, allá por Tlalpan, y ahí me dejaron para que resolviera lo que pudiera. Al terminar yo supuse que si acaso, habría pasado con "panzazo insuficiente", porque mis dudas con las ciencias no han decrecido.

Esta mañana, mientras desayunaba, recordé haber visto un anuncio para preparar el examen de ingreso a la UNAM y pensé en guardar el dato, pero en eso recordé que los resultados del examen estarían listos el día primero de diciembre y al caer en la cuenta de que estamos a tres llegué de un salto a la computadora con el corazón en la boca para ver si todavía podría buscar mi resultado, pero al abrir mi correo lo primero que vi fue una carta de la UNAM dándome la bienvenida al sistema de educación abierta.

Pueden imaginar mi emoción. El corazón brincaba para todos lados y las lágrimas corrían mientras pensaba en todo este tiempo que ha transcurrido mientras esperaba realizar mi sueño de estudiar una carrera que me ayudara a servirme de lo que sé de arte para ayudar a otros, por eso elegí psicologia. Hasta me dolía el pecho, justo en medio, por la emoción. Y cuando puse el video de introducción y me dijeron "Ya eres Puma, tus colores son azul y oro", vuelta a llorar sin parar y sin poder creer que al fin, ahora, a mis 58, se cumple mi sueño de ser universitaria, y no sólo de corazón.

De verdad que tengo muchísimo que agradecer a Dios por ser tan bendecida.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Tocando campanas


Voy como niña tocando las campanas.
Ahí te encuentro, en el lugar de siempre,
con el color de entonces y de ahora.

Porque tengo memoria,
porque el azul amanecido de tus ojos
me trajo el agua que mi sed buscó...

Porque con la distancia no se aparta nada,
porque callar la voz no significa olvido,

voy como niña tocando mis campanas.