sábado, 14 de mayo de 2016

La enfermedad

La enfermedad nos pone en jaque según su intensidad, variedad o gravedad. A veces creemos que nos toma por asalto pero al llegar al consultorio nos enteramos que en realidad no habíamos hecho caso de los síntomas, creíamos que se nos pasaría con un té o una pastilla.
Hay veces en que así, de repente, el cuerpo ya no puede más y hace lo que tenga que  hacer para detenernos, llamar nuestra atención para procurarlo.
A veces puede ser muy grave, es cuando se nos van los pulsos, nos aterramos con todo lo que nos dicen los médicos o peor, lo que no nos dicen porque no lo saben, estamos acostumbrados a esperar que el médico lo sepa todo, qué clase de doctor es el que dice que no tiene idea por qué suceden tales o cuales cosas en el cuerpo, lo dice para martirizarnos, para que sintamos culpa, lo dice porque es un déspota, porque me cree ignorante, porque no le caigo bien, porque no sabe, porque no está actualizado, porque no tiene sentimientos...

Cuántas cosas están mal, como lo veo.  La enfermedad, según me he venido dando cuenta, nace como consecuencia de algo que no hicimos bien, al menos en la mayoría de los casos. No comemos sanamente, no hacemos ejercicio, no buscamos la tranquilidad. Claro, porque nadie nos dice. Siempre podemos culpar a lo que está afuera, alrededor. Siempre es más importante seguir trabajando, seguir compitiendo, seguir comprando, seguir viajando, seguir comiendo... seguir enfermando. Seguir, seguir seguir, como si huyéramos de algo pero no de la enfermedad. Y seguimos  a su encuentro, hasta que nos tiene que parar.


domingo, 1 de mayo de 2016

Cuando otros quieren decidir por mí

Resulta que a veces pasa por la vida de una alguna persona que se puede visualizar como amiga potencial porque se da una identificación, empatía y aprecio desde el comienzo y se inicia con mucho entusiasmo lo que se espera sea una amistad duradera.
Pero también a veces ocurre que es sólo una primera impresión, y a pesar de las muchas coincidencias, no se puede avanzar más.
Es así que luego de horas de café, de convivencia, de confidencias y otras cosas de la vida, una se va dando cuenta de que la primera fase no es consistente, que la otra persona quizá por la edad, quizá por su alta autoestima, no es capaz de escuchar la voz interna de la otra parte, sólo mira sobre la superficie, donde encuentra ciertos defectos o fallas que pretende arreglar por medio de instrucciones disfrazadas de consejos, faltando por completo al respeto a la personalidad, carácter y modo de ver la vida de su "amiga", pero además, una vez que cae en la cuenta de que está siendo escuchada pero no se siguen sus orientaciones, se molesta, siente que pierde su tiempo, que la amiga es un caso perdido y que no vale la pena seguir perdiendo con ella y así, sin más ni más, sin mediar palabra al respecto, corta todo lazo que hubiera, cancela la amistad en redes sociales y correo electrónico y desaparece dejando a la otra parte con un palmo de narices y con una gran interrogación.
No me ha sucedido más que un par de veces, por dicha, y me he repuesto pronto pensando en que cada quién tiene derecho a ser y hacer como guste.
La fortuna ha querido que, a cambio, mis amigas verdaderas permanezcan a lo largo de mi vida -desde mis mocedades a la fecha- sin gritos ni sombrerazos, en un amoroso acuerdo de tolerancia y respeto por las ideas, saberes, modos.
Lástima por quienes no pueden vivir una amistad así.
Por mi parte, seguiré cultivando ese tesoro inmenso que tengo desde hace muchos años y del que soy celosa cuidadora, y seguiré despidiéndome sin resentimientos de quienes por sus respetables razones, no pueden empatar conmigo, con mis modos o mis ideas deseándoles lo mejor.

martes, 29 de marzo de 2016

Otro monólogo...

Justo en la orillita del mes de marzo, y en honor del día de la mujeres, aquí les dejo la lectura de los consabidos Monólogos de la menopausia en Ensenada, promovidos por Lucía Garayzar y sus secuaces:
  
https://www.youtube.com/watch?v=AaFq9zIerDg&feature=youtu.be


sábado, 12 de marzo de 2016

La punta de una espinita

Todavía corren vientos de febrero loco, el techo de madera de mi casa me deja oír los susurros del raspón que le hace la tierra que se cuela por debajo de las puertas y si me descuido, al rato ya será jardín aquí. Porque así es Ensenada, mucho polvo, por eso se llama La Cenicienta del Pacífico.
El clima, como en el resto del país, totalmente loco por causa, naturalmente, de nuestros desvaríos humanos a lo largo del tiempo.

A últimas fechas mi alma errabunda como que comienza a empujarme para otro lado, como si aquí ya se hubiera cumplido la misión y fuera necesario un viaje para seguir encontrando cosas. Es mi sino, hace mucho lo acepté: mis casas no tienen raíces, mis lugares están en todas partes.

Es la punta de una espinita lo que tengo, un pequeño ardorcillo que me dice "muévete" ¿y por qué no, mientras se pueda? mientras mi columna no termine por decir "ya basta" supongo que seguiré devorando kilómetros, a veces para alejarme, a veces para acercarme. Viajar, viajar, despedirme, llegar, dejar, encontrar.

Quién sabe. Habrá que ver qué pasa con la espina.

sábado, 26 de diciembre de 2015

Cuando la meno nos alcanza



Otra vez el dichoso monólogo sobre la menopausia. O sea, cuando te agarra, te cae por todo lado. Así que no es nada más pasar por los insomnios y los sofocones, los que provocan los calorcitos y los que provoca el humor de los mil diablos con que a veces -muuuuy a veces- andamos por la vida desde que amanece y ve uno que va a pintar difícil porque sólo mirar a un lado al marido disfrutando de su sueño como angelito o como diría mi abuela “como si no debiera nada”,  se pone una furiosa. Eso en el peor de los casos, porque en el “menos peor”, se echa una a llorar nomás de ver a dónde vino a dar su vida.
            Entonces se acuerda una -porque sí, a veces una sí se acuerda- que está en la edad “interesante”, no hay razón para usar términos peyorativos, y tiene una un cúmulo de experiencias que en ciertos casos llaman “sabiduría” pero nosotras sabemos que además de sabias, la edad nos hace inevitablemente menopáusicas. En secreto consideramos si tendremos ahorros suficientes para lanzarnos por un liftin o tendremos que optar por las menos caras cremas milagrosas que usaremos a la sombra de nuestra no sé si “intimidad” o “soledad”, porque a propósito, no son tantos los maridos piadosos o francamente medio beatos los que se quedan haciéndonos compañía en esos días en los que vemos y sentimos que nuestra vida empieza a apuntar hacia la dirección contraria.
Y no es para menos con esos humorcitos o sentimentalismos que nos atacan tiro por viaje, claro que todo el mundo corre. Empezando por esos blancos móviles en que convertimos sin querer a ese gentil y comprensivo hombre que permanece estoico en nuestras batallas. (Hablamos de los maridos beatos, claro está).
En esta etapa sentimos que nos volvemos lentas, que nuestro cuerpo como que quiere y no puede ante la frustración de ese marido que, él sí sabiamente, nos recuerda con calmo acento que va a tenerlo en cuenta y estar al tanto de que  para cocer a una gallina hacen falta tres hervores -también llamados caldos- porque no es lo mismo a estas alturas, y cumplirá su empresa como verdadero mártir de la causa. Lo que no podrá confesarnos es que por su parte requiere más que nunca arrancar motores mínimo con una inspiradora imagen de la chica del calendario de cualquier taller mecánico, principalmente por sus poderes terapéuticos para el calentamiento.
Pero bueno, una termina por aceptar su condición y tiene que apresurarse a consultar a un especialista que tendrá mucha o poca delicadeza para indicarle a una que los huesos tienden a desaparecer, que no es que la edad sea problema pero por eso las uñas son quebradizas y que más vale que para la intimidad consideremos al gel lubricante como gasto fijo. Nos pondrá a batallar con la danza de las hormonas en cualquiera de sus novedosas modalidades y terminaremos confundidas pensando que, o estamos experimentando nuevamente la pubertad con esos deseos incontenibles, o han desaparecido los problemas en el mundo.
Por otro lado, está la cuestión alemana de la memoria. Sencillamente se nos esconde ante la conmoción generalizada y la propia. Nos hemos enterado de que hay que ejercitar las neuronas y comenzamos a hacer tardeadas para jugar cartas aunque sea.
            Naturalmente el marido no recordará que a él también se le olvidan las cosas o las confunde, el pobre a veces cree que somos Fulanita o parece que pensara que somos unas jovencitas por la manera en que nos habla. Demencia pre senil, seguramente, pobre hombre. También se vuelve tan solidario que comienza a teñirse las canas para acompañarnos en esos menesteres de disimular que disimulamos la edad. Por nuestra parte, nosotras buscamos en las amigas las recetas de las mejores dietas o cremas, trampas para arrugas y ropa interior que levante y disimule.
            Total, ya decía al principio que cuando a una la agarra esta edad, que Dios agarre confesados a los que nos rodean, porque los encontramos culpables de cualquier cosa o de ninguna, según mande la hormona. Vagarán por la casa confundidos los callados maridos o los azorados hijos a causa de nuestro humor.
            Ah, pero si  creen que eso es todo, prepárense: ¡encima hay que escribirlo. Y además, leerlo en público!



martes, 8 de diciembre de 2015

La pesadilla de la enfermedad

Mi hermana quedó mal de la anterior intervención quirúrgica que le hicieron, y ahora tendrá que ser operada nuevamente, esta vez en La Raza, para intentar corregir lo que hicieron mal en el hospital donde estuvo antes, también del Seguro Social.
La operación puede durar hasta seis horas, tendrán que hacer muchas cosas en el hígado, la vesícula y el intestino, del que van a retirar un tramo. Y todo de la nada, de una sencilla molestia por cálculos biliares ha pasado a esto que es una pesadilla.
Nosotros, toda su familia, tenemos miedo y preocupación, y también tenemos coraje. Porque no está bien que una persona deba cargar con semejantes consecuencias debido a la mala ejecución del trabajo de alguien más. Ya ocurrió antes con mi hermano la falta de humanidad de los médicos que, al verlo desahuciado, lo trataron sin consideración.
¿Y qué hacemos? ¿A dónde vamos, cómo nos quejamos? Vivimos en un país que bien podría ser el más corrupto del planeta, porque aunque no lo fuera, el resultado es el mismo para nosotros. Y digo nosotros refiriéndome a quienes no fomentamos el chanchullo o la mordida e intentamos una y otra vez hacer las cosas derechas.
Pero estamos desamparados, y eso no deja de ser amargo.

Por mi parte, aquí, a quienes me lean o dediquen unos momentos de su preciado tiempo, les pido una oración por la salud de mi hermana, una petición sincera y humilde  hacia el Creador para que todo salga bien y ella retome su vida como era.
Que Dios nos cobije y acompañe en estas horas por venir, en estos días que se aproximan con el cielo cargado de nubes oscuras. Que Dios permita que su lluvia limpie todo y se lo lleve dejándonos con fuerza para continuar con alegría, con agradecimiento, con humildad y amor nuestras vidas.

FIL DE GUADALAJARA 2015 Segunda entrega

Con la sala completamente abarrotada, y recordando que esta Feria se realiza en un espacio que equivale a 17 canchas de futbol, seguimos con las conferencias. Después del receso de las 12 del día, continuamos:


“La lectura en el S. XXI” José Gordon.

La verdad es que el presentador no dijo nada acerca de Gordon, excepto que es su gran admirador, y se notó.
En cuanto al conferencista, conocido por sus cápsulas de la serie Imaginantes de Televisa, se refirió a que tanto la ciencia como el arte son indispensables para ver el mundo con asombro, provocando des cubrimiento de los mapas que correlacionan los fragmentos del mundo.
En cuanto a sus minutos de Imaginantes, dice: “Destruimos al otro cuando somos incapaces de imaginarlo”. Opinó que nos encerramos en cajas perceptuales y no vemos lo de afuera, pero la literatura y la ciencia nos pueden sacar al exterior para romper los límites mediante ese “virus positivo del contagio de la imaginación”.

Después de proyectar algunas de esas cápsulas en la pantalla, Gordon relató algunas experiencias con chicos de secundaria que han tenido acceso a la lectura y por ende a la escritura. También se declaró fan de Fernando del Paso, homenajeado en la FIL, y de esa novela grandiosa Noticias del imperio, de donde leyó algún capítulo al que le hizo una que otra intervención.

Su exposición fue larga, recibió aviso para que terminara pero insistió en continuar, lo cual me causó pésima impresión porque imagino la cara de las organizadoras y de los conferencistas que le siguieron. Pero finalmente, Pepe Gordon es y se comporta como una estrella de televisión, qué podíamos esperar.

“La Ciencia es de todos”, Estrella Burgos y Juan Tonda

Juan Tonda nos indica que la principal razón para que los chicos lean ciencia es que debe haber una motivación, y un inicio importante para motivar es contar una historia, explicar con metáforas o anécdotas y provocar emoción en el lector. Comenta que no es suficiente sólo divulgar la ciencia, sino que ahora es necesario que los escritos sobre ciencia tengan calidad literaria.

En cuanto a los medios digitalizados, considera importante analizar sus fortalezas y debilidades, pues ahora se sabe que pueden provocar pérdida de capacidades de memoria y de concentración.

Estrella Burgos, por su parte, considera que la ciencia es de todos… o debería serlo, y que hay que promover su lectura porque es lo único que nos da esperanza. Compartió con nosotros que documentar procesos del descubrimiento provoca interés, el lector  puede distinguir entre ciencia y lo que no lo es, y se promueve el pensamiento crítico. “Si tuviéramos pensamiento crítico, antes de votar por cualquier candidato pediríamos pruebas de lo que ha hecho”, dijo.

Mencionó la revista “¿Cómo ves?”, de divulgación científica, amena y para todas las edades. Dijo que “Las buenas historias en la ciencia hacen una promesa”.

Para terminar recomendó una pequeña lista de libros que comparto:
“Una aventura de sexo y ciencia”, Pere Estupinyá. “La emoción de descubrir”, de Lawrence Krumenaker. “Las tentciones de editar nuestro genoma”, de Miguel Ángel Ceballos. “Cien años de la teoría general de la relatividad”, de Sergio de Régules, y desde luego, para los chicos, “El libro de las cochinadas”, de Juan Tonda y Julieta Fierro.

“Divulgar la luz de la ciencia”, Julieta Fierro

Seguramente muchos habrán escuchado sus programas o entrevistas en radio o habrán tenido la fortuna de presenciar alguna conferencia de esta científica. Su pasión por la ciencia y su divulgación la llevan a envolver a su público en ese interés, y antes de que una se dé cuenta ya está envuelta en algún experimento. Sube y baja del escenario, se dirige a algunas personas o las cambia de lugar, reparte cosas, se trepa en la mesa de las presentaciones y así mientras relata lo difícil que es leer, por ejemplo.
Explica que la constitución de nuestro cerebro hace que sea indispensable escuchar el sonido del fonema, para luego escribirlo, así que debe asociarse el sonido a la forma y debe conocerse y entenderse el significado del símbolo.

Comentó que por eso es aconsejable incluir imágenes en los textos, y sugirió que hay que descansar a los niños después de leer, y después de leer ciencia.

Hizo una dinámica en la que repartió muchos clips entre el público, retándolo a que creara algo con eso. Anteojos, ganchos para la ropa de Barbie, motocicletas, corazones, broches para el pelo, aretes… concluyendo que todas las personas podemos ser creativas, si nos proponemos inventar, y deberíamos hacerlo siquiera cada semana.

Señaló que es importante publicar “ciencia para mujeres” porque “la lectura equivale a tener una mamá con maestría”, refiriéndose al hecho de que los hijos de madres con maestría tienen mejores calificaciones.