martes, 17 de octubre de 2017

Reflexiones de madrugada

Estoy aquí. Sigo de pie, agotada pero firme, sé que sigo creciendo y que voy a continuar mientras respire. No estoy sola, hace mucho que dejé de estar sola y agradezco infinitamente darme cuenta. No me rindo aunque a veces lo intente.

viernes, 7 de julio de 2017

Madrugada sin sueño

Despierto sin abrir los ojos. Miedo, caos y belleza: revolturas en la panza bajo el mismo sol. En las cercanías revolotean los pájaros con trinos ajenos al delito de las balas que retumban al fondo de no sé qué calle, de no sé mundo, de no sé vida...
Las amorosas ramas de los árboles mecen los nidos de las aves que a veces alguna mano oscura mata con pedradas sin esperar siquiera a que la noche oculte su felonía.
Ya nada es causa de vergüenza, nos despertamos para seguir el viaje que no tiene sentido, sin tiempo para un respiro que permita pensar y darnos cuenta.
En algún punto hay una flor despertando al aire que la mata sin que pueda desplegar todos sus pétalos, nadie sabrá de su color y su aroma, cualquier zapato pisará la imprecisa huella de la arrancadura, será olvido, cifra, cosa que no ha existido.
En tanto la mañana sigue apuntando hacia el sol, las ciudades levantan sus gases matutinos, comienzan ruidos de gente que camina o corre, se traslada o huye bajo una prisa sin sentido hacia otro día incierto preñado de agitación y de miedo.
Los gritos de los locos comienzan sus mensajes cifrados para que no entendamos de qué manera nos van a tender el miedo sobre las cabezas o las casas, nos robarán el aliento y si tenemos suerte, van a dejarnos vivir cada día más, una mano adelante y otra detrás por no hacer caso de esos gritos, por no querer entender las amenazas, pasamos de largo como si haciéndonos de lado se conjurara el maleficio que es ineludible.

Y cantó el gallo para que recordemos el humo de la leña en aquel tiempo cuando las plantas y la gente amanecían con el sereno,  el húmedo perfume de la noche.
Un poco de silencio, los perros distraídos han detenido un momento los hocicos feroces, un pedazo de nube asoma tímido y hermoso por el cielo que luminosamente viste su traje azul.
¡Entonces no pasa nada! ahí están el sol y el cielo, detrás de la colina espera el mar y nos da tentación la belleza de la vida, escondemos el miedo, desenterramos la fuerza y la esperanza, aspiramos el aire lleno de humedad y sal como si respiráramos las nubes, levantamos trabajosamente el pecho y decidimos apostarle a nuestro día para que transcurra en paz.

jueves, 15 de junio de 2017

Debuta promotora cultural en Ensenada

Hace mucho tiempo que no hago una entrevista pero ahora la curiosidad me llevó a hacerlo con una joven periodista interesada en el pulso cultural de nuestra ciudad, y sobre todo en buscar la manera de contribuir para que estas actividades se vean enriquecidas con el conocimiento de quienes, en otros lados, han sembrado un camino sólido y reconocido. En su primera aportación, sus esfuerzos se enfocaron en invitar al escritor, musicólogo y periodista Hugo García Michel, conocido en el oficio periodístico como uno de los más destacados críticos del rock mexicano.
Colabora en el suplemento Palabra de periódico El Vigía con la columna Gato Encerrado (temas musicales), en Milenio Diario con las columnas “Cámara húngara” (de temas políticos) y “Gajes del orificio” (de temas musicales), además de escribir diversos artículos, sobre todo culturales, para diferentes secciones y suplementos del mismo periódico) y en las revistas Nexos, Marvin y Este país. También coordina “Acordes y desacordes”, el sitio de música de la revista Nexos, y escribe los blogs El rojo y el negro y Gajes del orificio (y otros hoyos).

En sus propias palabras, Estefanía Ibáñez, ahora convertida en promotora cultural además de periodista, dice: “Mi motivación es brindar a los ciudadanos y artistas de Ensenada una propuesta más que pueda incrementar su conocimiento en las áreas de literatura música y periodismo, porque la ciudad y sus habitantes merecen actividades de ese perfil.

A través de trabajo de calidad del expositor, el público interesado puede adquirir información pero también es válido compartir y crear un diálogo con él. Es una gran oportunidad de conocer más de estas tres disciplinas".

Por medio de la charla "Periodismo Cultural", que se llevará a cabo el jueves 22 de junio a las 13:00 horas, García Michel reforzará con periodistas de la región elementos de análisis y criterios para incrementar el conocimiento del oficio. 
A través del taller “Historia crítica del rock mexicano” que se realizará a las 19:00 horas el mismo jueves, comparará la historia del rock internacional y el rock de México, para distinguir las semejanzas entre ambos, así como para dilucidar las fallas del rock nacional. 
El viernes 23 a las 19:00 horas será la presentación de su novela Emiliano, un relato histórico novelado que será presentada por el periodista Gerardo Sánchez García y quien suscribe. (Adelanto que la novela se lee de un solo tirón cómodamente).

El evento es realizado con el apoyo de  La Covacha Colectivo y del Instituto de Cultura de Baja California (ICBC).
Apoyan también patrocionadores Café Italia, El Vigía, La Ruta VCC, elStudio, Navajo Records y amigos.

Personalmente me alienta mucho ver a esta joven ocupada no sólo en enriquecer sus propios conocimientos sino en compartirlos, ya se sabe que siempre abogo por crear comunidad y ésta es una excelente manera de hacerlo. Con todo lo difícil que resulta por razones que ya conocemos, le deseo a Estefanía Ibáñez un feliz debut en su nueva tarea de enriquecer nuestra cultura local.


miércoles, 14 de junio de 2017

Negro el panorama

Una pesadez me oprime el pecho y el aire es insuficiente, suspiro a cada rato. Me aturde un desgano que me provoca dormir, dormir mucho y no pensar. No es como cuando el dolor o la tristeza. Este desasosiego es más denso, viene con una gran desesperanza que impide pensar en que haya luz en alguna parte y acaba con el cada vez más pequeño y débil optimismo que ha sido parte mía toda la vida. Suspiro. Es decir, respiro hondo porque quiero sacudir el peso de la angustia que provoca sentir miedo.
No estoy acostumbrada, es una sensación desagradable que siempre traté de evitar en cuanto estuvo en mis manos hacerlo. Sentirme amenazada ha provocado que la sensación me agote.
Sí, entiendo de alguna manera que afuera está el sol, que hay miles de ojos contemplando el atardecer, que hay niños en los parques, que la alegría no ha muerto. Pero no aquí, adentro de estas cuatro paredes con ventanas selladas porque ni siquiera se puede salir al patio trasero de la casa, hay que cuidarse de no ser vista, los vigilantes acechan con paciencia y están listos para hacer alguna de las suyas al menor descuido. Ésta es también una casa tomada.
Al porche de la entrada ya se han colado varias veces a robar. Aún así todavía me sentía segura, "a la casa no pueden entrar". Luego, cuando robaron cosas del patio sin que pueda yo entender todavía cómo entraron y salieron, me inquieté pero seguí pensando que a la casa no entraban. Hasta que se robaron de mi recámara mi laptop. ¡Ultraje! me dejan sin mi herramienta de trabajo y contacto con parte de mi mundo, sin parte de mi memoria. Me dejan con una sensación de vulnerabilidad muy lastimosa.
Siento una inmensa pena por ellos, pero me desespera su cinismo de "buenas tardes profe" cada vez que salgo a la calle o cuando vienen a pedirme alguna cosa, como si no pasara nada o como si yo no supiera que son ellos, mis vecinos indeseables, los que me causan los males.
Así que me sofoco, el aire no me alcanza, el corazón me hace como tacatán y en general me siento encerrada bajo una plancha de plomo. Por primera vez no sé qué hacer, no sé cómo quitarme eso de encima y sentirme de nuevo dispuesta a ondear mi bandera de optimismo a ultranza.

De los sueños, de los riesgos...

Desde ese otro mundo en el que vivo, el de los sueños, escribo:

Llegamos a las afueras de la ranchería buscado la casa en donde se nos instruyó trabajar. Mis dos compañeros abrieron cautelosamente la puerta de la casona que parecía abandonada y entramos. Fuera de unas mesas de trabajo y pocas sillas, no había muebles.
En la parte trasera hallaron un difunto. Al hombre que tuvo ese cuerpo lo habían ultimado a cuchillo, según dijeron, y  yo no quise acercarme. Ellos se dispusieron a levantar evidencias y yo me alejé de ese patio trasero para subir por una rampa del terreno hacia la azotea de la casa, que tenía el techo bajo.
El paisaje semi árido era agradable y silencioso. De pronto me sentí cansada y me recosté mirando en el cielo unos jirones de nube. Me cubrí las piernas con el suéter y estaba dormitando cuando un compañero me tocó el hombro diciéndome que habían llegado Mariana y los otros. Bajamos, los encontramos ya dispuestos en las mesas haciendo su trabajo. Noté que todos hablaban en voz queda. Parece que en otras zonas de la casa había más gente, por eso debíamos ser precavidos.
Uno de los compañeros con quienes llegué se dispuso a escribir el artículo que esperábamos fuera de alto impacto para la causa. Era el mayor de todos nosotros y su reputación garantizaba el éxito del escrito. Noté cómo le brillaban las ganas de escribir lo que pensaba en sus ojos pequeños y pensé que era un hombre admirable, su entrega era ilimitada.
Cada uno se dispuso a hacer su tarea, recogiendo todo minuciosamente al terminar. Se fueron retirando de a poco y al final quedamos nosotros.
El otro compañero de los que fueron conmigo se subió a su vocho, lo encendió y y enfiló hacia las olas del mar que estaba a unos cuantos metros. Mientras lo observaba disfrutando como un niño con su mascota entre las olas, me dio una gran ternura ver cómo esos hombres recios, dispuestos a todo, conservaban esos rasgos infantiles que ante mis ojos los hacían más humanos, más semejantes. Ahora Carlos también estaba entre las olas con su viejo auto azul.
Mientras los veo divertidos en el agua con las olas bañando sus corazas móviles me pregunto si de verdad valdrá la pena lo que hacemos, lo que nos arriesgamos, y antes de responderme, quizá por defensa propia me despierto.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Gajes del tejido

Aunque pudiera sospecharlo, la verdad es que no creo que ella se haya tomado el trabajo de elaborar la idea de molestarme. Aparentemente estaba de lo más tranquila mientras yo seguía muy concentrada intentando dominar una nueva puntada para mi tejido. No soy experta, esas vueltas y recovecos de las cadenetas me suenan lejanamente familiares pero ya desde niña cuando intenté formar alguna cosa identificable en el tejido, quedaba todo chueco, las piñas de las carpetas parecían enfermas por lo torcidas o disparejas y los puntos de pronto ya no eran suficientes para tejer otro motivo o de plano me sobraban.
Así que ella sabe que si estoy muy callada, estoy concentrada y no debería distraerme. De modo que se acomodó en su silla y según yo, intentaba dormir.

Justo al llegar a la última vuelta del motivo de abanicos, donde tenía que concentrarme más porque el remate tiene cambios, se atoró el hilo. Nada fuera de lo normal, ocurre a cada rato y tiene una que andar desatorando la hebra de donde quiera que se hubiera quedado trabada. Pero lo que vi a continuación me dejó sin aliento, completamente con la boca abierta: ahí estaba mi hermosa madeja en el piso, dividida en no sé cuántos tramos enredados intermitentemente por los alrededores de las sillas y otros muebles, e iba a parar directamente a ella, el hilo enredado en sus extremidades la delató sin problema por más que fingiera dormitar.

Es la primera vez que  se nota preocupada porque -ahora sé- no tuvo la culpa de lo que hizo: quiso bajar de su silla y tropezó con mi bola de estambre caída en el piso. Aparentemente sus patas traseras hicieron un recorrido que el hilo no le permitió continuar y regresó a su silla tranquilamente -ella jamás se estresa-. Bambi tenía cara de "no fue mi intención", la conozco bien con esa mirada desviada que indica "no sé de lo que estás hablando pero yo no fui" y poniendo su cara de perfil, sin levantar las orejas como cuando presta atención.

Ni siquiera pude caer en la desesperación, en realidad el accidente nos afectó a las dos y considerando mis recientes lecturas sobre el funcionamiento del cerebro, decidí que desenredar esos espantosos remedos de telaraña le harían bien a mis neuronas y cuando me di cuenta ya había deshecho la maraña.


Definitivamente ha aumentado el valor que ya tenía la prenda que me voy tejiendo.

jueves, 23 de febrero de 2017

Una equivocación

Hacía mucho que no veía a mi tía Tere y por eso me alegra tanto que esté aquí en casa ahora. Voy sacando las cartas que tenía guardadas en cajas, y nos ponemos a recordar las de aquella época tristísima que leíamos juntas y llorando, me acuerdo vivamente del dolor que me laceraba y vuelvo a tener un vuelco en el corazón al recordarlo.
Mi tía y yo nos miramos sabiendo que ya pasó y estoy sana pero nos abrazamos igual que en aquel tiempo. Su cabello rojo hasta la cintura la sigue haciendo verse hermosa como entonces.
Vámonos a buscar lo que necesitas, me dice mientras se alista y salimos. Caminamos por calles llenas de hermosos edificios coloniales hasta llegar a una cuchilla cuyo pico es una taquilla de entrada al edificio famoso que tiene las paredes llenas de murales. ¿Quieres visitarlo? le digo. Ahora no, lo que necesitamos es saber en dónde tienes que hacer tu trámite. Me acerco a preguntar en la taquilla y resulta que es aquí. Entonces sí mi tía puede ir a recorrer los murales.
El hombre solicita mis datos y número de matrícula para ver si estoy en el listado de los aprobados. "No aparece, ese número no existe". Yo con cara de what. Lo repito para que lo verifique, se tarda un poco. Ya sé lo que pasa -me dice- usted solicitó una beca artística pero está en la facultad de psicología y no se la pueden dar.
La noticia me hace despertar de malas y con el corazón apachurrado.