martes, 28 de noviembre de 2017

El homenaje del pintor

En la reunión hay pura fauna local hippie, departiendo; somos bastantes pero cabemos bien en casa. Hace años somos amigos, nos encanta estar juntos y pasar tardes charlando, comiendo y bebiendo. Hoy alguien comentó que uno de nuestros amigos, el pintor, tendrá una despedida en el centro de cultura porque se marcha de la ciudad, de modo que salimos de la casa para dirigirnos a su homenaje.
Vino algo de gente, todo el mundo conoce al artista. Me gusta este espacio de aspecto rural con su olor a madera. Entre el público se encuentra este hombre alto que me presentaron en la casa, con sus dos hijos pelirrojos, igual de serios que él, con su mismo aspecto frágil. El niño mayor –de unos diez años- me platica que está triste porque se marchan a otro lugar y no quiere irse. Disimula una lágrima y su desesperación.  Le digo que puede contarme lo que sea, que me encantará escucharlo. Le pregunto su edad y me dice que tiene 21 años. Sonreímos y lo abrazo pero esto provoca su llanto. Le digo que puedo ayudarlo si me cuenta y entonces relata que sus padres se están separando y por eso ellos se irán con su padre. Intento que me diga más y le digo que soy psicóloga y puedo ayudarlo pero al tiempo de decirlo me arrepiento porque nadie quiere hablar con un psicólogo...
Mientras tanto en el escenario nuestro amigo pintor está dibujando en una pared negra con gis: retrata a todos los presentes como si los viera desde un lado de manera que sólo dibuja los perfiles. Entre los presentes se murmura que se va porque a su edad, ha embarazado a una chica prácticamente adolescente  y se van juntos quién sabe a dónde. Nos preocupa, su vida siempre ha sido precaria y ha precisado de los amigos.
El papá de los niños se acerca y besa el dibujo que me representa diciendo que soy muy buena. No sé qué decir pero entra en la escena una joven en silla de ruedas vestida como si fuera a representar alguna obra y todos sabemos que es sorda. Una muchacha le dice a gritos por dónde deben dirigir su silla de ruedas para que acceda al escenario y ella se levanta su blusa indicando un aparato: "Con esto oigo perfectamente", le dice mientras nosotros la vemos con cara de "dice que no le estés gritando". Y justo alguien grita que ya es hora y sale otra joven completamente embarazada con el vientre expuesto como bailarina y una armazón alrededor de su  pronunciado estómago. Me hace pensar en un circo.
  El papá de los niños se me acerca y me toma de la mano para que salgamos. No sé lo que pretende pero es respetuoso y callado, aunque de todos modos, prefiero no conocer sus intenciones y despierto.







martes, 21 de noviembre de 2017

Antro de las maravillas

Entré al lugar porque no había podido asistir a su reciente inauguración, sabía que era muy visitado.

Al subir la escalera de caracol tuve que regresar del tercer piso porque hay dos hombres haciendo el amor a pesar de la incomodidad y de las miradas de los visitantes. Yo tengo que llegar al cuarto piso así que entro a uno de los salones para ver por dónde puedo subir.
Encuentro un salón adornado todo con herrería, pequeños barandales cubiertos de enredadera conforman espacios íntimos. Hay profusión de flores color azul pálido y sin duda la vajilla indica que ese espacio es para gente exquisita. Pregunto por dónde subir y me remiten a la escalera de caracol a la que no quiero volver.
Ya que ando visitando este espacio me doy cuenta de que es más grande y diverso de lo que parece. En este otro salón el ambiente cambia notablemente, el piso es de mosaico dominó, todo es en lustroso blanco y negro excepto ese espacio con unos labios rojos pintados que es un despachador de vino: se le ponen monedas y una copa y sirve al tiempo que suena una musiquita y en la pared del fondo se proyectan unos cortos, lo que no entiendo es que son para niños.
Sigo buscando llegar al cuarto piso. He dejado de averiguar en cuál estoy. Ahora me encuentro un patio con árboles, todo lo que exhiben aquí es muy masculino y monótono, parece hecho de mezclilla azul claro.
El siguiente espacio es como una repostería. En el mostrador del centro exhiben panes y pastelillos junto con lo que ha de ser la "creación de la casa" que parecen espaguetis escurriendo.  De pronto de la puerta del fondo sale un desfile de panes vivientes bailando graciosamente canciones de Cri Cri, me figuro que este salón apenas lo están inaugurando.
He visto ya muchas cosas, creo que prefiero marcharme pero tengo sed. Entro en un salón bar con mucha gente y encuentro lugar donde hay un grupo. Conversamos acerca de la carrera de ciertos actores y actrices reconocidos cuando llega una pareja que todos conocen. Se saludan y cuando el hombre me ve, pregunta con sarcasmo agresivo qué hago ahí mientras mi novio anda muy bien acompañado en otro piso. Entonces recuerdo que tenía que llamarle y recojo el teléfono de la mesa mientras me dispongo a retirarme y alcanzo a escuchar que el grupo reclama al fulano su falta de respeto.

Mi auto está justo enfrente, en cuanto entre llamo para hablar tranquila... pero ¡el teléfono no es el mío! sólo es del mismo color y no tengo idea a quién pertenezca, quizá al señor que estaba sentado junto a mí. Abro la cubierta del aparato para intentar averiguar a quién le pertenece y pulso la tecla que tiene una llamativa Z roja. Contesta una voz muy sensual indicando que deje recado en el buzón y cuelgo.

La búsqueda será pesada si debo volver a pasar por todos esos sitios, de modo que decido despertar.

La compra de las verduras

Busco verduras para llevar a casa, voy montada en la bici por una gran avenida y tengo que pasarme a un carril más alto. Creo que por el esfuerzo la cadena de la bici se salió, pero no estoy segura porque jamás me traslado por este medio y además sigue rodando.
De cualquier modo, llego a mi destino: en esa casa venden muy buenos productos.
Una vez seleccionada mi compra, me doy cuenta de que no tengo manera de llevarla, mi bici no tiene canastilla y dudo poder llevar la mercancía colgando de una mano como lo hace el señor que está a punto de salir.
Ante tal dificultad prefiero despertar.

martes, 24 de octubre de 2017

Cuando tiembla de nuevo

Días y semanas pesados desde la trágica coincidencia del 19 de septiembre en la Ciudad de México. Ahora, a tres mil quinientos kilómetros de distancia, me sacudo con el terremoto. Derrumbes de edificios, de casas, de vidas. Vienen las memorias del 85, aquel silencio denso en Catedral y en el Zócalo por días enteros, la plancha llena de casas de campaña para alojar los cuerpos rescatados, el acceso únicamente con un pase del ejército, las paredes de mi oficina apuntaladas, nada de electricidad, todos con cubrebocas como si protegieran del olor de la muerte de los alrededores.
El albergue se más llenaba más de miedo por las noches, las familias dormían hechas nudo y tomadas de la mano. Ahí el silencio me vistió por muchos días, mi garganta recuperó su función en el momento en que fueron rescatados los recién nacidos que provocaron el llanto que lavó las costras de mi voz.
Ahora supimos más pronto de lo que acontecía, no hubo tantas víctimas como en 85 pero lo que se replicó fue el gesto, la generosidad de ver por los demás, de acudir sin cuestionar a dar ayuda, a llevar lo necesario: abrazos, despensas, manos, medicamentos, ropa. Pero sobre todo mucho corazón. Se movió piedra por piedra para rescatar gentes o cuerpos, se saturaron de apoyos los albergues. Y lo que siempre supe y anduve predicando cobró vida: los mexicanos somos un pueblo grande. Ahora todos nos vieron, no es mi chabacanería mexicanista que algunos señalaban. Siempre supe y constaté que así somos, que nuestra generosidad no tiene límites.
Qué reconfortante verme en todos esos rostros con nuestras manos juntas, desde todos los puntos extendiendo abrazos. Me nutro con las emociones encontradas para seguir cuidando semillas de esperanza, veo  que germinan y dan fruto en su momento.
Difíciles y largos días que aún no terminan.
Una vez más seguimos aquí de pie, cielito lindo en el corazón.

martes, 17 de octubre de 2017

Reflexiones de madrugada

Estoy aquí. Sigo de pie, agotada pero firme, sé que sigo creciendo y que voy a continuar mientras respire. No estoy sola, hace mucho que dejé de estar sola y agradezco infinitamente darme cuenta. No me rindo aunque a veces lo intente.

viernes, 7 de julio de 2017

Madrugada sin sueño

Despierto sin abrir los ojos. Miedo, caos y belleza: revolturas en la panza bajo el mismo sol. En las cercanías revolotean los pájaros con trinos ajenos al delito de las balas que retumban al fondo de no sé qué calle, de no sé mundo, de no sé vida...
Las amorosas ramas de los árboles mecen los nidos de las aves que a veces alguna mano oscura mata con pedradas sin esperar siquiera a que la noche oculte su felonía.
Ya nada es causa de vergüenza, nos despertamos para seguir el viaje que no tiene sentido, sin tiempo para un respiro que permita pensar y darnos cuenta.
En algún punto hay una flor despertando al aire que la mata sin que pueda desplegar todos sus pétalos, nadie sabrá de su color y su aroma, cualquier zapato pisará la imprecisa huella de la arrancadura, será olvido, cifra, cosa que no ha existido.
En tanto la mañana sigue apuntando hacia el sol, las ciudades levantan sus gases matutinos, comienzan ruidos de gente que camina o corre, se traslada o huye bajo una prisa sin sentido hacia otro día incierto preñado de agitación y de miedo.
Los gritos de los locos comienzan sus mensajes cifrados para que no entendamos de qué manera nos van a tender el miedo sobre las cabezas o las casas, nos robarán el aliento y si tenemos suerte, van a dejarnos vivir cada día más, una mano adelante y otra detrás por no hacer caso de esos gritos, por no querer entender las amenazas, pasamos de largo como si haciéndonos de lado se conjurara el maleficio que es ineludible.

Y cantó el gallo para que recordemos el humo de la leña en aquel tiempo cuando las plantas y la gente amanecían con el sereno,  el húmedo perfume de la noche.
Un poco de silencio, los perros distraídos han detenido un momento los hocicos feroces, un pedazo de nube asoma tímido y hermoso por el cielo que luminosamente viste su traje azul.
¡Entonces no pasa nada! ahí están el sol y el cielo, detrás de la colina espera el mar y nos da tentación la belleza de la vida, escondemos el miedo, desenterramos la fuerza y la esperanza, aspiramos el aire lleno de humedad y sal como si respiráramos las nubes, levantamos trabajosamente el pecho y decidimos apostarle a nuestro día para que transcurra en paz.

jueves, 15 de junio de 2017

Debuta promotora cultural en Ensenada

Hace mucho tiempo que no hago una entrevista pero ahora la curiosidad me llevó a hacerlo con una joven periodista interesada en el pulso cultural de nuestra ciudad, y sobre todo en buscar la manera de contribuir para que estas actividades se vean enriquecidas con el conocimiento de quienes, en otros lados, han sembrado un camino sólido y reconocido. En su primera aportación, sus esfuerzos se enfocaron en invitar al escritor, musicólogo y periodista Hugo García Michel, conocido en el oficio periodístico como uno de los más destacados críticos del rock mexicano.
Colabora en el suplemento Palabra de periódico El Vigía con la columna Gato Encerrado (temas musicales), en Milenio Diario con las columnas “Cámara húngara” (de temas políticos) y “Gajes del orificio” (de temas musicales), además de escribir diversos artículos, sobre todo culturales, para diferentes secciones y suplementos del mismo periódico) y en las revistas Nexos, Marvin y Este país. También coordina “Acordes y desacordes”, el sitio de música de la revista Nexos, y escribe los blogs El rojo y el negro y Gajes del orificio (y otros hoyos).

En sus propias palabras, Estefanía Ibáñez, ahora convertida en promotora cultural además de periodista, dice: “Mi motivación es brindar a los ciudadanos y artistas de Ensenada una propuesta más que pueda incrementar su conocimiento en las áreas de literatura música y periodismo, porque la ciudad y sus habitantes merecen actividades de ese perfil.

A través de trabajo de calidad del expositor, el público interesado puede adquirir información pero también es válido compartir y crear un diálogo con él. Es una gran oportunidad de conocer más de estas tres disciplinas".

Por medio de la charla "Periodismo Cultural", que se llevará a cabo el jueves 22 de junio a las 13:00 horas, García Michel reforzará con periodistas de la región elementos de análisis y criterios para incrementar el conocimiento del oficio. 
A través del taller “Historia crítica del rock mexicano” que se realizará a las 19:00 horas el mismo jueves, comparará la historia del rock internacional y el rock de México, para distinguir las semejanzas entre ambos, así como para dilucidar las fallas del rock nacional. 
El viernes 23 a las 19:00 horas será la presentación de su novela Emiliano, un relato histórico novelado que será presentada por el periodista Gerardo Sánchez García y quien suscribe. (Adelanto que la novela se lee de un solo tirón cómodamente).

El evento es realizado con el apoyo de  La Covacha Colectivo y del Instituto de Cultura de Baja California (ICBC).
Apoyan también patrocionadores Café Italia, El Vigía, La Ruta VCC, elStudio, Navajo Records y amigos.

Personalmente me alienta mucho ver a esta joven ocupada no sólo en enriquecer sus propios conocimientos sino en compartirlos, ya se sabe que siempre abogo por crear comunidad y ésta es una excelente manera de hacerlo. Con todo lo difícil que resulta por razones que ya conocemos, le deseo a Estefanía Ibáñez un feliz debut en su nueva tarea de enriquecer nuestra cultura local.