jueves, 15 de junio de 2017

Debuta promotora cultural en Ensenada

Hace mucho tiempo que no hago una entrevista pero ahora la curiosidad me llevó a hacerlo con una joven periodista interesada en el pulso cultural de nuestra ciudad, y sobre todo en buscar la manera de contribuir para que estas actividades se vean enriquecidas con el conocimiento de quienes, en otros lados, han sembrado un camino sólido y reconocido. En su primera aportación, sus esfuerzos se enfocaron en invitar al escritor, musicólogo y periodista Hugo García Michel, conocido en el oficio periodístico como uno de los más destacados críticos del rock mexicano.
Colabora en el suplemento Palabra de periódico El Vigía con la columna Gato Encerrado (temas musicales), en Milenio Diario con las columnas “Cámara húngara” (de temas políticos) y “Gajes del orificio” (de temas musicales), además de escribir diversos artículos, sobre todo culturales, para diferentes secciones y suplementos del mismo periódico) y en las revistas Nexos, Marvin y Este país. También coordina “Acordes y desacordes”, el sitio de música de la revista Nexos, y escribe los blogs El rojo y el negro y Gajes del orificio (y otros hoyos).

En sus propias palabras, Estefanía Ibáñez, ahora convertida en promotora cultural además de periodista, dice: “Mi motivación es brindar a los ciudadanos y artistas de Ensenada una propuesta más que pueda incrementar su conocimiento en las áreas de literatura música y periodismo, porque la ciudad y sus habitantes merecen actividades de ese perfil.

A través de trabajo de calidad del expositor, el público interesado puede adquirir información pero también es válido compartir y crear un diálogo con él. Es una gran oportunidad de conocer más de estas tres disciplinas".

Por medio de la charla "Periodismo Cultural", que se llevará a cabo el jueves 22 de junio a las 13:00 horas, García Michel reforzará con periodistas de la región elementos de análisis y criterios para incrementar el conocimiento del oficio. 
A través del taller “Historia crítica del rock mexicano” que se realizará a las 19:00 horas el mismo jueves, comparará la historia del rock internacional y el rock de México, para distinguir las semejanzas entre ambos, así como para dilucidar las fallas del rock nacional. 
El viernes 23 a las 19:00 horas será la presentación de su novela Emiliano, un relato histórico novelado que será presentada por el periodista Gerardo Sánchez García y quien suscribe. (Adelanto que la novela se lee de un solo tirón cómodamente).

El evento es realizado con el apoyo de  La Covacha Colectivo y del Instituto de Cultura de Baja California (ICBC).
Apoyan también patrocionadores Café Italia, El Vigía, La Ruta VCC, elStudio, Navajo Records y amigos.

Personalmente me alienta mucho ver a esta joven ocupada no sólo en enriquecer sus propios conocimientos sino en compartirlos, ya se sabe que siempre abogo por crear comunidad y ésta es una excelente manera de hacerlo. Con todo lo difícil que resulta por razones que ya conocemos, le deseo a Estefanía Ibáñez un feliz debut en su nueva tarea de enriquecer nuestra cultura local.


miércoles, 14 de junio de 2017

Negro el panorama

Una pesadez me oprime el pecho y el aire es insuficiente, suspiro a cada rato. Me aturde un desgano que me provoca dormir, dormir mucho y no pensar. No es como cuando el dolor o la tristeza. Este desasosiego es más denso, viene con una gran desesperanza que impide pensar en que haya luz en alguna parte y acaba con el cada vez más pequeño y débil optimismo que ha sido parte mía toda la vida. Suspiro. Es decir, respiro hondo porque quiero sacudir el peso de la angustia que provoca sentir miedo.
No estoy acostumbrada, es una sensación desagradable que siempre traté de evitar en cuanto estuvo en mis manos hacerlo. Sentirme amenazada ha provocado que la sensación me agote.
Sí, entiendo de alguna manera que afuera está el sol, que hay miles de ojos contemplando el atardecer, que hay niños en los parques, que la alegría no ha muerto. Pero no aquí, adentro de estas cuatro paredes con ventanas selladas porque ni siquiera se puede salir al patio trasero de la casa, hay que cuidarse de no ser vista, los vigilantes acechan con paciencia y están listos para hacer alguna de las suyas al menor descuido. Ésta es también una casa tomada.
Al porche de la entrada ya se han colado varias veces a robar. Aún así todavía me sentía segura, "a la casa no pueden entrar". Luego, cuando robaron cosas del patio sin que pueda yo entender todavía cómo entraron y salieron, me inquieté pero seguí pensando que a la casa no entraban. Hasta que se robaron de mi recámara mi laptop. ¡Ultraje! me dejan sin mi herramienta de trabajo y contacto con parte de mi mundo, sin parte de mi memoria. Me dejan con una sensación de vulnerabilidad muy lastimosa.
Siento una inmensa pena por ellos, pero me desespera su cinismo de "buenas tardes profe" cada vez que salgo a la calle o cuando vienen a pedirme alguna cosa, como si no pasara nada o como si yo no supiera que son ellos, mis vecinos indeseables, los que me causan los males.
Así que me sofoco, el aire no me alcanza, el corazón me hace como tacatán y en general me siento encerrada bajo una plancha de plomo. Por primera vez no sé qué hacer, no sé cómo quitarme eso de encima y sentirme de nuevo dispuesta a ondear mi bandera de optimismo a ultranza.

De los sueños, de los riesgos...

Desde ese otro mundo en el que vivo, el de los sueños, escribo:

Llegamos a las afueras de la ranchería buscado la casa en donde se nos instruyó trabajar. Mis dos compañeros abrieron cautelosamente la puerta de la casona que parecía abandonada y entramos. Fuera de unas mesas de trabajo y pocas sillas, no había muebles.
En la parte trasera hallaron un difunto. Al hombre que tuvo ese cuerpo lo habían ultimado a cuchillo, según dijeron, y  yo no quise acercarme. Ellos se dispusieron a levantar evidencias y yo me alejé de ese patio trasero para subir por una rampa del terreno hacia la azotea de la casa, que tenía el techo bajo.
El paisaje semi árido era agradable y silencioso. De pronto me sentí cansada y me recosté mirando en el cielo unos jirones de nube. Me cubrí las piernas con el suéter y estaba dormitando cuando un compañero me tocó el hombro diciéndome que habían llegado Mariana y los otros. Bajamos, los encontramos ya dispuestos en las mesas haciendo su trabajo. Noté que todos hablaban en voz queda. Parece que en otras zonas de la casa había más gente, por eso debíamos ser precavidos.
Uno de los compañeros con quienes llegué se dispuso a escribir el artículo que esperábamos fuera de alto impacto para la causa. Era el mayor de todos nosotros y su reputación garantizaba el éxito del escrito. Noté cómo le brillaban las ganas de escribir lo que pensaba en sus ojos pequeños y pensé que era un hombre admirable, su entrega era ilimitada.
Cada uno se dispuso a hacer su tarea, recogiendo todo minuciosamente al terminar. Se fueron retirando de a poco y al final quedamos nosotros.
El otro compañero de los que fueron conmigo se subió a su vocho, lo encendió y y enfiló hacia las olas del mar que estaba a unos cuantos metros. Mientras lo observaba disfrutando como un niño con su mascota entre las olas, me dio una gran ternura ver cómo esos hombres recios, dispuestos a todo, conservaban esos rasgos infantiles que ante mis ojos los hacían más humanos, más semejantes. Ahora Carlos también estaba entre las olas con su viejo auto azul.
Mientras los veo divertidos en el agua con las olas bañando sus corazas móviles me pregunto si de verdad valdrá la pena lo que hacemos, lo que nos arriesgamos, y antes de responderme, quizá por defensa propia me despierto.