miércoles, 15 de marzo de 2017

Gajes del tejido

Aunque pudiera sospecharlo, la verdad es que no creo que ella se haya tomado el trabajo de elaborar la idea de molestarme. Aparentemente estaba de lo más tranquila mientras yo seguía muy concentrada intentando dominar una nueva puntada para mi tejido. No soy experta, esas vueltas y recovecos de las cadenetas me suenan lejanamente familiares pero ya desde niña cuando intenté formar alguna cosa identificable en el tejido, quedaba todo chueco, las piñas de las carpetas parecían enfermas por lo torcidas o disparejas y los puntos de pronto ya no eran suficientes para tejer otro motivo o de plano me sobraban.
Así que ella sabe que si estoy muy callada, estoy concentrada y no debería distraerme. De modo que se acomodó en su silla y según yo, intentaba dormir.

Justo al llegar a la última vuelta del motivo de abanicos, donde tenía que concentrarme más porque el remate tiene cambios, se atoró el hilo. Nada fuera de lo normal, ocurre a cada rato y tiene una que andar desatorando la hebra de donde quiera que se hubiera quedado trabada. Pero lo que vi a continuación me dejó sin aliento, completamente con la boca abierta: ahí estaba mi hermosa madeja en el piso, dividida en no sé cuántos tramos enredados intermitentemente por los alrededores de las sillas y otros muebles, e iba a parar directamente a ella, el hilo enredado en sus extremidades la delató sin problema por más que fingiera dormitar.

Es la primera vez que  se nota preocupada porque -ahora sé- no tuvo la culpa de lo que hizo: quiso bajar de su silla y tropezó con mi bola de estambre caída en el piso. Aparentemente sus patas traseras hicieron un recorrido que el hilo no le permitió continuar y regresó a su silla tranquilamente -ella jamás se estresa-. Bambi tenía cara de "no fue mi intención", la conozco bien con esa mirada desviada que indica "no sé de lo que estás hablando pero yo no fui" y poniendo su cara de perfil, sin levantar las orejas como cuando presta atención.

Ni siquiera pude caer en la desesperación, en realidad el accidente nos afectó a las dos y considerando mis recientes lecturas sobre el funcionamiento del cerebro, decidí que desenredar esos espantosos remedos de telaraña le harían bien a mis neuronas y cuando me di cuenta ya había deshecho la maraña.


Definitivamente ha aumentado el valor que ya tenía la prenda que me voy tejiendo.

jueves, 23 de febrero de 2017

Una equivocación

Hacía mucho que no veía a mi tía Tere y por eso me alegra tanto que esté aquí en casa ahora. Voy sacando las cartas que tenía guardadas en cajas, y nos ponemos a recordar las de aquella época tristísima que leíamos juntas y llorando, me acuerdo vivamente del dolor que me laceraba y vuelvo a tener un vuelco en el corazón al recordarlo.
Mi tía y yo nos miramos sabiendo que ya pasó y estoy sana pero nos abrazamos igual que en aquel tiempo. Su cabello rojo hasta la cintura la sigue haciendo verse hermosa como entonces.
Vámonos a buscar lo que necesitas, me dice mientras se alista y salimos. Caminamos por calles llenas de hermosos edificios coloniales hasta llegar a una cuchilla cuyo pico es una taquilla de entrada al edificio famoso que tiene las paredes llenas de murales. ¿Quieres visitarlo? le digo. Ahora no, lo que necesitamos es saber en dónde tienes que hacer tu trámite. Me acerco a preguntar en la taquilla y resulta que es aquí. Entonces sí mi tía puede ir a recorrer los murales.
El hombre solicita mis datos y número de matrícula para ver si estoy en el listado de los aprobados. "No aparece, ese número no existe". Yo con cara de what. Lo repito para que lo verifique, se tarda un poco. Ya sé lo que pasa -me dice- usted solicitó una beca artística pero está en la facultad de psicología y no se la pueden dar.
La noticia me hace despertar de malas y con el corazón apachurrado.

sábado, 18 de febrero de 2017

Lo que me trajo la lluvia

Sí, la oscuridad -que toma su tiempo, dicen- tiende su velo sobre los restos de la tarde. Mi corazón arde, mis manos arden, arde mi imaginación. La música es el fuelle, pero las gotas que dejó la lluvia sobre el techo cayendo en mi patio son el pulso que me mueve las manos, ciegas y locas por crear.
Se me atraviesa la llave del sur que trajo una ave amiga, tan hermosa que todos habrán de verla.
Siguen la música y la lluvia, ya comienzan las manos a buscar los hilos que tejan las urdimbres de la llave, que borden las roturas de corazón, que impregnen con la noche las puntadas, ensartadas con la punta de una estrella.
Se teje y se borda así cada noche, cada latido, cada enloquecimiento, cada imaginación...

lunes, 30 de enero de 2017

Cadenas y punto atrás

Las lágrimas me borran las puntadas frágiles como el tiempo que vivimos, no sé si voy bordando un ala, un corazón o un pétalo.

En el recinto de la memoria se instaló la música de mis otras vidas, otros amores, con sus compases  eternamente jóvenes como este espacio que late aún con los recuerdos -dulces o sangrantes- y me llevan hacia allá, hacia el lugar en donde estoy bordando motivos diferentes, buscando lentamente los colores, con ojos inseguros y la mirada echada hacia adelante, escuchando los rumores de una soledad tristísima, desesperada por entender la trama de esos hilos.

Ahora suenan alegres amarillos, jugosos como besos; entran después las hebras-jacaranda con perfumes delicados de ausencias largas y queridas, de adioses que no deseamos y nos atravesaron la vida dejándonos creyendo que la luz no volvería. (No quiero que llegue el rojo, no sé si tengo fuerza. El negro no es color, no me preocupa).

Cadenas y punto atrás son las puntadas que me anudan, madejas verdes, rosas y naranjas para esperar los días que aún queden en mi bastidor. Aquí, en el recinto de mi corazón, la música está bordando mi pasado mientras las lágrimas me borran los contornos y se me enredan los hilos... yo quietamente escucho, convertida en ovillo.