lunes, 30 de mayo de 2016

Historias de terror: IMSS

HISTORIA 1
Los ancianos, él en silla de ruedas y ella con andador, son traídos por una amiga de la familia para ser atendidos en la clínica 7 de Tijuana, ya que la hija no puede cruzar desde San Diego pero paga los nueve mil pesos anuales para que ellos tengan derecho a atención. En el lugar no hay rampas para silla de ruedas y hay que batallar mucho para entrar al edificio.
Les piden llegar en ayuno, una persona de la clínica dijo previamente que los esperará con trámites adelantados y les cobra cien dólares. A las once de la mañana aparece, sin ningún trámite ni conocido para hacerlo. Al señor luego de horas lo dan de alta pero a su esposa no, "porque no hay evidencia de haber sido atendida antes ahí". Precisamente, porque cuando tuvo algún problema era una urgencia que no atendieron y se tuvo que ir a hospital particular.
En días previos, la señora tuvo un desvanecimiento en su casa, en San Diego, y la hija alarmada la condujo a un hospital donde la atendieron y regresaron a su casa. Esta semana recibió una factura por catorce mil dólares.

HISTORIA 2
El paciente fue internado en el IMSS porque de pronto no tenía plaquetas, según análisis de laboratorio recomendados por un médico del Dr. Simi consultado para evitar las interminables filas en el IMSS. Luego de permanecer un día y medio en urgencias, fue trasladado a medicina interna, en aislamiento por la baja de defensas. A partir de entonces recibió transfusiones y medicamentos sin que el médico diera un diagnóstico. Al cabo de diez días indicó "para mí que es el bazo, pero no voy a operar mientras no tengan los donadores de plaquetas". La hermana del paciente mencionó no saber nada sobre donadores de plaquetas, pues sólo habían pedido donadores de sangre. El médico le indicó a una de sus incondicionales estudiantes "a ver mija, explícale a la señora porque anda perdida", ante la rotunda e incomprensible carcajada de la palomilla de señoritas estudiantes que de todos modos no proporcionaron la información. Entonces, la mujer consultó con el médico si creía que el nuevo tratamiento de la noche anterior daría algún resultado. "Pues ni que fuera Walter Mercado para saberlo", volvió a intentar otro chiste fallido con el consiguiente estruendo de carcajadas de sus niñas, que eso sí, están aprendiendo de viva voz cómo humillar a los pacientes y familiares.

Mientras tanto, en el banco de sangre a donde deben acudir los donadores, los trámites provocan que el familiar del paciente deba ir a formarse a las dos de la mañana para alcanzar una de las 90 fichas que reparten diariamente a partir de las siete de la mañana, y para darlas se debe presentar la credencial de identificación del donador. Se le indica la hora -o día- en que deba presentarse a hacer la donación y al final, el resultado es que los donadores persistentes o verdaderamente interesados en concluir su tare altruista acuden al lugar hasta en tres ocasiones antes de que su preciado regalo sea aceptado, debidamente cumplimentado por la burocracia reinante e el IMSS.

REFLEXIÓN
Me pregunto en qué parte de los ires y venires de nuestros días se perdió por completo aquella vocación de médico que convertía en héroes admirados y respetados a esos seres que se desvelaban, que viajaban kilómetros bajo el sol o la lluvia para aliviar a sus pacientes, a los que pasan noches  actualizando sus conocimientos, a los que dan consuelo por medio de palabras de aliento al enfermo y su familia, a los que no importaba la condición económica de sus pacientes para que fueran atendidos...

Porque ahora se desvelan porque deben hacer miles de trámites, llenar papeles, escribir reportes, y el escaso tiempo que les deja todo eso lo reparten entre la gente que asustada o inquieta les pregunta y ellos consideran que preguntar es una ofensa, que su palabra debe de aceptarse sin chistar, que las preguntas denotan ignorancia, que no hay ninguna razón para tratar a los demás como si fueran semejantes, en qué se podrían asemejar a ellos, con su soberbia y sus barbas, esas pobres, pálidas, enfermas, angustiadas personas que guardan su silencio e impotencia entre los pliegues de un pañuelo, con tal de no provocar las represalias de ese dios, ese gigante corazón de piedra que tiene el poder de decidir sobre la vida o la muerte de un paciente.





sábado, 14 de mayo de 2016

La enfermedad

La enfermedad nos pone en jaque según su intensidad, variedad o gravedad. A veces creemos que nos toma por asalto pero al llegar al consultorio nos enteramos que en realidad no habíamos hecho caso de los síntomas, creíamos que se nos pasaría con un té o una pastilla.
Hay veces en que así, de repente, el cuerpo ya no puede más y hace lo que tenga que  hacer para detenernos, llamar nuestra atención para procurarlo.
A veces puede ser muy grave, es cuando se nos van los pulsos, nos aterramos con todo lo que nos dicen los médicos o peor, lo que no nos dicen porque no lo saben, estamos acostumbrados a esperar que el médico lo sepa todo, qué clase de doctor es el que dice que no tiene idea por qué suceden tales o cuales cosas en el cuerpo, lo dice para martirizarnos, para que sintamos culpa, lo dice porque es un déspota, porque me cree ignorante, porque no le caigo bien, porque no sabe, porque no está actualizado, porque no tiene sentimientos...

Cuántas cosas están mal, como lo veo.  La enfermedad, según me he venido dando cuenta, nace como consecuencia de algo que no hicimos bien, al menos en la mayoría de los casos. No comemos sanamente, no hacemos ejercicio, no buscamos la tranquilidad. Claro, porque nadie nos dice. Siempre podemos culpar a lo que está afuera, alrededor. Siempre es más importante seguir trabajando, seguir compitiendo, seguir comprando, seguir viajando, seguir comiendo... seguir enfermando. Seguir, seguir seguir, como si huyéramos de algo pero no de la enfermedad. Y seguimos  a su encuentro, hasta que nos tiene que parar.


domingo, 1 de mayo de 2016

Cuando otros quieren decidir por mí

Resulta que a veces pasa por la vida de una alguna persona que se puede visualizar como amiga potencial porque se da una identificación, empatía y aprecio desde el comienzo y se inicia con mucho entusiasmo lo que se espera sea una amistad duradera.
Pero también a veces ocurre que es sólo una primera impresión, y a pesar de las muchas coincidencias, no se puede avanzar más.
Es así que luego de horas de café, de convivencia, de confidencias y otras cosas de la vida, una se va dando cuenta de que la primera fase no es consistente, que la otra persona quizá por la edad, quizá por su alta autoestima, no es capaz de escuchar la voz interna de la otra parte, sólo mira sobre la superficie, donde encuentra ciertos defectos o fallas que pretende arreglar por medio de instrucciones disfrazadas de consejos, faltando por completo al respeto a la personalidad, carácter y modo de ver la vida de su "amiga", pero además, una vez que cae en la cuenta de que está siendo escuchada pero no se siguen sus orientaciones, se molesta, siente que pierde su tiempo, que la amiga es un caso perdido y que no vale la pena seguir perdiendo con ella y así, sin más ni más, sin mediar palabra al respecto, corta todo lazo que hubiera, cancela la amistad en redes sociales y correo electrónico y desaparece dejando a la otra parte con un palmo de narices y con una gran interrogación.
No me ha sucedido más que un par de veces, por dicha, y me he repuesto pronto pensando en que cada quién tiene derecho a ser y hacer como guste.
La fortuna ha querido que, a cambio, mis amigas verdaderas permanezcan a lo largo de mi vida -desde mis mocedades a la fecha- sin gritos ni sombrerazos, en un amoroso acuerdo de tolerancia y respeto por las ideas, saberes, modos.
Lástima por quienes no pueden vivir una amistad así.
Por mi parte, seguiré cultivando ese tesoro inmenso que tengo desde hace muchos años y del que soy celosa cuidadora, y seguiré despidiéndome sin resentimientos de quienes por sus respetables razones, no pueden empatar conmigo, con mis modos o mis ideas deseándoles lo mejor.