sábado, 29 de agosto de 2015

The Wind-Up Bird Chronicle

Cada que termina el semestre me propongo leer un libro que no sea un texto académico, y me gusta la novela. Como tengo el Kindle que me obsequiaron hace tiempo, elegí un título y sin más, me dispuse a leer en inglés para practicarlo porque me hace falta.

Ya había leído alguna otra cosa de Murakami, así que consideré que sería una lectura leve y grata para este corto tiempo. El título me pareció atractivo: "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo". Lo que jamás vi fue la envergadura del libro, que no pude terminar antes de reingresar a la universidad.


Acabo al fin de terminar las más de 900 páginas. La novela me gustó también por la parte onírica donde el personaje tiene vivencias alternas y descubre cosas.
Interesante que el autor incluya memorias de la guerra con pasajes crudísimos con los que al menos yo no me enfrento porque en lo referente a guerras prefiero amarrar mi imaginación y aquí son expuestos con todo detalle y crueldad, recordándome la novela Farabeuf de Salvador Elizondo. Además creo que Murakami se especializa en ambientar para invocar emociones, cosa que también me agrada.

Me agradó la lectura, sí la recomiendo y desde ahora espero ansiosa la siguiente vacación para ver qué nuevo libro de los que tengo pendientes me irá a deleitar.



domingo, 16 de agosto de 2015

Lección de llanto

...Y cuando estás aprendiendo
crees que no debes llorar,
alguien te dijo que las lágrimas
son puerta a la debilidad.
Eso es mentira: son caudales
Lágrimas de liberación
de agua tibia nacidos
para sanar, para aliviar
al alma llena de pesares,
para expresar la más auténtica
alegría, para dejar fluir la rabia
que de otro modo nos consume.

Agua que rueda
que te inunda
que altera por un momento tu visión
para que enfoques mejor cuando se seca.

Llora, llora cuando no puedas más
llevar adentro una congoja;
llora cuando el dolor del cuerpo
te atormente;
llora cuando una despedida sea difícil,
cuando te sientas muy pequeña.

Llora también cuando conozcas
la delicada ternura de un cachorro,
la inmensa indefensión
de un perro de la calle,
el majestuoso amanecer en los océanos.

Puedes llorar para vaciar el cántaro
que llevas en el pecho,
ese arcón donde guardas lo que importa
pero también escondes lo que punza.

El llanto nos es dado
para vivirlo en cada gota de su sal,
para aquietar las mareas que nos sacuden,
para no naufragar en sus tormentas.
Llora.

viernes, 7 de agosto de 2015

Cambio de planes

Había decidido que en su cumpleaños número sesenta el festejo fuera en grande. Eso significaba que, al menos, reuniría a todos sus hermanos y su madre, diseminados por varias ciudades, e incluiría en su fiesta a las poetas, a todas las que pudieran estar. A sus amigas que fueron vecinas, a sus nuevas amigas de lucha o de estudios, a sus hijos.
Había designado unos ahorros para solventar la reunión -sencilla pero significativa- y pensaba estar exageradamente feliz ese día rodeada por aquellos a los que quería.
La vida, como siempre, tiene la última palabra. Lo inesperado hizo su presencia demandando soluciones que la fueron llevando al punto de gastar esos ahorros en el quehacer cotidiano  y adiós fiesta, reunión, señoras y señores, a
quí se rompió una taza y cada quién sigue en su casa.
Ahora a espera la siguiente ronda de semanas y meses para ver si en el próximo cumpleaños hay modo pal festejo.
Por lo pronto, aunque sin fiesta, se va a celebrar la vida, la oportunidad de abrir y extender al sol los ojos y la piel.
¡Se celebra la vida!

domingo, 2 de agosto de 2015

Feliz cumpleaños, hijo

Aquella madrugada me asustó el cólico con que me desperté pero esperé a que amaneciera para decirle a mi esposo. Decidimos llamar a mi madre, que me dijo que no era cólico y que me tenía que trasladar al hospital...
Así comenzó el camino que me llevaría a tener en mis brazos a mi primogénito. Era un viaje hacia lo desconocido, lo que me daba temor y me ponía intensas ganas de que todo terminara pronto: las horas en la sala de labor, los regaños de las enfermeras, las súplicas del médico para que me relajara... y en algún momento, me dijeron "aquí está su niño, y está bien".
Sorprendida, pregunté por qué no lloraba, en todas las películas había visto que al nacer, los bebés lloran, de modo natural o porque les dieran una palmada en el diminuto trasero para provocar el llanto, pero mi hijo tenía el cuerpo plácidamente envuelto en una sábana y no hacía ruido. Estaba asustada. "Porque es más valiente que usted", dijo el doctor, hastiado de mis lágrimas de miedo. ¡Qué alivio! ahí estaba el cuerpo pequeñito que contenía toda la vida que vendría, de ahí en más no iría sola por el mundo y aprenderíamos juntos sobre los recovecos que se recorren por el mundo.
Ahí estaba ya, después de las pesadillas en donde algo salía mal, después de las noches sin poder acomodar el cuerpo para poder dormir un poco, de la extraña sensación de no poder mirar mis pies, de aquella compulsión por comer mangos a toda hora y de las horripilantes agruras.
Mis dedos tocaron otra sorpresa: antes del embarazo mi estómago era hundido y ahora estaba plano, luego de haber sido un nido cálido y redondo para mi hijo.

Entonces, así era ser madre: un dolor que crecía junto al miedo, y en el punto álgido, una alegría que desbordaba todas las orillas, que desaparecía el terror, que ensanchaba al corazón hacia el infinito y lo eterno, que ponía dulces manantiales en los ojos y hacía temblar el cuerpo de ternura.

Cuando dejamos el hospital, cuando una enfermera ceremoniosamente puso en mis brazos a mi criatura y me dijo a qué hora coma, a qué hora duerma y cómo se bañe, sentí que era responsable de absolutamente todo lo que pudiera sucederle en adelante. Su vida sería lo que yo sembrara en ella. Fuerte, impresionante, pero inexplicablemente, ahora tenía la fuerza, ahora tenía una razón que explicara mi presencia en el mundo. Ahora era alguien, era madre.

Hace cuarenta y un años que me acompaña esa felicidad, y seguimos aprendiendo. Pero lo que hemos sabido siempre, desde aquel inicio, es que somos indisolubles, que somos parte de lo que siempre es, de lo que siempre vale.
Doy gracias a la vida por darme la oportunidad de aprender de esta manera.