domingo, 16 de agosto de 2015

Lección de llanto

...Y cuando estás aprendiendo
crees que no debes llorar,
alguien te dijo que las lágrimas
son puerta a la debilidad.
Eso es mentira: son caudales
Lágrimas de liberación
de agua tibia nacidos
para sanar, para aliviar
al alma llena de pesares,
para expresar la más auténtica
alegría, para dejar fluir la rabia
que de otro modo nos consume.

Agua que rueda
que te inunda
que altera por un momento tu visión
para que enfoques mejor cuando se seca.

Llora, llora cuando no puedas más
llevar adentro una congoja;
llora cuando el dolor del cuerpo
te atormente;
llora cuando una despedida sea difícil,
cuando te sientas muy pequeña.

Llora también cuando conozcas
la delicada ternura de un cachorro,
la inmensa indefensión
de un perro de la calle,
el majestuoso amanecer en los océanos.

Puedes llorar para vaciar el cántaro
que llevas en el pecho,
ese arcón donde guardas lo que importa
pero también escondes lo que punza.

El llanto nos es dado
para vivirlo en cada gota de su sal,
para aquietar las mareas que nos sacuden,
para no naufragar en sus tormentas.
Llora.

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