miércoles, 29 de mayo de 2013

Sin detalles


No sé qué andamos haciendo escondiéndonos de esa mujer y con el miedo en la panza. Además es ridículo que no nos encuentre en este hotel, aunque podríamos tener una oportunidad para que no nos vea porque están remodelando y muchos cuartos están vacíos con las paredes a medio pintar y por todos lados hay trabajadores haciendo reparaciones.

-Yo creo que no hay que bajarnos del elevador en la planta baja, porque seguro ahí nos está esperando…mejor bajemos en el primer piso- dijo Miguel.
-No, la mujer es muy lista y puede pensar lo mismo, así que mejor pícale al dos y ahí nos bajamos-, dije.
-Yo no quiero que nos estemos metiendo en todos esos cuartos y que los de la administración nos tomen por abusivos, mejor pago un cuarto como la gente decente.
Y antes de que pudiera yo decir algo, Miguel ya estaba hablando con la señorita de la administración, solicitando un cuarto.  Le asignaron una habitación espantosa  que estaba a un lado, pero no dijo nada. Yo me pregunto cómo demonios le vamos a hacer para usar el mismo baño que usarán todos los que alquilaron para la fiesta que se está armando en este mismo piso. Es lo que me choca de él, que nunca se fija en los detalles.

Mientras lo registran en el libro y le preguntan cuanta cosa, trato de hacerle señas que le indiquen que tenga cuidado. Se distrajo con eso mientras le preguntaban cuál era su auto.
- Un BMW- dijo.
- Ah, yo creí que traía un Corsa- dijo el botones.
- Y yo pensé que traía un Alfa- dijo la recepcionista.

Yo soy la más confundida porque ni tenemos coche y como ya no aparece la mujer de la que nos escondemos, no veo el caso de seguir aquí, ni de pagar la cuenta de un cuarto tan desastroso, ni de nada, estoy cansada. Eso es lo que me choca de él, que nunca se fija en los detalles.



28.II.04

lunes, 27 de mayo de 2013

El encanto del circo


Como todos los niños, había visto pasar el circo desde la ventana de su casa, en el desfile de animales exóticos, payasos en zancos y espectaculares mujeres caminando con poca ropa y mucha lentejuela por la ciudad.  Sin embargo nunca sintió particular atracción por ir a las funciones. Jamás hubiera pensado que en cierto momento de su vida estaría en una situación tan precaria que solamente el circo podría serle de ayuda.

Estaba tan necesitada de trabajo que aceptaría lo que fuera, y así fue que se quedó a trabajar en el circo de todista, es decir, de ayudante de todo. Había sido buena idea ir a ver sus instalaciones porque así se enteró de que necesitaban mozos.

De modo que de pronto estaba inmersa en ese mundo que desde niña le parecía un lugar riesgoso y lleno de malos olores, además de lo pesado que parecía la vida para cualquiera que estuviera ahí, siempre empacando pertenencias para andar en todas partes sin ningún sitio fijo, sin familia y sin amigos, encerrados en ese único círculo de gente extraña que podía vivir bajo una carpa. Pero cuando los tiempos son más difìciles que nunca, no se puede andar con contemplaciones y aceptó el trabajo aunque sabía que solamente saldría del paso un corto tiempo.

Todo era una sorpresa y le tenían que explicar constantemente cada cosa que debía emprender. Nunca vió a los trapecistas,  a quienes admiraba aunque le pusieran los nervios de punta.

En cambio le gustó trabajar con el hombre que tocaba las cuerdas. Éstas estaban suspendidas desde el punto más alto de la carpa hasta un lado del telón por donde salen los artistas. Eran varias cuerdas de distinto grosor y él las tocaba con sus dedos como si fueran un arpa, produciendo un sonido muy bonito. Mientras tocaba, otro ayudante lanzaba unas luces de colores sobre las cuerdas y parecía que danzaban. Ella miraba tan arrobada el número justo al pie de las cuerdas, haciendo nada más que estorbar, que el ejecutante le pidió públicamente que se quitara. Terminaron pronto sus minutos de gloria en escenario y avergonzada sólo esperaba que nadie del vecindario hubiera ido a esa función.

El tiempo transcurre muy rápido y la vida en el circo también, de modo que cuando menos pensó ya estaba enamorada de un cirquero. En las noches salían bastante tarde a recorrer el parque donde ella de niña aprendió a andar en bicicleta, y contaba la historia de su barrio o su familia. Él no tenía recuerdos que no tuvieran que ver con la carpa, y le gustaba escucharla.

Llegó el día que temía, en el que el circo se tenía que ir de la ciudad. Siempre estuvo segura de que no se iría con ellos,  pero en ese momento estaba encariñada con sus compañeros y el ambiente, y le pesaba dejarlos marchar. Para colmo llegó José con su cara llorosa a despedirse, porque ya le había  dicho que de ninguna manera se iría con el circo. Sintió dolor de verlo, parecía un niño friolento y su rostro le decía mucho más que la única palabra que le dijo: “adiós”.

Ya tenían recogido y en camiones todo, así que se quedó en la tienda de unas personas que cada año apoyaban al circo pero residían en la ciudad. Eran, como en el circo, muy amorosas y abiertas. Al menos ahora tendría un lazo con alguien en esa ciudad en la que nunca había sembrado una amistad. Parecía a punto de llorar, y la señora de esa tienda le dijo “saca eso que tienes, porque te va a hacer daño”. Era algo que siempre había tenido: en ocasiones en las que sentía una pérdida, se hacía una bola en medio de su pecho y no la dejaba respirar. Pero nunca supo cómo desbaratarla, y para colmo, no sabía lo que es llorar.

La hija de aquella señora le dijo que iba a llamar a la que sabe de esas cosas y las deshace, y la trajo con el pensamiento porque en ese momento entró en la tienda vestida con un abrigo de pelitos. Sin decir nada la abrazó como dando un pésame, y así se quedaron un rato, hasta que sus cuerpos se empezaron a balancear hacia uno y otro lado, y ella se daba cuenta de que ninguna estaba haciendo fuerza, más bien sentía que sus cuerpos eran mucho más ligeros, como hojitas, y de pronto, sin vértigo ni previo aviso,  su cuerpo se desplomó en los brazos que la sostenían, como cuando se está dormida o desmayada, pero se daba cuenta de todo. Colocaron su cuerpo en una cama y la miraban no sabía si con pena o con cariño, diciendo “pobre, no aguantó”. 

Desde muy lejos escuchó apenas los motores de las camionetas y los balidos de los animales al marchar la caravana del circo. Imaginó que la señora le hizo un encantamiento o cura que la puso en ese estado, y no supo cuánto tiempo seguiría ahí sola, como piedra, abandonada en ese lugar en espera de un circo que la hiciera revivir.



28.II.04

Cosas que trajo mayo

Aquí llegaron mis libritos
Me trajo el FIP, Palabra en el Mundo, Poesía en todas Partes, que es un hermoso proyecto para convocar a la paz en el mundo y que disfrutamos muchísimo. No pude tomar fotos porque estaba de encargada, pero en cuanto tenga el video lo compartiré.

Me trajo, por desgracia, dos sustos mayores debido a la delicada salud de dos amigos para quienes me mantengo en cadena de oración y aunque veo que transcurren los días de este mes sin que se recuperen, seguimos manteniendo viva nuestra esperanza de que al fin estén mejor.

Me trae el descanso una vez terminado el FIP, y a la vez otra emoción: estuve enviando poemas para un pequeño libro que me editaría una poeta amiga. Pensar en los poemas, en las portadas, en todo eso, siempre es energético, me llena de alegría.

Me trae otra emoción: la de ir a un Encuentro Iberoamericano de Escritores Las Horas de Junio, en Hermosillo, donde nunca he estado. Nuevas voces, nuevos poetas, nuevos inicios.

Y me trajo esta mañana dos sorpresas: la llegada de la pequeña cajita que contenía ¡al fin! mis libros, y la entrega de dos cajas de libros del acervo de Conaculta para mi sala de lectura El Tapanco.

Nada mejor para terminar brillantemente el mes, porque en cuanto a la salud de mis amigos, como dije, mantengo la esperanza de que todo esté mejor.

Como dijo Violeta: ¡Gracias a la vida!

Aquí el acervo para El Tapanco

lunes, 6 de mayo de 2013

De mi serie "Intervenciones"

"Lecture department"

Esta vez quiero compartir una hoja del libro intervenido que tiene ese título. Son libros que altero para crear otro código, otro mensaje. Es algo que me parece delicioso hacer, me absorbe por completo y lo disfruto muchísimo, espero les agrade verlo como a mí crearlo.

Collage y pintura sobre libro.





jueves, 2 de mayo de 2013

Inicios de la enfermedad de mayo y FIP

Estoy padeciendo "principios de mayo", mis síntomas son:
tardar rato escuchando a los pájaros y desatender lo que me está diciendo una persona; despertar muy temprano con la idea de buscar la cara al sol y sentirlo tímido a esa hora en mi piel. Pararme a cada rato frente a la ventana para percibir la corriente de aire deliciosa en el cuerpo. Salir al patio a mirar el cielo. Dejar la compu o el quehacer para ir a hacer unas pompas de jabón al patio. Quererme traer a casa todas las flores que han crecido en las orillas de las banquetas y en los terrenos baldíos. Observar detenidamente los avances en mis macetas. Comer la fruta a mordidas y bañarme con su jugo.

Encima de todo eso, que me ocupa mucho tiempo, tengo que seguir organizando lo del Festival Internacional de Poesía Palabra en el Mundo, que se hace por la paz, sí, por esta paz que en mi pequeño mundo doméstico disfruto mucho pero que para tantísima gente sencillamente no es posible porque quizá no tiene ni siquiera un techo, un bocado, una cobija. Eso es violencia, la inequidad es violencia, y sigo junto con todos mis colegas poetas y eternos soñadores creadores pensando que hay que poner este granito de arena para lograr que un día que no veremos, la paz y mis síntomas de mayo estén presentes en todos los humanos.