martes, 3 de diciembre de 2013

Azul y oro o Relato de un sueño que se hizo decisión

Tenía once años cuando mi padre me avisó que me sacaba de la escuela secundaria aunque tuviera las mejores calificaciones, porque las mujeres habíamos nacido para atender el hogar y lavar los trastes. Me informó que eso haría yo en casa, además de la limpieza y atender a mis hermanos varones.
No tengo que relatar mi amargura e impotencia, sobre todo cuando llegaban mensajes de mi escuela preguntando la razón de mi ausencia, y ofreciendo facilidades para presentar exámenes. Pero fue entonces cuando decidí que sí, que había nacido mujer, pero para otras cosas...

La vida y mis circunstancias no permitieron que yo fuera a la escuela y mucho menos a la universidad, como siempre había deseado aunque no estuviera segura de qué estudiaría. "Sólo estudiar", decía. Lo que fuera,  me parecía bueno e interesante. Y como no pude hacerlo, me di a la tarea de estudiar por mi cuenta lo que pudiera.

Transcurrieron muchos años, crecí a mis hijos, me casé y me descasé y siempre con esa espinita del estudio clavada en la conciencia. Hasta que llegó el momento y me decidí a estudiar la secundaria en el INEA, allá por los noventas. En tres mese recibí mi certificado y de inmediato me inscribí a la preparatoria. Pero luego vino una mudanza en mi vida, me fui a vivir al norte y en las ciudades en que estuve no tenían el sistema abierto de prepa al menos en el nivel en el que yo me encontraba.

De nuevo me involucré con otras cosas de la vida, seguí aprendiendo otras, viajé y de repente me enteré un día en el Fb que había inscripciones para estudiar la prepa por CENEVAL y terminaban ese día, así que salí corriendo a inscribirme. Igual, fueron dos meses de estudio, un mes de espera para el examen y llegaron las ocho horas de pruebas para esperar los resultados, que fueron positivos.

Lo natural a seguir era la universidad, y de nuevo ocurrió que casi me tropiezo con la convocatoria en internet, me registro y me dan la guía del examen para presentarlo al cabo de un mes en el DF. Caos, porque me encontraba organizando actividades y demás y tenía que ponerme a repasar esas matemáticas que en dos meses de prepa por supuesto que no me quedaron claras. Tutoriales en Youtube, consultas con un profe, repaso de apuntes y demás, hasta que llegó el día.

El sábado por la noche me reuní con Carmen Amato, mi amiga poeta, en casa de mi hijo. A las seis de la mañana siguiente nos fuimos a buscar la dirección donde se aplicarían los exámenes, allá por Tlalpan, y ahí me dejaron para que resolviera lo que pudiera. Al terminar yo supuse que si acaso, habría pasado con "panzazo insuficiente", porque mis dudas con las ciencias no han decrecido.

Esta mañana, mientras desayunaba, recordé haber visto un anuncio para preparar el examen de ingreso a la UNAM y pensé en guardar el dato, pero en eso recordé que los resultados del examen estarían listos el día primero de diciembre y al caer en la cuenta de que estamos a tres llegué de un salto a la computadora con el corazón en la boca para ver si todavía podría buscar mi resultado, pero al abrir mi correo lo primero que vi fue una carta de la UNAM dándome la bienvenida al sistema de educación abierta.

Pueden imaginar mi emoción. El corazón brincaba para todos lados y las lágrimas corrían mientras pensaba en todo este tiempo que ha transcurrido mientras esperaba realizar mi sueño de estudiar una carrera que me ayudara a servirme de lo que sé de arte para ayudar a otros, por eso elegí psicologia. Hasta me dolía el pecho, justo en medio, por la emoción. Y cuando puse el video de introducción y me dijeron "Ya eres Puma, tus colores son azul y oro", vuelta a llorar sin parar y sin poder creer que al fin, ahora, a mis 58, se cumple mi sueño de ser universitaria, y no sólo de corazón.

De verdad que tengo muchísimo que agradecer a Dios por ser tan bendecida.

1 comentario:

Alex Escalante dijo...

Me da mucha emoción ver cómo avanzas por la vida con empeño y valentía. Felicidades!!