lunes, 23 de diciembre de 2013

viernes, 20 de diciembre de 2013

De las fragilidades

Aunque sean avisos o falsas alarmas, hay momentos que nos ponen a pensar en la fragilidad de la vida. No en la frágil vida de los demás, sino en la propia.
Siempre he pensado que hay que estar lista en todo momento para emprender el viaje último, que quizá eso sea lo que quite el conocido temor a ese paso.
También he manifestado que no entiendo a los demás cuando tienen miedo al sentirse cerca del umbral...

Pero cuando soy yo quien siente cosas extrañas en cuestión de salud y el pensamiento que viene a mi cabeza es el de la posibilidad de estar en el lindero, lo que he sentido es eso, un poco de susto. Me pregunté por qué y traté de hacer recuento: no creo tener pendientes, la gente a la que quiero lo sabe, las cosas que he querido hacer las vengo haciendo, voy cumpliendo mis sueños paso a paso y hace mucho que concluí que no cambiaría mi vida porque me gusta ser lo que soy, he venido esculpiendo poco a poco esta especie de flor rudimentaria -pero al fin flor- olorosa y con cierta belleza que sabe apreciar al sol. 
Concluyo entonces que aunque lo he deseado o buscado, no tengo en realidad incorporado hasta los huesos el pensamiento de ser verdaderamente transitoria, que cada que he dicho que quizá mañana no despierte es un tanto superficial, no va hasta el fondo.
¿O será el hecho de estar sola? ¿Cómo será para cada uno saber que exhala su último suspiro en soledad? Y ahora pasamos al hecho de que la soledad es relativa, porque desde luego nadie nos acompaña en ese viaje. Así estemos rodeados de quienes queremos, vamos solos.
Entonces ¿temor a lo desconocido? ¿temor natural o soy miedosa?
Cómo saber de esas cosas si nadie ha venido a decirnos cómo es.
En mi caso no fue sino una sensación extraña y desagradable que me hacía sentir el cerebro desconectado y encogido, las ideas ausentes y la capacidad de pensar prácticamente nula, y por ser algo que nunca había experimentado, me pregunté si eso era todo, sí así se apaga una...

Pero pasó y no pasó nada. Aquí estoy escribiendo, reflexionando, queriendo a todos, pidiendo por todos sin ser más ni menos que antes de esa experiencia.
Seguiré por mi camino tratando de asentar en el fondo de mi cuerpo, mi cerebro y mi corazón que soy sólo pasajera y que mi viaje sólo de ida terminará sin aviso y sin demora cuando esté marcado.

Doy gracias a la vida por cuanto he tenido y tengo, que no cuenta en cosas materiales pero sí en fortunas que me dan los amigos con su calor, sus cuidados y sus preocupaciones; en lo que he recibido de desconocidos cuando he estado en necesidad o angustia: en lo que me dan mis hijos sin palabras; en la fidelidad de los corazones que desde hace tanto me acompañan; en el cariño inmenso de mis hermanas y hermanos, su reconocimiento inmerecido; y en fin en cada mota de polvo o de luz que baña cada segundo de mi vida. Gracias!



Diciembre 20, 2013

jueves, 19 de diciembre de 2013

Tiempo de...

Mucha gente dice cosas lindas de la Navidad: que la cena, que los regalos, que paz y amor y villancicos y Niño Dios y árboles con foquitos...
Y me pregunto qué es, cómo se arma este juguete que me llega sin instructivo ni carga tradicional familiar ni nada particular.
A mí me pesa la Navidad porque es cuando se nota mucho lo que tienen o no tienen los demás. Me pesa que viene con frío bajo los puentes y en las calles y no trae bebidas calientes para todos. Me pesa que las diferencias luzcan tan grotescas y que, como nunca, mis manos no puedan llegar a todos lados.

Y tanto brillo en estos días, entonces ¿nos deja un poco ciegos? Quizá más encerrados en la fiesta propia, natural, aunque muchos dicen que es cuando comparten y eso es bueno.
Repartamos nuestra Navidad, nuestro interés genuino por el otro, el migrante que va sobre la Bestia, la mujer que fue atacada, el niño maltratado, los indigentes. Hagamos una pequeña lonchera con nuestra mejor comida y esos grandes deseos de que mejoren y llevémosla hasta sus manos lastimadas y ateridas, hasta sus corazones sofocados por esta Navidad.

Tengamos siempre a la mano una lonchera llena de lo que necesitan los demás: una palabra, un abrazo, una sonrisa, una moneda, o ropa o flores, oraciones...
¡Hagámoslo!

sábado, 14 de diciembre de 2013

Comienzos y finales...

Bueno primero los comienzos. Puedo decir que pongo palomita a varios de mis propósitos del año, y llevo alguno que otro al siguiente, para seguir cumpliendo...
Inicio el estudio a distancia en la universidad, un poco confundida todavía con respecto a los sitios, los enlaces, correos, foros y demás, pero confiando en que aprenderé a manejar todo para bien y para continuar.
Finales, porque según el calendario acaba un ciclo, todo es según el color del cristal con que se mire pero en fin, haremos caso de esta última hoja del almanaque para decir que sí, que cerramos otro año de vida, de proyectos, de crecer en amigas y amigos, de encontrar sorpresas en los atardeceres o los amaneceres, de poder continuar disfrutando del café, tan conocido, paladeado y nuevo en cada taza, igual que la vida, antigua amiga nuestra desde antes de nuestros días y durante ellos y aún así sorpresiva y diferente cada vez que la encontramos en la minúscula florecilla que brota de una grieta del cemento como señal de que no deberíamos claudicar y de que la belleza cabe en todas partes.
Somos parte de todo, de esos atardeceres, de esas flores. Somos las nubes que viajan por el cielo tomando diferentes formas y así, a veces tenemos alas o garras o sencillamente tules, crecemos o encogemos, nos disolvemos y tomamos cuerpo de nuevo, poroso o consistente, siempre nuevo y siempre el mismo...
¡¡¡La vida es maravillosa!!!

martes, 3 de diciembre de 2013

Azul y oro o Relato de un sueño que se hizo decisión

Tenía once años cuando mi padre me avisó que me sacaba de la escuela secundaria aunque tuviera las mejores calificaciones, porque las mujeres habíamos nacido para atender el hogar y lavar los trastes. Me informó que eso haría yo en casa, además de la limpieza y atender a mis hermanos varones.
No tengo que relatar mi amargura e impotencia, sobre todo cuando llegaban mensajes de mi escuela preguntando la razón de mi ausencia, y ofreciendo facilidades para presentar exámenes. Pero fue entonces cuando decidí que sí, que había nacido mujer, pero para otras cosas...

La vida y mis circunstancias no permitieron que yo fuera a la escuela y mucho menos a la universidad, como siempre había deseado aunque no estuviera segura de qué estudiaría. "Sólo estudiar", decía. Lo que fuera,  me parecía bueno e interesante. Y como no pude hacerlo, me di a la tarea de estudiar por mi cuenta lo que pudiera.

Transcurrieron muchos años, crecí a mis hijos, me casé y me descasé y siempre con esa espinita del estudio clavada en la conciencia. Hasta que llegó el momento y me decidí a estudiar la secundaria en el INEA, allá por los noventas. En tres mese recibí mi certificado y de inmediato me inscribí a la preparatoria. Pero luego vino una mudanza en mi vida, me fui a vivir al norte y en las ciudades en que estuve no tenían el sistema abierto de prepa al menos en el nivel en el que yo me encontraba.

De nuevo me involucré con otras cosas de la vida, seguí aprendiendo otras, viajé y de repente me enteré un día en el Fb que había inscripciones para estudiar la prepa por CENEVAL y terminaban ese día, así que salí corriendo a inscribirme. Igual, fueron dos meses de estudio, un mes de espera para el examen y llegaron las ocho horas de pruebas para esperar los resultados, que fueron positivos.

Lo natural a seguir era la universidad, y de nuevo ocurrió que casi me tropiezo con la convocatoria en internet, me registro y me dan la guía del examen para presentarlo al cabo de un mes en el DF. Caos, porque me encontraba organizando actividades y demás y tenía que ponerme a repasar esas matemáticas que en dos meses de prepa por supuesto que no me quedaron claras. Tutoriales en Youtube, consultas con un profe, repaso de apuntes y demás, hasta que llegó el día.

El sábado por la noche me reuní con Carmen Amato, mi amiga poeta, en casa de mi hijo. A las seis de la mañana siguiente nos fuimos a buscar la dirección donde se aplicarían los exámenes, allá por Tlalpan, y ahí me dejaron para que resolviera lo que pudiera. Al terminar yo supuse que si acaso, habría pasado con "panzazo insuficiente", porque mis dudas con las ciencias no han decrecido.

Esta mañana, mientras desayunaba, recordé haber visto un anuncio para preparar el examen de ingreso a la UNAM y pensé en guardar el dato, pero en eso recordé que los resultados del examen estarían listos el día primero de diciembre y al caer en la cuenta de que estamos a tres llegué de un salto a la computadora con el corazón en la boca para ver si todavía podría buscar mi resultado, pero al abrir mi correo lo primero que vi fue una carta de la UNAM dándome la bienvenida al sistema de educación abierta.

Pueden imaginar mi emoción. El corazón brincaba para todos lados y las lágrimas corrían mientras pensaba en todo este tiempo que ha transcurrido mientras esperaba realizar mi sueño de estudiar una carrera que me ayudara a servirme de lo que sé de arte para ayudar a otros, por eso elegí psicologia. Hasta me dolía el pecho, justo en medio, por la emoción. Y cuando puse el video de introducción y me dijeron "Ya eres Puma, tus colores son azul y oro", vuelta a llorar sin parar y sin poder creer que al fin, ahora, a mis 58, se cumple mi sueño de ser universitaria, y no sólo de corazón.

De verdad que tengo muchísimo que agradecer a Dios por ser tan bendecida.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Tocando campanas


Voy como niña tocando las campanas.
Ahí te encuentro, en el lugar de siempre,
con el color de entonces y de ahora.

Porque tengo memoria,
porque el azul amanecido de tus ojos
me trajo el agua que mi sed buscó...

Porque con la distancia no se aparta nada,
porque callar la voz no significa olvido,

voy como niña tocando mis campanas.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Poema para una niña. Alejandra María Lerma García

En el Encuentro de Mujeres Poetas en el País de las Nubes conocí a esta joven de 22 años, poeta colombiana del Valle del Cauca, Alejandra de las Estrellas, y ante el horrendo crimen de la niña Estefanía en Ensenada siento que debo compartir este poema que por desgracia, es universal:

Hanna

No sé quién la sostuvo, no estuve para alzarla.
No sé quién calmó su llanto ni su sangre
mis manos dormían lejos.

No sé qué ráfaga paso por su memoria mientras entraba el puñal.
No sé a cuál oración se aferró cuando desgarraban su vagina.
Mi cuerpo estaba ileso y abrigado.

No sé cuántas cicatrices se cerraron sobre su alma y dejaron
adentro los atisbos del amor.
Sólo puedo oír su silencio
hondo
como un mar antiguo,
un oleaje de sal y de gritos.

No sé cuál fue la luz que le cubrió la cara cuando la encontraron.
No sé cómo se veían sus pies después de un siglo de oscuridad.
No sé cuál fue su primera palabra después de la vergüenza.

No sé cómo pedirle perdón por la hermosa vida que he tenido
lejos de ella y de su espanto.
No sé cómo hilas las palabras para que sepa que comprendo todo
aunque no haya vivido nada.

No sé cómo invitarla a mi casa
no conozco su nombre
ni el color de su país

sólo quiero acunarla y cubrir con mi boca cada herida latente
que sepa que soy su madre, su hermana, su amante, su hija, su amiga

que sepa que de este lado no hay bando enemigo
que nadie va a saquearla
que nadie pasará por encima de su belleza
que nadie quemará su cuerpo ni sus ojos

que sepa que puedo envolver todo el amor que me contiene y
entregárselo tibio para su pecho hueco.

No sé cómo decirle que no está sola.


sábado, 23 de noviembre de 2013

XXI Encuentro Internacional de Mujeres Poetas en el País de las Nubes. 2013

Poetas en Huajolotitlán, Oax.




Pues el día llegó y la semana del Encuentro terminó como siempre, con emociones a flor de piel, con el júbilo de los encuentros y la pena de las despedidas. Nuevas hermanas, nuevas voces, homenaje a Emilio Fuego, presencia de Dolores Castro, talleres en escuelas de varias comunidades y muchos recitales.
Estamos puestas, como siempre, parea el siguiente Encuentro. ¡Salud y saludos para todas mis poetas!

Poema del día

Chica mala


Salir a ser la chica mala
de la noche,
beber de la botella,
tatuarme una mejilla
o el ombligo,
dejar la ropa interna
en su cajón.

Abrir ancha la boca
para extender un beso al portador,
uno que pague lo que cuesta
dejar atrás las pudorosas
cuentas de la virginidad.

Rugir brava en la cama
si me provoca el tigre,
lamerle los bigotes,
morir entre sus fauces.

He de tomar las armas
si el enemigo me trastoca;
reventarme la boca con carmín,
usar impúdicas ojeras.

Llegar trastabillando
hasta la aurora,
empujarle la puerta
y encarar su reproche.

Vivir, amar, llorar, 
como la chica mala

del tango que nunca se cantó.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Encuentro Internacional de Mujeres Poetas en el País de las Nubes 2013



Pues sí, llegó de nuevo la hora, después de dolor y la confusión que nos causó la irreparable pérdida de su fundador, Emilio Fuego. Claro que siempre hemos sabido que queremos que el Encuentro continúe, pero no estábamos seguras de cómo hacerlo. Con mucha voluntad, como con todo. Mariana -hija de Emilio-  tomó la batuta apoyada por nosotras las coordinadoras y aquí seguimos la saga en este primer noviembre sin Emilio.

Esta vez no habrá actividades en el DF porque las autoridades de cultura no pudieron ofrecernos ningún espacio -muchas gracias- y serán en comunidades de Oaxaca y la propia ciudad gracias a los trámites y esfuerzo de Lety Ricárdez.

Eli Guerrero estará en la ciudad de México el domingo 10 de noviembre a las diez de la mañana a cargo del autobús que trasladará a las poetas que no llegarán directamente a Oaxaca para ser hospedadas y de ahí trasladadas a Huajuapan el lunes por la mañana.

Huajuapan de León será como muchas otras veces la sede en la Mixteca, y visitaremos Teposcolula, Huajolotitlán, Tamazulapany  Nochistlán, donde habrá talleres y lecturas en en escuelas y plazas públicas o casas de cultura.
De vuelta a la ciudad de Oaxaca habrá lectura en la Biblioteca Andrés Henestrosa, reunión de trabajo en al Museo de la Filatelia, lecturas en Monte Albán y magno recital en el Teatro Juárez y una cena final, para dejar el día domingo 17 libre por la mañana en Oaxaca y regresar al autobús por la tarde, rumbo a la ciudad de México.

Este año no podré recibir a las poetas en el autobús en el DF pues justo a la misma hora estaré presentando mi examen de admisión para estudiar en la UNAM a Distancia, pero las alcanzo en Huajuapan con la otra supercoordinadora y amiga del alma Alicia Olivera.

Tiempo de encuentros de toda índole: amigas que vienen de fuera del país, de dentro del país como la otra coordinadora desde Chihuahua Maga Muñoz, encuentro con mi gente de Huajuapan, encuentro con la ausencia de Emilio, encuentro con la primera vez como directora de Mariana, y así.

Mucha poesía, jóvenes que gustan de escucharla, mujeres que traen su palabra desde tantos puntos del planeta pero también desde su corazón a un país que siempre las ha recibido como a hijas propias. Tiempo de palabra y gozo que definitivamente, de ninguna manera me debería perder!!!









sábado, 2 de noviembre de 2013

Sin sal

Me tienta el vaso de agua por la madrugada.
Antes del sorbo, me tienta más la sal,
la de tu cuerpo.
La sed se quedara sin sal.
El agua sabe a lágrima.

Fieles difuntos

Pequeños soles olorosos les traemos,
mazorcas tiernas para sus cazuelas.
Que no falte la voz clara del agua
ni  a luz de las velas ni el copal.


Reciban nuestra ofrenda quienes ya marcharon
quienes cruzaron el río primero que nosotros
y en esta hora especial tendamos nuestra mano
olorosa de incienso  y cempazuchitl.


Lleven recuerdos temblando en el papel,
nuestro cariño en el pan que les hacemos
para que su visita resulte placentera.

Sigan la huella de flores amarillas,
el terciopelo de nuestros corazones,
el chocolate humeante y el jugo de las cañas.

Fieles Difuntos que abrazamos en noviembre
en esta fiesta que ahora los recibe:
esperen nuestras almas confundidas
cuando el arcano del tiempo lo decida.





Requiem

Silencio es ahora lo que hay entre nosotros.
Cada uno con una ausencia que todavía no se desdobla
para extenderse por los días y los recuerdos.
Aún no llegan el frío ni la noche al corazón,
y el llanto no ha sido convidado.

Pero los calendarios del dolor son inmutables
y lentamente acuden cruzando nuestros días.
Ya vendrán la ceniza y las lágrimas
a cubrir las memorias y oscurecernos la vida
hasta que el sol se apiade de nosotros.

lunes, 28 de octubre de 2013

Deshumanización: a la memoria de José Sánchez.

Es horrorizante la noticia del hombre enfermo que estuvo por cinco días solicitando atención en el hospital general de Guaymas, Sonora, sin ser atendido por no tener dinero ni llevar papeles para su inscripción, por lo que finalmente ahí, en un jardín y envuelto en una cobija, terminó penosamente sus días ante la indiferencia de la institución.
Me causa un dolor indignante y me llena de vergüenza y culpa tan sólo pensar por lo que atravesó ese hombre no en esos cinco días, sino toda su vida.
Su trabajo de jornalero lo condujo a esa condición de extrema desnutrición y deshidratación enque llegó al hospital. ¡Por Dios! ¿Es que ni agua ya tenemos para nuestros semejantes? ¿Ya no partimos el pan con quien lo necesita?
Solo, enfermo, dolorido.
Ahora, muerto, vale más.
Allá nosotros y nuestras conciencias.
Dios, ¡perdónanos!



http://www.youtube.com/watch?v=UjLlJyKseLM#action=share

lunes, 21 de octubre de 2013

Declaración de principios

El dedo índice señala mi locura,
hace piruetas cerca de mi cara,
cifra una frase cabalística
para que yo, la loca,
no olvide lo que soy:
un tímido gorrión con sueño de alas,
una luna perenne,
un aroma frutal.

Se desgrana la noche
en hojuelas oscuras;
las voces misteriosas de los perros
Collage con papel y objetos reciclados. Liz Durand 
me muestran un idioma:
el de otros locos.

En esta habitación
donde hago un mundo
pongo listones a las trenzas
que tienen mis sombreros,
intento perseguir a mis muñecas,
ponerles otras ropas
pero son lo que son
me lo dicen sus prendas 
ingenuas, desgastadas,
sus ojos fijos en la nada,
sus mejillas frías...

Un gallo que no sabe del tiempo
me canta noche y día
como queriendo hallar
la hora en que debe despertarme.

Los pájaros caminan 
por el techo de mi casa
como si no supieran del gato
que abandona su jaula.
Los cactus embebidos en la humedad nocturna
afilan sus espinas vegetales
para pinchar a la luna.

Mi cama es ese reino
donde me cubre la locura,
prende las yemas de mis dedos
para que incendie un cuerpo,
volantín del deseo
crecido y duro
que derriba una puerta
y más puertas
hasta que todo 
es un aliento vaporoso,
un sopor espeso,
un alivio fugaz...

Echadas a mis pies 
mis fieles perras
que ladran sólo en sueños,
y la discreta presencia
de la luz de mi lámpara
de flores de hilo
nos hacen compañía.
Vasto campo de flores
reposando en mi cama,
almohadas con olor a rosas
y una luna de azules algodones
me sostiene las piernas.

En mi cabeza está la música
que a veces fluye por el pulso
y va poniéndole ritmo
a las palabras,
esos dibujos pequeñitos
que tanto me sostienen,
que tantas cosas dicen.

No es roja mi cabeza
sino blanca,
una cinta de espuma
que es el premio.
Roja es la fresa de mi corazón,
blancos mis sueños,
como bruma.

Danzo
luciérnaga esquiva de la aurora
alumbrando la niebla de los días
con esa llama diminuta pero eterna 
que no se cansa del acoso verde 
que va llenando el calendario
como musgo.

El musgo, morada de mis pasos,
reposo del ruido,
terciopelo de las horas...
El índice señala mi locura
y sí,
estoy loca
a mucha honra
porque no es sencillo,
debo cuidar que no me roben
muecas o gemidos,
debo esperar agazapada
que marchen todos esos cuerdos
sin sonrisas,
sin ojos como antenas,
sin zapatos que vuelan
ni música en el alma.

Soy esa loca
enamorada de la luna
la que se pierde en su reflejo del rìo
donde las aguas son de humo
un humo verde 
que se mete entre los pulsos
y acelera y hace fáciles
la risa y el amor.

Amanece por fuera
pero sigo enlunecida
con mi lámpara de flores,
el canto de las aves
posado en una rama
de mi habitación,
la ropa dormida en el armario
esperando que despierten
los espejos.

El gallo confunde su quiquiriquí de nuevo,
no encuentra el día 
ni la noche
ni las horas,
por eso vive aquí, conmigo, 
en donde la locura.



18.oct.2013




lunes, 14 de octubre de 2013

En contacto

Aquí de nuevo enfrentando a la noche que  me pone de postura incómoda con esta torcida y -según ella- vieja columna. Huesos con historia propia que viven dentro de mi, que se supone me sostengan -y lo hacen- sólo que al parecer están más cansados que yo y por eso protestan, más de noche, como digo, porque no hallan esa postura especial y excéntrica que les acomode.
Pero como no todo en la vida son huesos, sino que hay tantas otras cosas afuera y adentro de una misma, me propongo explorar por el demás paisaje: la memoria es siempre de mis favoritos.

Afortunadamente poseo una memoria que gusta del detalle y se fija como fotografía. Si me voy a la distancia encuentro cosas: hoy por la tarde platicaba sobre una prenda de vestir que me tejió mi madre cuando estaba yo jovencita, un chaleco largo hasta la rodilla en color rosa fuerte, calado, que usaba con unos pantalones de terlenka a la cadera color tuequeza acampanados con pata de elefante. Llevaba pantyblusa y por calzado unos huaraches con una flor en el dedo gordo, con las uñas pintadas de color lila. Ya imagino sus sonrisas si pueden imaginarse el desfiguro. Claro, era un poco la moda, pero yo siempre he sido así, un poco excéntrica. Eso lo heredó mi columna, que siempre está llamando la atención en vez que quedarse derechita...

También en ese mismo terreno de la memoria, pero en el Departamento de Emociones hay mucho qué disfrutar. Vivamente me viene primero aquella que sentí cuando vi a mi hijo Mauricio de meses, sentado ya solito en el sillón de la sala, con la ventana detrás de él. Entraba un rayo de sol que quiso atrapar con sus manitas, y al resultar imposible. la sorpresa que se dibujó en su rostro me hizo sentir muchas, muchas cosas. Era un poco ver lo que es la vida: la tienes enfrente, la ves, y a ver agárrala...

¿Una emoción infantil? El cálido sobresalto que me asaltó en la primaria durante la presentación de los bailables de sexto año. Me tocó bailar El Tilingo, jarocho. Mi compañero de baile, al final y como marca la danza, debía poner su cara junto a la mía y tapar ambas con el sombrero, pero sus labios me rozaron y toda yo por dentro pegué un brinco...

En el Departamento de las Carcajadas, que no es muy grande que se diga, me visita el recuerdo de mi hermano Jared que en paz descanse. Era una tarde muy bonita y yo había decidido dedicarla a la belleza haciéndome unos "tratamientos". Ahora sé que a esa edad no se requiere nada de eso en absoluto, pero entonces lo creía indispensable.
Estaba sola en casa, mis hermanos andaban por el patio y mis padres no estaban. Desde la ventana vi que mi hermano venía subiendo las escaleras y fui a su encuentro. Cuando estaba llegando a la puerta vio algo que le causó tanto terror que se echó a correr. Yo lo seguí sin siquiera mirar para atrás con tal de no ver lo que lo aterraba, y claro, por mi parte siempre he creído que gritar ayuda, así que salí detrás de él pegando chillidos de loca y tratando de alcanzarlo, porque ya sabemos que el miedo pone alas...

Lo agarré de la camisa y al fin se detuvo y me miró pelando tremendos ojos, preguntando si era yo, primero sorprendido, después enojado y luego carcajeado. Sucedió que se me había ocurrido ponerme una mascarilla en el pelo, que usaba yo bien largo, y me me había quedado tieso. Además, para la cara había yo cocido flores de manzanilla con todo y tallo y las había machacado con un poco de aceite para ponérmela en la cara. ¡Claro que mi hermano lo que vio antes de llegar a casa era todo un espantajo y corrió!

Uff, creo que todo este tropel de memorias deberá esperar para otra ocasión para ser compartido. Simplemente voy a disfrutarlas.

martes, 20 de agosto de 2013

Adivina, adivinanza...


Una parte de la maravilla. Collage. Liz Durand.

Mis abuelos nos contaba adivinanzas, algunas -ahora veo- era bellas metáforas. Y recordando sus palabras nació de mí este texto, que comparto:


La hora bruja

Capataz de media noche
cuatro azotes da a la luna
porque oculta en una nube
no quiere que la descubran.

Entonces viene la noche
en recuerdos de oropel
y un carrusel que me agobia
cabalgando la niñez.

Sueño un jardín recortado
cual figura de papel
y una gran dama dorada
que a las cinco toma el té.

En los tejados se tiende
el chal de la oscuridad.
Yo subo a mi carrusel
para caminar la aurora.

Sueño que viene mi abuelo
de sombrero y con cigarro,
que me cuenta adivinanzas
y me regala una flor.

Ya la doma agota el té
y llegó el amanecer
cruzando el puente que no anda,
caballo de banda y bada.

domingo, 14 de julio de 2013

La vida, es lo que pasa...

Primero partió Héctor; dos semanas después se nos fue Emilio, y este viernes, el esposo de mi hermana. Muchos adioses en estos meses, partidas que dejan huecos doloridos.
"Dios, ¿qué pasa?", dijo una de mis primas. La vida es lo que pasa, le dije.

De ese modo, hoy hizo su ritual el sol para cumplir con el verano y la tarde con su aire fresco y delicioso invita al goce, a continuar, a seguir cada día conservando el recuerdo de quienes nos han querido y han marchado y quienes desde donde se encuentren, seguirán pendientes de nosotros y los seguiremos queriendo.

Ayer me asomé a la playa, vi a lo lejos un velero que parecía un blanco recorte de papel, y me esperé a ver el mar de ese color celeste como se pone cuando se va a meter el sol... un color hermosísimo, de cielo, indescriptible. La brisa, la alegría de Bambi dando saltitos por las piedras y huyendo de las olas porque no le gusta el agua y no le gusta el mar, ladrando de contento mientras pienso en los que se van y cómo nos quedamos, cómo vemos que la vida sigue palpitando sin que importe cuántos duelos estemos padeciendo.

Así que a vivir, porque la vida pasa...

domingo, 30 de junio de 2013

Madrugada con violín y Tchaikovsky

Llora un violín, corazón de madera que canta con lágrimas de acordes; filo de cuerdas me sitian en la dulcísima noche, acordes de nube y miel que alborotan mi sangre. El concierto se instala desde mis pretéritos oídos: es música que viene de los tiempos y va a la eternidad.
Un espíritu de ayer me dio la partitura que interpreto con atónitos ojos y garganta de musgo. Estremecida sostengo mi corazón entre las manos para que no levante su vuelo fragmentado por filos que desmenuzan el metal, estremecen con reverberaciones las paredes que tiemblan en un eco glorioso espeluznando con belleza indescriptible a los sentidos y soy la hoja de un árbol prehistórico, una aurora boreal, un pez minúsculo, la arena en las pezuñas de un camello, la ruta de los pájaros. Soy con la música el hielo que se funde, una sed de mariposa, la blancura lunar, la venida de un río.
Llora el violín sus flores y mi espíritu en volutas besa nubes, se agita como colibrí, tiembla como capullo cuando se abre, llora como cuando se ve nacer a un niño.

Y arremeten las cuerdas sin dar tregua,  paroxismos armónicos ocurren, sacuden las montañas, llegan al centro de la tierra y el colosal concierto está en las manos de los hombres que quizá de esa manera revindican a la especie, como si de algún modo le hubiera sido dado asomarse al sonido insondable que sería la voz de Dios.

domingo, 23 de junio de 2013

Del anecdotario de la infancia: mi Buely

La primera vez que conocí a la abuelita de una compañera de clase, a los seis años, me quedé muy sorprendida: era flaquita, pequeña y bastante arrugada. Mi buely, como llamamos a mi abuela materna, era rotunda, yo recuerdo haber presumido de que casi pesaba cien kilos,  nunca tuvo arrugas, sus trenzas sobre la cabeza siempre parecían estar recién peinadas, sus cejas perfectamente delineadas y su rostro moreno y amable no dejó de estar alegre. Creía que así eran todas las abuelitas. Tardé para entender que la mía era única.

Los domingos por la mañana era día de mercado. Salíamos con ella cargando la canasta, pero antes, el ritual previo al desayuno: se tejía las trenzas, las enlazaba sobre su cabeza, las prendía con horquillas que siempre me daban miedo porque creía se le clavaban, y se aplicaba el polvo para terminar delineando negramente sus cejas.

En su casa cantaba mientras lavaba la ropa, en el patio donde mis primos y yo navegábamos en barcos imaginarios con banderas por todos lados, que eran el tendedero de mi buely.

Cuanda llamaba a comer salía al patio a sonar una cacerola para que todos acudiéramos porque la casa era grande y el abuelo trabajaba en el taller, un piso abajo de la casa. Ella siempre tuvo fama de hacer rendir la comida aunque llegara de repente un batallón a comer a su casa.

Por las tardes se sentaba a la máquina de coser, y si habíamos hecho travesuras, nos sentaba a todos a su alrededor y en un silencio impuesto mediante unos conjuros que siempre pronunciaba para tenernos callados: “Van en el cielo volando volando tres pajaritos, echando tres cagadillas: una para Juan, una para Pedro y otra para el que hable más primero”. Silencio absoluto, pero sólo por un rato.  Poco a poco tramábamos la forma de escapar del castigo: uno por uno, pedía permiso para ir al baño. Tenía la misión de dejar abierta la ventana hacia el patio y sin cerradura la puerta. Después de cierto tiempo, otro nieto pedía el mismo permiso y cuando mi buely se daba cuenta, estaba sola. 
Entonces tomaba su tablita -mis hermanos dicen que con clavo- y salía al patio a buscarnos. Nos llamaba a gritos cada vez con el apelativo al final de “¡cabrestos chamacos!” y cuando nos descubría escondidos, nos correteaba sin éxito, lo que le provocaba mucha risa. Recuerdo el sonido de sus alegres carcajadas mientras los chicos escapaban de entre sus manos. Era un juego delicioso, después venía la cena de café negro y bolillos.

Años después, cuando ella no vivía en Orizaba sino en México, seguía siendo traviesa como los nietos. La mesa del comedor, siempre grande para acoger a la familia, se llenaba de niños de varias edades. Ella servía la sopa, y las tortillas eran repartidas por su diestra mano con singular puntería: salían volando como platillos voladores, y el que se dormía para cacharlas terminaba ensopado. Claro que a veces mis tías la regañaban por meter el desorden, pero ella ponía cara de seria y seguía sacudiéndose con unos jijís callados que nosotros imitábamos. 

Yo ya estaba casa y la visitaba con frecuencia, y cada tres por cuatro al entrar al comedor si no ponía cuidado, patinaba. Entonces lo sabía: las famosas y tradicionales guerras familiares de migajón habían tenido lugar nuevamente. Durante desayunos o cenas, todos sacábamos el migajón de los bolillos para hacer bolitas, es decir, proyectiles para disparar cuando alguien estaba descuidado. A veces caían en un ojo, lo cual era bastante celebrado, pero no tanto como cuando caían directo a la boca, cosa que provocaba una carcajada generalizada. El piso quedaba tapizado de bolitas de migajón que cuando eran pisadas, era un lío retirar del piso.

Todo eso y muchas cosas más me parecían tan naturales que hasta que ha pasado el tiempo me doy cuenta de lo única que fue mi buely, y me arrepiento de no haber conservado ninguno de los dibujos de “mostros” que nos hacía, siempre con facha como de vampiros graciosos, incapaces de asustar. Nunca fue a la escuela, y sus letras de niña para escribir su nombre o los nuestros eran encantadoras como ella.

Me enseñó a cortar y coser camisitas para Mauricio mi hijo cuando estuve embarazada. Ella inventaba formas y puntadas, y conservo todavía la muñeca que me hizo, de las que llamamos de trapo. Su enagua la hizo con una servilleta bordada que ya no era usada y las caras de las muñecas tenían una nariz peculiar que ella les hacía con hilo y aguja.

Jamás la vi enojada, nunca escuché reproches de parte suya, sus nueras la adoraron y nosotros, su descendencia, la honramos en el recuerdo con esa candidez que siempre tuvo, con esa auténtica alegría de ser parte de un calor distinto, de una familia quizá loca, sencilla o pobre, pero llena de alegría, de eso que ella fabricó para nosotros como trenzas de amor filial eterno que aún extiende su hebras en todas nuestras vidas,


Liz
23.jun.2013



lunes, 17 de junio de 2013

También yo tengo malos ratos

¿Y si te cansas?

Y si te cansas de rodar tus huesos, de amanecer siempre contigo y tu pesado saco de preguntas; si tu deseo es detener el carrusel, bajarte por ninguna esquina, cruzar la bruma que sale de ti, de la negrura que te viste siempre seria en tu interior, pequeña y fría, asolada por el ruido que nunca cesa en tu cabeza, eco del mundanal que acosa afuera, donde hay tanto neón helado, tanta falsa luminosidad, tanto calor procurado por el gas, no por la llama que adentro te consume, te ahúma los ojos y te quema las yemas de los dedos, cansados de imprimir sus huellas en toda superficie sin tocar fondo, sin adentrarse en las texturas ajenas que también se esconden y van solas, en silencio como las largas filas de los trenes que nunca se detienen...
Y si te cansas de parpadear mirando cada vez lo mismo, esa violencia de no cambiar las cosas, de ver los calendarios convertidos en historia que al final de los milenios sigue siendo igual, nada cambia, no ha hecho la evolución que sea más feliz el hombre ni más pleno, queda intacta su ambición, su despiadada forma de buscar siempre más cosas, cada vez mayores, cada vez más lejos...
Y si te cansas de azuzar tus pasos para que sigan adelante, crucen, trepen, salten las cordilleras de las dudas como si adentro de ti hubiera la fuerza de las seguridades, como si de verdad supieras en dónde está la meta... ¿y si te cansas?


16.jun.13

domingo, 16 de junio de 2013

Mi Día del Padre...

Coser la ira. 

Cruzamos la  calle  atestada de gente en busca de lo que nos encargaron para preparar comida en la casa donde estamos de visita. Adriana y yo caminábamos acompañadas de mi hijo, esquivando a las personas que al parecer habían tenido fiesta en las calles de ese barrio.
Al cruzar, un hombre ya mayor y bastante alto, al ver acercarse a mi padre por la contraesquina, intentó agredirlo amagando a mi hijo, que de inmediato corrió de regreso a la casa. En su lugar, el tipo levantó por los aires como a un papel  a un ebrio que pasaba y lo lanzó contra mi padre, que cayó de espaldas sobre la banqueta. 
Su primera reacción de mi padre–más bien la única- fue golpear furiosamente las piernas del hombre ebrio como si quisiera romperlas, pensando que lo atacaba. Con una aguja en la mano clavaba y remolía un costado del hombre  intentando dañarle el hígado. Gritaba yo desesperada y con angustia porque el pobre borracho no tenía ninguna culpa y en cambio el agresor se había marchado.

Adriana me tenía de las manos impidiendo que frenara personalmente la violencia. Se mantenía firme, de espaldas a mi padre, evitando deliberadamente ver lo que sucedía y sin aflojar sus pinzas de mis manos. Más gritos, más desesperación al notar el rostro congestionado y renegrido de mi padre. Su mirada me indicaba que su trance lo tenía lejos de poder escuchar esas dos sílabas que despeñaba yo de mi garganta.

El agredido no se movía, apenas entreabría los ojos, totalmente alcoholizado mientras mi padre le cosía su furia al cuerpo con la aguja. Al menos estaba tan borracho que parecía inmune al dolor, me decía yo a modo de consuelo y para descargar mi conciencia (en el fondo preguntándome qué tiene que ver mi conciencia en todo esto).

Busqué la mirada de Adriana esperando que me soltara. Su gesto decidido y sereno, a la vez dolido y triste, me hizo ver que no lo haría. Otra vez, de la cañada dolorosa que era mi garganta brotaron las palabras que más me cuesta pronunciar, peñascos desahuciados contra la indiferente furia de mi padre.

17.jun.05

sábado, 15 de junio de 2013

Voces en el jardín


Aquí el poema de las cuatro de la mañana



Quiero escuchar el rumor
de la hierba cuando duerme
mientras el viento cala
llevándose hojas secas.

Quiero esuchar palabras
para ese colibrí que ronda
y dice con su voz de plumas
que empieza a amanecer,
que la lluvia alimenta mis brotes
para convertirme en ramo
que se abre entre sus alas,
prestándoles pasión.

Quiero escuchar al grillo
que muerde los misterios
y saber que estoy viva,
estoy viva, estoy viva…




15 jun 2013

martes, 11 de junio de 2013

De los regresos

Primero fue mucha expectación por ir a Horas de Junio, esas horas donde Pina, Luciana, Rosario y tantas otras. Dieciocho años pasaron antes de que fuera, aunque desde el primero tenía ganas de ir a ese encuentro en Hermosillo.
Éste fue el año. Para bien o para mal, finalmente se me hizo y no tengo marcos de referencia para saber si me fue mejor o peor que a otros, pero los comentarios que he escuchado me inclinan a pensar que no me fue tan bien...
Por otro lado, siempre están esos hallazgos de nuevas voces, de poesía sobrecogedora que hace eco en mí, personajes que se quedan poblando mis recuerdos, sorpresas, alegrías.

Y encima de todo, los reencuentros: de Chihuahua y Bogotá, las íntimas amigas que también pusieron su dedo y su intención en este punto del planeta, este punto ardiente de 45 grados a la sombra que es Hermosillo y que no debe su nombre a sus características sino a cierto personaje de su historia pero que de todos modos no es feo y tiene su encanto, sus avenidas, su cerro.
Largas conversaciones en la habitación, muchas risas, juego de cosas compartidas, la sensación de no habernos separado en ningún momento, de estar sencillamente continuando la plática, ponernos al día con las noticias, los libros, los encuentros, tomar una cerveza, andar descalzas, ponernos los brillitos...

Para mí Horas de Junio es irrepetible. Por lo que acabo de escribir y porque no voy a volver... pero ¿quién soy yo para decir la última palabra?

martes, 4 de junio de 2013

Esta incipiente, desconocida viudez

Hoy finalmente partió. Él allá, en el DF a las tres de la tarde. Yo aquí, a las seis, le escribía un poema sin estar enterada.
No es sencillo describir el grado de calidad humana con que iluminó a todos quienes lo conocimos. Su buena educación, cultura, inteligencia, sensibilidad. Su manera de tocar el piano, de pintar un cuadro, de apreciar un paisaje o la comida, una buena charla, la risa de los niños a quienes siempre estaba enseñando cosas.
Un hombre que con sólo estar, daba enseñanzas. Su generosidad fue tal que con frecuencia fue tomada por asalto por seres insensibles y mezquinos.
Le gustó mucho montar, y le apasionó el piano con la música clásica. Era buen nadador y en sus mejores tiempos, extraordinariamente guapo, en los festivales de cine de Acapulco le pedían autógrafos.
El más paciente padre, el más comprometido amigo y el mejor ejemplo.

Y a mí me toca ahora decir, el más romántico galán, el bien nacido príncipe, el caballero que siempre me hizo su dama, aún cuando estuviera yo en piyamas en el desayuno, porque si me levantaba de la mesa él se ponía de pie, convirtiendo mi cocina en una corte donde yo era reina.
Me tocaba canciones en los restaurantes donde encontrara un piano, y a los tríos les pedía que acompañaran mi voz y mis canciones sólo porque adoraba escucharme. Sin borracheras ni alcoholes de por medio: con muchísima clase. Once años así, con altibajos de la vida pero no de sentimientos. 

Mis hijos fueron también suyos aunque no los engendrara, y su ejemplo, como siempre fue mi deseo y mi propósito, perdura. Ahora mismo lo acompañan para rendirle el tributo que merece, como yo desde aquí.
Nuestro camino como pareja se disolvió por causas ajenas a nosotros, pero jamás nos apartamos de ser esos grandes amigos que siempre fuimos, ni suspendimos el cariño y el respeto.
Cómo sería de grande, que quien me desposó después de él acaba de decirme que siente mucho la partida de "ese hombre increíblemente educado y generoso de quien aprendí muchísimo por el trato de respeto y aprecio que siempre me dio, por su enorme cultura, por la calidez y la bonhomía que transmitía".
Y aquí estoy yo, apuntando su nombre en mi libro de los muertos que jamás se van, llorando sola por tanto que me dolerá su ausencia, porque volver al DF será no verlo más, no recibir su abrazo y sus palabras.
Descansa en Paz, querido, queridísimo Héctor. Siempre en mi corazón.

Efectos secundarios


Estaba de nuevo en la camilla, con Claudio acurrucado junto a mí. Intenté despertarlo pero fue inútil, y contemplé de nuevo los corredores del hospital. Sentí otra vez su frío: me llevaban de regreso al quirófano y me dejaron estacionada en un pasillo.
El médico me pidió que cuidara la entrada del baño porque no tenía puertas. Aproveché para observar el quirófano, ya que estaba yo a la entrada:  del techo colgaban unas lámparas y supe que eran las que se usan para las operaciones del cerebro. Las mesitas para el instrumental tenían carpetas navideñas como el papel tapiz de las paredes.

Claudio seguía dormido en mi camilla y la única explicación que encuentro para que no lo hayan retirado es que por ser un hospital privado, de seguro cobrarán su sueño como el de cualquier paciente. Volví a ver las paredes y descubrí que tenían  llaves de agua que goteaban a todo el piso. Me pregunté si sería normal o les urgía un plomero.
Hice otro intento por despertar a mi marido. Me preocupaba entrar a la operación sin que hubiera despertado.

De pronto hubo un revuelo y médicos y enfermeras se dirigieron a un mismo lugar. Traté de escuchar lo que sucedía porque Claudio no podía ir a investigar, dormido como estaba.
Oí decir que una persona de intendencia puso el desinfectante para pisos en las botellas del suero, y los doctores desconocían los efectos secundarios que podría causar en los pacientes. Miré sobre mi cabeza: el suero ya corría por la sonda a punto de entrarme en la vena. En el pasillo no había nadie. Claudio seguía dormido. Quise gritarle pero no encontré mi voz.



Nov/97

lunes, 3 de junio de 2013

Diseño de Bodas


Ahora que está de moda encargar a los profesionales el diseño de una boda, nos contrataron para el matrimonio de la Señorita X y Fulano de Tal. La chica es insoportable: una de esas niñas consentidas que cual hijas de político van por el mundo creyendo que son lo más exquisito de la creación y jamás prestan atención a los otros.
No se molestó en disimular su disgusto por nuestra participación, que consideraba una intromisión en su preciosa vida,  pero no pudo objetar nada a la madre, que es quien paga. No puedo entender cómo una persona tan menuda, tan insignificante, puede generar tanta antipatía en quienes la rodean, porque a leguas se ve que no soy caso único y nadie puede verla.
Berrinche tras berrinche, no acepta las sugerencias, cuestiona todo haciendo mohínes y dando pataditas, y para colmo, acabamos de enterarnos de que su boda está amenazada. Sí, el terrorismo abarca los ámbitos domésticos en este país como en tantos otros.
No importa: ella se niega a seguir nuestras reglas, que velan por su seguridad. Félix y yo mantenemos contacto permanente por los comunicadores, y en la medida de lo posible, también visual.
Pero estoy a cargo de las flores y tengo que salir a revisar lo que encargué. En el camino paso por la pastelería y compro un pastel enorme y delicioso que pienso cargar a la cuenta de la tía Berrinches. Es de chocolate y mazapán, una joya para degustar con el café y en medio de todo el caos previo a la boda. La madre me recibe agradecida por el detalle y empezamos a repartirlo mientras la chica es vestida. Con furia me grita que no le gusta el pastel mientras mamita trata de disimular su grosería. Socarronamente tomo un pedazo de pastel entre mis dedos, me acerco a la fierecilla y se lo unto por las mangas del vestido con suavidad, sin que lo note. 

De pronto percibo algo extraño: los guardias apostados en las ventanas de la habitación se ven raros. Por un momento parecen caer uno a uno, pero es como si solamente se agacharan, y luego continuaran su vigilancia. Algo no entiendo y busco a Félix, que parece estar notando lo mismo. Observamos detenidamente y vemos que en la pared se clavan, casi en silencio, unas pequeñas ruedas parecidas a municiones, pintadas de blanco, negro y rojo. Me doy cuenta de que son varias y parecen tiros errados porque se encajan cercanos al lugar donde estaban de pie los guardias.
Félix intenta localizar con la mirada la dirección de donde provienen y en ese momento un zumbido de oídos y la vista nublada me desconciertan. Me dio en la cabeza, es como una picadura que no duele.
Alguien pretende llegar hasta la habitación donde la novia sigue quejándose, ahora de los zapatos. La madre salió a otro cuarto a cambiarse y Félix sigue preocupado. Yo sudo la gota lenta del miedo: no sé qué más voy a sentir, si perderé la conciencia, si voy a respirar con dificultad, si quedaré paralizada. Vaya organización de la fiesta.

Me muevo, aunque mi sensación del movimiento es en cámara lenta. Desencajo las pequeñas municiones de la pared porque escucho voces en el corredor. Deberemos aparentar que no ha pasado nada, en el más puro estilo de los gobiernos. Abro un cajón del tocador, poniendo hasta el fondo la cajita donde deposito todas las rueditas que recogí.
Llegó un tipo, el mismo que vi donde las flores. Dice que es del equipo que lanzó las municiones, que son para soportar otras ocho horas de trabajo alertas y que no hay que preocuparse, pero por alguna razón yo desconfío.

Félix da claras señales de querer hablar sin conseguirlo. Levanta su mano señalando a los guardias: todos han quedado en el piso. Nuevamente un zumbido, me mareo y veo caer a Félix.

La regadera

Después de tantos años, estoy de nuevo en casa con Emilio. Parece haber una reunión familiar. Apenas levantada, busqué dónde darme un baño. Él estaba listo y me dijo que podía usar la regadera de la recámara.
Es una pieza grande con varias camas y el techo altísimo, como en todas las casas antiguas. La regadera está en la pared, arriba de la cama, lo que es muy extraño pues  al abrir la llave, el agua cae encima. Noté lo empapada que estaba la cama debido al baño previo de Emilio. En seguida pienso que para la noche no vamos a poder dormir ahí y trato de abrir más la llave para que el chorro de agua caiga más lejos, pero se puso tan caliente que no puedo usarla y no hay más que una llave que enciende y apaga un botón haciendo ruido de alarma.
Resuelvo quitar la cama y al buscarle lugar veo que el piso de la habitación está ya encharcado. Al remover la cama noto que casi no pesa, pero tiene otra cama debajo, más pequeña. Hubiera sido mejor no bañarme, pero era indispensable porque había pasado la noche con Mario haciendo el amor.
Me baño a medias y busco mi ropa porque los demás empiezan a levantarse. Al fondo de la habitación está el padre de Emilio. Voy detrás de un ropero para secarme el pelo con un gorro de terciopelo que encontré en un montón de ropa, aunque funciona muy mal como toalla.
Comienza a entrar gente a la pieza y Doris se acerca a la cama para cambiar la ropita de su bebé. Qué extraño verla aquí: fuimos vecinas años atrás. Me mira y  dice que hacía mucho no me veía. Tengo la impresión de que ella está, como decimos, igualita.
Ya vestida, intento terminar de secarme el pelo  mientras observo la pared en donde está la regadera: tiene colores desteñidos en tono bermellón pálido con manchas irregulares que la hacían interesante. Descubro en las manchas unas letras casi borradas. Al verlas pienso que las hicieron los hijos de Emilio cuando niños, pero al pie de esa especie de dibujos están las firmas de mis primos Freddy y Arturo, quien murió hace años.
Sigo buscando formas en la pared y noto un cuadro pintado al estilo impresionista, de una calle con árboles; parece muy bien ejecutado a pesar de la pintura corriente. Fascinada por las manchas de bermellón enriquecidas por el tiempo y el agua, hubiera querido estar parada ahí por mucho tiempo pero me están llamando al desayuno y además Emilio tiene que ir a trabajar. Lo que no sé, es qué voy a decirle a Mario.


ene/2000

domingo, 2 de junio de 2013

Matando las horas solas


“Es una galleta simiesca”, dije mientras le daba una hojuela deshidratada de manzana a mi perro.
Había abierto la lata número tantos de cerveza y batallaba contra la soledad.
Pensé en el Centavo y su méndiga manera de alejarse, como si yo hubiera cometido un estropicio en su contra o como si de plano ni mereciera su amistad.
Pensé en lo sola que estaba, y en cuántas veces me había sentido así. Últimamente venía siendo una cosa densa, desde que nos cambiamos de ciudad y los amigos se quedaron lejos.

Otra hojuela para el perro y otro trago para mí.
La tele me cansó. Vi una película incompleta sobre un hombre que estaba en vísperas de casarse y sin embargo iba a buscar a una prostituta —morena belleza explosiva que sólo existe en el cine—que le decía que cuando amaneciera todo iba a ser límpido como nunca, y así fue, pues cuando despertó, el hombre tenía nueve años de nuevo.
Luego terminó como película francesa, con un final bastante ingenuo y rosa con beso de príncipe azul y todo. Con razón mi marido piensa que puede hacer películas.

Después del atardecer le llamé al Rafa para decirle que me interesa comprar ese pigmento verde que a veces surte su amigo, el de la tienda con nombre de batráceo. Me dijo que quizá mañana me acompañe. Yo ando en blanco, no hay ni rastro en el cajón donde siempre guardamos los colores.


Las hojuelas de manzana me hostigaron, así que voy por más cerveza. La noche empieza apenas, y la luna es un barquito. No sé para quién escribo, pero desde niña hacerlo me hace sentir acompañada. ¡Salud!.

sábado, 1 de junio de 2013

Los caprichos de mi madre




Mi madre, que según me entero vive ahora en el otro lado, llegó de visita inesperadamente. Todavía tenía algunas de sus cosas en mi casa, que junté para dárselas con otras que yo había guardado para obsequiarle.
No sé de dónde fue a sacar a Lucero, la perra negra recogida que quiso tanto. Yo no sabía que todavía la tenía porque no la había vuelto a ver. Sin ningún reparo comenzó a llenarla con las cosas que le cabían. Nunca supe que la hubiera hecho disecar, y me impresionó verla como si cobrara vida conforme mi madre la engordaba metiéndole ropas y cosas como si fuera su maleta. Lo más feo eran los ojos, fijos y sin vida.

Como los de mi padre, sentado en una silla de ruedas. Sabíamos que no estaba vivo, tenerlo así era otro de los caprichos de mi madre. Pero hubo un instante en el que él volvió su mirada hacia mí. Sí, su mirada, no los ojos fijos y apagados. Yo sentí un vuelco tremendo. Alguien que estaba detrás de mí, por fortuna vio lo mismo que yo, pero nadie nos quiso creer cuando dijimos.


Para quitarme la horrible sensación en el estómago, cambié de lado en la cama para soñar con otra cosa.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Sin detalles


No sé qué andamos haciendo escondiéndonos de esa mujer y con el miedo en la panza. Además es ridículo que no nos encuentre en este hotel, aunque podríamos tener una oportunidad para que no nos vea porque están remodelando y muchos cuartos están vacíos con las paredes a medio pintar y por todos lados hay trabajadores haciendo reparaciones.

-Yo creo que no hay que bajarnos del elevador en la planta baja, porque seguro ahí nos está esperando…mejor bajemos en el primer piso- dijo Miguel.
-No, la mujer es muy lista y puede pensar lo mismo, así que mejor pícale al dos y ahí nos bajamos-, dije.
-Yo no quiero que nos estemos metiendo en todos esos cuartos y que los de la administración nos tomen por abusivos, mejor pago un cuarto como la gente decente.
Y antes de que pudiera yo decir algo, Miguel ya estaba hablando con la señorita de la administración, solicitando un cuarto.  Le asignaron una habitación espantosa  que estaba a un lado, pero no dijo nada. Yo me pregunto cómo demonios le vamos a hacer para usar el mismo baño que usarán todos los que alquilaron para la fiesta que se está armando en este mismo piso. Es lo que me choca de él, que nunca se fija en los detalles.

Mientras lo registran en el libro y le preguntan cuanta cosa, trato de hacerle señas que le indiquen que tenga cuidado. Se distrajo con eso mientras le preguntaban cuál era su auto.
- Un BMW- dijo.
- Ah, yo creí que traía un Corsa- dijo el botones.
- Y yo pensé que traía un Alfa- dijo la recepcionista.

Yo soy la más confundida porque ni tenemos coche y como ya no aparece la mujer de la que nos escondemos, no veo el caso de seguir aquí, ni de pagar la cuenta de un cuarto tan desastroso, ni de nada, estoy cansada. Eso es lo que me choca de él, que nunca se fija en los detalles.



28.II.04

lunes, 27 de mayo de 2013

El encanto del circo


Como todos los niños, había visto pasar el circo desde la ventana de su casa, en el desfile de animales exóticos, payasos en zancos y espectaculares mujeres caminando con poca ropa y mucha lentejuela por la ciudad.  Sin embargo nunca sintió particular atracción por ir a las funciones. Jamás hubiera pensado que en cierto momento de su vida estaría en una situación tan precaria que solamente el circo podría serle de ayuda.

Estaba tan necesitada de trabajo que aceptaría lo que fuera, y así fue que se quedó a trabajar en el circo de todista, es decir, de ayudante de todo. Había sido buena idea ir a ver sus instalaciones porque así se enteró de que necesitaban mozos.

De modo que de pronto estaba inmersa en ese mundo que desde niña le parecía un lugar riesgoso y lleno de malos olores, además de lo pesado que parecía la vida para cualquiera que estuviera ahí, siempre empacando pertenencias para andar en todas partes sin ningún sitio fijo, sin familia y sin amigos, encerrados en ese único círculo de gente extraña que podía vivir bajo una carpa. Pero cuando los tiempos son más difìciles que nunca, no se puede andar con contemplaciones y aceptó el trabajo aunque sabía que solamente saldría del paso un corto tiempo.

Todo era una sorpresa y le tenían que explicar constantemente cada cosa que debía emprender. Nunca vió a los trapecistas,  a quienes admiraba aunque le pusieran los nervios de punta.

En cambio le gustó trabajar con el hombre que tocaba las cuerdas. Éstas estaban suspendidas desde el punto más alto de la carpa hasta un lado del telón por donde salen los artistas. Eran varias cuerdas de distinto grosor y él las tocaba con sus dedos como si fueran un arpa, produciendo un sonido muy bonito. Mientras tocaba, otro ayudante lanzaba unas luces de colores sobre las cuerdas y parecía que danzaban. Ella miraba tan arrobada el número justo al pie de las cuerdas, haciendo nada más que estorbar, que el ejecutante le pidió públicamente que se quitara. Terminaron pronto sus minutos de gloria en escenario y avergonzada sólo esperaba que nadie del vecindario hubiera ido a esa función.

El tiempo transcurre muy rápido y la vida en el circo también, de modo que cuando menos pensó ya estaba enamorada de un cirquero. En las noches salían bastante tarde a recorrer el parque donde ella de niña aprendió a andar en bicicleta, y contaba la historia de su barrio o su familia. Él no tenía recuerdos que no tuvieran que ver con la carpa, y le gustaba escucharla.

Llegó el día que temía, en el que el circo se tenía que ir de la ciudad. Siempre estuvo segura de que no se iría con ellos,  pero en ese momento estaba encariñada con sus compañeros y el ambiente, y le pesaba dejarlos marchar. Para colmo llegó José con su cara llorosa a despedirse, porque ya le había  dicho que de ninguna manera se iría con el circo. Sintió dolor de verlo, parecía un niño friolento y su rostro le decía mucho más que la única palabra que le dijo: “adiós”.

Ya tenían recogido y en camiones todo, así que se quedó en la tienda de unas personas que cada año apoyaban al circo pero residían en la ciudad. Eran, como en el circo, muy amorosas y abiertas. Al menos ahora tendría un lazo con alguien en esa ciudad en la que nunca había sembrado una amistad. Parecía a punto de llorar, y la señora de esa tienda le dijo “saca eso que tienes, porque te va a hacer daño”. Era algo que siempre había tenido: en ocasiones en las que sentía una pérdida, se hacía una bola en medio de su pecho y no la dejaba respirar. Pero nunca supo cómo desbaratarla, y para colmo, no sabía lo que es llorar.

La hija de aquella señora le dijo que iba a llamar a la que sabe de esas cosas y las deshace, y la trajo con el pensamiento porque en ese momento entró en la tienda vestida con un abrigo de pelitos. Sin decir nada la abrazó como dando un pésame, y así se quedaron un rato, hasta que sus cuerpos se empezaron a balancear hacia uno y otro lado, y ella se daba cuenta de que ninguna estaba haciendo fuerza, más bien sentía que sus cuerpos eran mucho más ligeros, como hojitas, y de pronto, sin vértigo ni previo aviso,  su cuerpo se desplomó en los brazos que la sostenían, como cuando se está dormida o desmayada, pero se daba cuenta de todo. Colocaron su cuerpo en una cama y la miraban no sabía si con pena o con cariño, diciendo “pobre, no aguantó”. 

Desde muy lejos escuchó apenas los motores de las camionetas y los balidos de los animales al marchar la caravana del circo. Imaginó que la señora le hizo un encantamiento o cura que la puso en ese estado, y no supo cuánto tiempo seguiría ahí sola, como piedra, abandonada en ese lugar en espera de un circo que la hiciera revivir.



28.II.04

Cosas que trajo mayo

Aquí llegaron mis libritos
Me trajo el FIP, Palabra en el Mundo, Poesía en todas Partes, que es un hermoso proyecto para convocar a la paz en el mundo y que disfrutamos muchísimo. No pude tomar fotos porque estaba de encargada, pero en cuanto tenga el video lo compartiré.

Me trajo, por desgracia, dos sustos mayores debido a la delicada salud de dos amigos para quienes me mantengo en cadena de oración y aunque veo que transcurren los días de este mes sin que se recuperen, seguimos manteniendo viva nuestra esperanza de que al fin estén mejor.

Me trae el descanso una vez terminado el FIP, y a la vez otra emoción: estuve enviando poemas para un pequeño libro que me editaría una poeta amiga. Pensar en los poemas, en las portadas, en todo eso, siempre es energético, me llena de alegría.

Me trae otra emoción: la de ir a un Encuentro Iberoamericano de Escritores Las Horas de Junio, en Hermosillo, donde nunca he estado. Nuevas voces, nuevos poetas, nuevos inicios.

Y me trajo esta mañana dos sorpresas: la llegada de la pequeña cajita que contenía ¡al fin! mis libros, y la entrega de dos cajas de libros del acervo de Conaculta para mi sala de lectura El Tapanco.

Nada mejor para terminar brillantemente el mes, porque en cuanto a la salud de mis amigos, como dije, mantengo la esperanza de que todo esté mejor.

Como dijo Violeta: ¡Gracias a la vida!

Aquí el acervo para El Tapanco

lunes, 6 de mayo de 2013

De mi serie "Intervenciones"

"Lecture department"

Esta vez quiero compartir una hoja del libro intervenido que tiene ese título. Son libros que altero para crear otro código, otro mensaje. Es algo que me parece delicioso hacer, me absorbe por completo y lo disfruto muchísimo, espero les agrade verlo como a mí crearlo.

Collage y pintura sobre libro.





jueves, 2 de mayo de 2013

Inicios de la enfermedad de mayo y FIP

Estoy padeciendo "principios de mayo", mis síntomas son:
tardar rato escuchando a los pájaros y desatender lo que me está diciendo una persona; despertar muy temprano con la idea de buscar la cara al sol y sentirlo tímido a esa hora en mi piel. Pararme a cada rato frente a la ventana para percibir la corriente de aire deliciosa en el cuerpo. Salir al patio a mirar el cielo. Dejar la compu o el quehacer para ir a hacer unas pompas de jabón al patio. Quererme traer a casa todas las flores que han crecido en las orillas de las banquetas y en los terrenos baldíos. Observar detenidamente los avances en mis macetas. Comer la fruta a mordidas y bañarme con su jugo.

Encima de todo eso, que me ocupa mucho tiempo, tengo que seguir organizando lo del Festival Internacional de Poesía Palabra en el Mundo, que se hace por la paz, sí, por esta paz que en mi pequeño mundo doméstico disfruto mucho pero que para tantísima gente sencillamente no es posible porque quizá no tiene ni siquiera un techo, un bocado, una cobija. Eso es violencia, la inequidad es violencia, y sigo junto con todos mis colegas poetas y eternos soñadores creadores pensando que hay que poner este granito de arena para lograr que un día que no veremos, la paz y mis síntomas de mayo estén presentes en todos los humanos.


lunes, 29 de abril de 2013

Singular obra de arte para nuestro VII FIP PALABRA EN EL MUNDO

He recibido un paquete que contiene una obra de arte hecha con papel, para que participe en nuestra exposición del Festival.
Lo que me conmueve es todo lo que dice esa obra: habla acerca del hombre y sus orígenes por medio de figuras.
El artista que lo envió no puso su nombre y debió pedir asistencia para que me enviaran su trabajo, ya que se encuentra recluido injustamente en un penal horrendo como son todos.
Me impresiona muchísimo, y me conmueve, que alguien con tan poco espacio y tanto mal trato pueda compartir con nosotros su inmenso espacio interior, colorido y luminoso por lo que vemos.
Ese artista, ese hombre sensible al arte y la poesía merece todo mi respeto, y tener esta obra suya entre mis manos para poderla presentar a todos, es de las cosas invaluables con que, increíblemente, la vida constantemente me regala.
El día de nuestro Festival Internacional de Poesía Palabra en el Mundo leeré el mensaje que vino con la obra de arte. Y esa sola lectura valida ampliamente a nuestro Festival, que tiene por cometido unirnos en el arte y la paz, eliminando la violencia... al menos por el tiempo que dura nuestra fiesta.




Sé que para confeccionar esta obra, el papel debe ser cortado a cierto tamaño y doblado con cierta forma, lo que provoca muchas cortaduras en las manos. Me parece genial que la vasija contenga un discurso plástico y literario a la vez que épico, ya que menciona la creación del hombre a partir del un río. Que todos los elementos estén dispuestos en ese espacio con tanta armonía me habla de una destreza que el autor desdeña porque dice "no ser artista".

¿Ustedes, amigos lectores, qué opinan?

viernes, 26 de abril de 2013

De las cajas



Se hizo la caja para guardar al sol que hace jugosos nuestros corazones, para tender los huesos tibios,  encontrar en los rincones nuestra sombra.

Se hizo la caja para guardar memorias,  maderas perfumadas en donde reposar suspiros de doncellas, retratos o cerillos, declaraciones de amor, lastimaduras de papel, palabras que no deban olvidarse... cajas que empequeñecen con el tiempo, cajas que luego olvidamos o que recuperamos

Cobijo de silencio  donde el agua nos mece los oídos,  envuelve con sus cuatro paredes nuestro sueño, germina nuestra vida, nos guarda soledades, canta para nosotros con nuestra propia voz.

Cajita de Pandora que no tengo; caja que nos volvemos para guardar los miedos, donde escondemos lo peor de lo que somos. Caja de horrores que desata  a la penuria que flagela al mundo.

 Caja que me cobija y que me guarda, cofre, caparazón, escudo, casa.




De mi serie "Intervenciones", muestra de una de mis cajas.

lunes, 22 de abril de 2013

VII Festival Internacional de Poesía Palabra en el Mundo, en Ensenada, B.C. Mx.




¡TODOS A PARTICIPAR!

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liz.durand.goytia@gmail.com