domingo, 30 de diciembre de 2012

Una última palabra en este año...

Gracias a todos ustedes que en todo momento me han hecho sentir acompañada, gracias por tantos que han mencionado que leerme aquí es como si tomáramos una taza de café, Cuando decidí escribir en este blog nunca imaginé cuánto ganaría en cariño y satisfacciones, cuánto aprecio sentiría por hacerme parte de sus días, por leer mis patoaventuras y acompañarme a lo largo de este año, uno más en el que las visitas se incrementan.
Vayan hasta donde todos ustedes mis deseos para que mediante el arte, la poesía, logremos transformar este mundo que tanto hemos lastimado, y para que cada uno de ustedes logre sus propósitos y viva rodeado de paz y alegría.
Ha sido un año difícil, revuelto, por momentos tan violento que nos ha hecho trastabillar la esperanza o el optimismo, pero aquí estamos todos nosotros, quienes creemos que sí podremos, con nuestro grano de arena, cambiar ese despropósito para lograr un amanecer que comienza con este nuevo año, esta otra etapa en la que seguiremos, codo a codo, sembrando la poesía en contra de la violencia.
Que sus sueños sean palabras, y sus palabras sean la paz nacida de sus corazones.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Hace 39 años, en un día como hoy...

Hay fechas que recuerdo, aunque son muy pocas. Sólo tengo presentes algunos cumpleaños, y los aniversarios de otras cosas generalmente no están en mi cabeza. Pero en la fecha que puse por título ocurrió un gran cambio en mi vida, y por eso permanece.

Aquel día no hubo agua en la casa, y acompañada por una de mis tías nos fuimos a unos baños públicos a darnos un baño turco porque yo necesitaba estar particularmente reluciente por la noche.
En casa de mi abuelita, donde yo vivía, todo seguía normal: muchos niños, juegos, café a toda hora. En cierto momento de la tarde procedí a vestirme para la ceremonia: el vestido estaba listo, sencillo, y tenía yo una sensación rara porque jamás había usado antes un vestido largo, en agosto había cumplido 18 años, y era mi primera vez... en muchas cosas.
Me quité los pasadores del cabello, que me quedó un poco rizado, y acomodé el tocado que había comprado en el centro con florecitas de migajón en tonos pastel. No encontré guantes.
Al poco rato me avisaron que habían llegado por mí. Pepe había transformado su automóvil y ahora estaba forrado de satín blanco, sin el respaldo delantero para mi mayor comodidad al ocupar el asiento trasero, y con un círculo de margaritas con un punto en medio en el cofre, indicando su "misión cumplida". Yo era, desde luego, la persona más importante del mundo en esos momentos.
Me despedí de la familia en casa, sólo me acompañarían mis padres y una hermana de mi mamá con su hija, ya que los demás no comulgaban con la idea de la ceremonia.
Claro que en el auto sólo iba yo, como una reina, recorriendo el camino de la Col. Roma a la del Valle, en el DF, donde me esperaban.

Y fue en aquella noche que empezaba, cuando contraje mis primeras nupcias. Con un corazón pequeño y grande, como grandes eran las ilusiones. Con una alegría tan desbordante que el sacerdote nos indicó que "no es un juego"...

Hoy miro a aquella chica, la percibo adentro de mí con su ingenua frescura, y me alegro que se hubiera quedado intacta después de todo, que guardara lo bueno y lo demás lo olvidara.
Soy esta mujer y aquella casi niña. Soy toda esta experiencia pero también esa inocencia.
Me alegra haber crecido un poco, y no me refiero solamente a las canas.


Con mi padre, q.e.p.d.

Y se termina el año

Convulso, extraño, violentado... pero aquí estamos, sin mella en la esperanza para seguir adelante, con el propósito firme de continuar proyectos: lectura, talleres en Oaxaca, Penal de Barrientos, El Zorrillo aquí en Ensenada... En fin, que no paren las buenas voluntades y los empeños para seguir poniendo ese granito de arena que forma los desiertos.
El árbol está desnudo, dijo Mardonio, la ausencia de sus verdes orejas promete primavera, así que como el año, nos vestiremos de flores cada día que venga, flores de papel o de lata, pétalos de viento o nube. El árbol que era el año sólo está dormido, renovando su savia, tendiendo otro poco sus raíces para brotar de nuevo, para brindarnos otra oportunidad de hacer lo que queremos, lo que debemos, lo que disfrutamos...
Felicidad puede ser cualquier pequeña cosa: ver una flor nacida del pavimento, escuchar un pájaro en el patio, sentir el abrazo del sol, así que deseo felicidades para todos en cada uno de los días que vengan, y que sus corazones crezcan en la luz.
Mapas, Vidas. Collage
Gracias a todos ustedes que me leen, que me escriben, que me alientan. Va mi abrazo.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Seguimos con la lluvia y la poesía


Paraíso de lluvia                                                                                                             

Esta llovizna firme
que me transforma en agua
todos los recuerdos,
que lava mis distancias
y me las deja con olores intactos,
que me lleva a los tiempos frutales de niñez,
al territorio donde copos de nubes señorean.

Esta lluvia, 
digo,
esta señora cantarina
arrulladora de noches y mañanas
que se presenta siempre con chales hechos bruma
y se perfuma con café, coqueta;
esta lluvia nutriente de los verdes,
de cañales que le muestran reverencia
y de flores que le ofrendan sus tres tiempos,
es la lluvia que hermana los dolores
que las almas terrestres adormecen.
Es un listón de agua donde se anuda la sed.
Un pájaro que vuela en gotas
que jamás abandonan Paraíso.
Es una lluvia que bautiza a sus mujeres
y hace dulces sus voces.


Es una lluvia propia, delgada y amorosa,
sin truenos en la voz ni agujas en el agua.
Esta llovizna puede tocar mi corazón,
llenarlo de burbujas perdurables
y dejarlo como un ojito de agua
en el pequeño Paraíso
que desde esta madrugada
me ha nacido en el pecho
y me acompaña.


Paraíso de Cartago, Costa Rica.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Un texto de la poeta Pilar Rodríguez Aranda

Estoy trabajando en este texto, lo pongo porque creo se relaciona al tuyo... 

LAS HIJAS DE LA LLUVIA

“Este país hay que quemarlo”

Así dijo Socorro Soto, el 1er día del Encuentro de Mujeres Poetas en el País de las Nubes: 
La República en la Voz de sus Poetas, 
Ciudad de México, 4 de noviembre, 2012


El fuego purificador
cenizas para cubrir
nuestros rostros
avergonzados
huesos fusionados
con la carne 
sus entrañas
calor que conforta
y transforma

Tamaulipas
Baja California
XX Durango Q Roo
X Guerrero D F
Oaxaca

Ofelia: “que no termine, que sea una firma, un compromiso”

Se menta tanto a la luna

Abusada
tan blanca y tan lejana

No es espejo
es espejismo
No es reflejo
es algo ya dicho

luna pasajera
abusada

Saavedra, Carmen
menciona otra vez al fuego
el de los dragones
el de las bestias
el enemigo

Tan fácil decir “yo no sabía”
Es que nunca sabemos
Hay siempre que estar
preparados
para la vida y para la muerte
para el amigo y el otro

y por supuesto, para la poesía

Hay que despertar nuestros dragones

Soplemos el fuego de nuestros vientres
secos y agotados

Quememos lo viejo 
quememos las naves
quememos las yerbas malditas
quememos las guaridas donde se esconden las mentiras

Quememos los campos para preparar y echar en la tierra la nueva semilla

Soplemos como dragonas
Serpientes aladas y escamadas

Poetas bestias
escribiendo
poemas bestia

La bestia
es nuestra aliada 
es la gran fuerza

Vamos a quemar este país 
con sus gusanos
y su herrumbre
su mal olor y un sabor de boca
como de carne podrida en el estómago

Regurgitar la flama y rugir
ya no solo a la luna
sino también al sol

Directo al corazón 
Ya no solo la tan sobada palabra
que, ¿conocemos?
-Amor
amoramoramor y destino

Entre las “mil canicas de nanche”
“este país hay que quemarlo”
vamos, 
a quemar -lo

Y luego esperar la siguiente temporada de lluvia 

Y ahora que llueve...


Herencia de lluvia



Nací del agua y de las lluvias,
de aguaceros brumosos, cantarines.
Mis brazos ríos, laguna mi sonrisa.

El agua de mi voz es manantial, 
moja mi espíritu para crecer
las germinales huellas de mis pasos.

Nada mi voz en las pozas
nenúfar azulado,
pétalo que busca al mar.

Nací del agua y de las lluvias,
de tierra donde el agua es alegría
y el corazón canción.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Un poema antiguo, de los que siempre duelen





Rimero

I
No he de beber la leche
del seno de mi madre;
no he de ser bienvenida
porque nací marcada
con figura pequeña,
con la voz más desnuda
que de recién parida.
No he de sentir cobijo
a la sombra  
del nombre de mi padre.

Ya murmura mi sangre   
su cansado latido
y regresa la voz
con su sentencia.
Ya me viene la niña
de la angustia,
la joven quimerista,
la mujer temblorosa.
Ya me vienen 
la madre germinal,
la hija no grata,
la ramera triste,
la india sola.

Ya vienen todas
a entrar en mi osamenta,
este andamio de penas
que apenas me sostiene.
Siento bien cómo encaja
en mi mano la otra mano
de quien es señalada,
la que tampoco tuvo
del pecho de su madre
una vacuna de calostro
contra el designio
de ser hembra.






II
No quiero ver silencios 
instalados en filas;
no detengo a los ruidos
que el día deja tirados.
Que se dejen las noches
de pudrirme los sueños,
déjenme entrar al ocio
de ser sólo otra vida
para no  llorar sangre,
para tener lo mismo
que otros gastan serenos 
sin condena.
Que se deje la vida 
de atravesarme  gatos
cada vez que por trozos
me robo mi destino,
no vaya a ser que encuentre
por fin las maldiciones
y me convierta en Circe
en Lilith, 
Salomé,
y desate estas manos
para que se levanten
o degüelle al silencio
para que todos oigan.


III
Interminables huellas
jamás recolectadas
construyen un sendero
arrancado al desierto.
Me niego a ver los ojos
que de lejos no miran,
no quiero oír las voces,
el rimero de quejas
que en el silencio punzan,
que sin ruido taladran.

Ya me dice la noche
con su llagada luna
que su plata es un filo
en las sitiadas hembras 
desde ayer en el tiempo,
Ya murmura mi sangre
su cansado latido,
me sostienen los huesos
en andamio de penas
y este rimero triste
de mujer condenada
se me esconde en el pecho
cuando vienen la india,
la mujer o la madre
cancelando los sellos
de la ancestral condena
para que beba dulce
calostro alguna niña
y yo duerma en el sueño
y me ría con la vida



Liz Durand Goytia