viernes, 30 de noviembre de 2012

De las cosas ¿sencillas? de la vida

La mañana es temprana, el sol no ha extendido su melena y el fresco nos empuja a poner el café. La casa se asombra con el inusual parloteo en el desayuno, acostumbrada al silencio. Comienza la plática, los recuerdos que ella siempre tiene a mano como si recién hubieran ocurrido.
La observo: su increíble y tersa piel, la aurora de su cabello, las chispas en su voz. Le sienta bien el color negro, igual que a mí, me digo mientras escucho historias de su infancia.
De repente me concentro más en lo que dice: está contando que no sabe por qué, pero desde niña le causan horror las tortugas. Mi sorpresa es enorme: es la primera vez que escucho a alguien decir que siente lo mismo que yo con respecto a las tortugas...
Y sigo concentrada: No somos del mismo signo, nunca he convivido con tortugas como para contar con una experiencia traumática que me impidiera verlas como todo el mundo, nadie me enseñó a verlas feo, en fin, la única explicación, al final, salta a la visa: debe ser genético: mi madre me ha heredado su aversión a las tortugas.
Para no arruinar el desayuno, mejor hablamos de pericos, del loro aquel que tuve y que imitaba la voz de todos, hacía como ambulancia y sonaba como teléfono. Y de la casa de madera donde vivió antes de que mi abuelo construyera la casa que conocí...

lunes, 26 de noviembre de 2012

Pensamientos sobre el amor o Ni cómo ayudarnos...

Uno debería poder entregarse al disfrute de la vida y sobre todo al amor cuando lo encuentra, cosa ya de sí tan difícil. Hallar en el camino a esa alma gemela que se convierte en el recinto de paz, que proporciona tal alegría, a veces apacible y otras tan exaltada no es cosa cualquiera, es una gran fortuna y la bendición más grande que debemos honrar.
En cambio, nos llenamos la cabeza con ideas y prejuicios que enmarañan a la razón, y se sume uno en un profundo pozo de aguas turbias que roban el aliento y medran nuestra paz.
Buscar hasta encontrar al otro que nos complementa, estar alertas para detectar esa luz que nos inunda de manera especial, allegarse a él y luego y sobre todo, conservarlo, se ha vuelto una tarea tan difícil que se antoja un sueño cada vez más imposible convertir en realidad.
Nos atormentan los prejuicios, nos paraliza el miedo de dar al fin el salto, de quemar las naves, de entregarnos a esa determinación que prevalece en nuestro pecho como una reluciente verdad,  tan luminosa que creemos estar cegados y la confundimos y la cuestionamos como si en el fondo no supiéramos que sí, que estamos seguros, que el amor vale la pena ser vivido hasta las últimas consecuencias porque la recompensa que nos da hace crecer nuestro interior y nos regala con una dicha que resulta inconmensurable.
Pero qué difícil entregarnos al sencillo placer de amar y ser amados, qué difícil no pensar en otras consideraciones impuestas solamente por la costumbre, a cultura o las creencias.
¡Cuánta zozobra causa pensar sólo en amar, en entregarse! Cuánto miedo al dolor y al sufrimiento como so no nos acosaran de todos modos en cada uno de los días de la existencia, como si no hubiéramos aprendido a remontar las aguas después de las tormentas un poco más crecidos o un poco más sabios.
Y así vivimos, dejando ir al amor como si fuera una ilusión tan sólo, como si no pudiera cobrar forma y ser nuestro cobijo en tantos días yermos como ahora vivimos, dejados de la mano de Dios por soberbios, envenenados por esta sádica violencia que ha convertido al mundo en un baño de sangre sin que sepamos cómo redimirnos...

sábado, 24 de noviembre de 2012

La inesperada ausencia

Así, sin saber cómo, sin saber de dónde. Como es la muerte: sin aviso. Así partió Arturo Rodríguez R., "Don Arthur" para todos, ese hombre generoso, inmenso, apacible, buen amigo.
Años de verlo constantemente detrás del mostrador del Café Tomas, lugar que es imposible pensar sin la sonrisa y el afecto de Don Arthur.
Quiso el destino que de pronto, mientras veía la tele en su casa donde vivía solo, rindiera su alma al Creador. Y esa misma extraña suerte hizo que mi hija con un amigo lo fueran a buscar y lo encontraran "demasiado tarde" para todos nosotros.
Cuesta asimilar esta sorpresa, el desconcierto y la pena nos agobian y nos hacen pensar de inmediato en cuándo fue la última vez que lo vimos, cuándo le dijimos cuánto lo apreciábamos...
Pero para nuestra tranquilidad en la conciencia, él se sabía querido. Nos queda la reflexión de lo frágil que es nuestra existencia, de cómo tendríamos que vivir cada día como si en cualquier instante tuviéramos que pedir la cuenta...
Descanse en Paz, Don Arthur, siempre vivo en el cariño y la memoria.

viernes, 23 de noviembre de 2012

Lecciones




Llorar de modo que no se vean las lágrimas, 
que sólo el corazón perciba la tenaz mordedura del llanto.

Mirar vaciando el océano triste de los ojos,
que sólo esa marea sufra el tridente atormentado del dolor.

Soñar jugando con sogas y muñecas,
que sólo aquella niña sepa que no es bueno despertar. 

miércoles, 21 de noviembre de 2012

Otro del archivo


El hechicero


¿Cómo llegaste hasta mi noche
incandescente y mudo
para ungirme la mágica poción de tus rituales
clausurar los sellos,
sembrarme el vientre de amapolas,
untarme con el oro de tu lengua?
¿Cómo,
digo,
entraste al aposento resguardado,
destruiste la guardia que devota me cuidaba
y colocaste pausado
cada paso que te trajo a mis baldosas y a mis días,
hasta el respiro que me llevó a tu noche
enorme y mágica
como tu manto de fuego y terciopelo?

Me sometió tu abismo sin palabras,
mi voluntad de querer lo imposible.
¿Cómo llegué a este cielo?
¿Cómo me hiciste nube?
¿Cómo, demonios, me envolvió el hechicero?

martes, 20 de noviembre de 2012

El poema de hoy...


La novia triste


Era una novia triste con los brazos caídos
y de sus ojos nacieron manantiales.
Aquella tarde sintió que estaba sola,
que ese disco distante no guardaba calor,
que era hielo y dolía lo que el pecho llevaba.

Era una novia triste como un mar desolado,
y de su pecho rodaron peces muertos.
Un desierto fue el mundo,
una infinita sed y una enorme amargura,
porque una novia triste sólo sabe doler.




domingo, 18 de noviembre de 2012

Al fin de vuelta

El mismo aire, tres semanas después. La luz es diferente, oscurece más temprano, y la comida me parece extraña luego de una semana comiendo en la Mixteca y en la ciudad de Oaxaca. Por eso, quizá, esta tarde he guisado chapulines y preparé una pasta con un pesto de hoja santa...

Como quiera, anduve de Catrina

A volver a la supuesta y rebuscada "normalidad", a tomar café -pero ahora cómo, cuando se me ha roto mi cafetera- a hablar con Nube cuando me encuentre sola, a seguir, a seguir...