lunes, 2 de abril de 2012

Últimos días del viaje al DF

Al principio me parecían muchos días, y ahora que veo cuándo regreso, ¡se me han desaparecido! Claro, esta magnífica ciudad tiene mucho de culpa con sus enormes distancias y su tránsito siempre anquilosado.
He sido prudente con la comida esta vez, pero no dejé de paladear unos tacos de suadero, tripa y pastorcitos.
Tuvimos lectura gracias a los increíbles y rápidos oficios de las poetas chintololas Estela Guerra y María Elena Solórzano, el jueves pasado en la Casa de la Palabra José Emilio Pacheco, en Azcapotzalco, también leyó la maestra María Elena Cerecero. Ella me hospedó unos días en su casa de Lago de Guadalupe, lejísimos de San Pedro de los Pinos, donde trabajamos muy a gusto los textos que someteré a revisión para posible edición. Nada como tallerear los textos de los que tantas veces nos sentimos inseguras, con una maestra sabia que no por amiga deja de sugerirme ideas para mejorar... ¡cuánta suerte la mía!
Una entrevista familiar con mi tía Tere Goytia y las niñas Adry y Gaviota, degustando un almuerzo italiano larguísimo y delicioso en el domingo que nos tenía mareadas por el cambio de horario y las desveladas.
Me falta ver a mi querida Alicia Olivera, con quien no doy desde ayer, ir al Museo del Escritor, pasar por el mercado de Mixcoac y recoger las bolsas que diseña mi amiga poeta Diana Vallejo, para dar por terminada mi visita en la ciudad.
Es muy hermoso llegar aquí y sentirme siempre acogida, cuidada, apreciada, divertida, paseada... ¡ah, porque hoy iré también a la venta de libros en el Auditorio!... Pero, definitivamente, la querencia está en Ensenada, me esperan unos brazos cálidos, es decir, mi hogar.

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