jueves, 31 de marzo de 2011

La guerra por TV

Te vi: tan grande como a la montaña,
con ojos igual que lunas.
Apenas ayer soñabas
y ya desde ahora gimes.
Antes nunca hubo lluvia que te causara daño,
que soplara un incendio y te abrasara.
Tú resistes en la guerra:
no encuentras a tu madre
ni a tu padre
y cargas por herencia dolor ilimitado
y un cuerpo tan distinto al que tenías
que ya no puedes enjugar tus lágrimas.
En el momento en que te miro
manos ajenas te secan ese llanto
que ya no vio tu madre.
Solo
sin los molinos de tu cuerpo,
sin esas flechas de siete años de altura,
más grande que esa montaña que dijiste,
más valiente, 
más hombre tú
que todos esos que andan en sus botas.
Más cerca tú del cielo en ese infierno,
tú,
el de los ojos de luna
de quien no conozco el nombre:
nunca sabrás que aquí,
tan lejos,
por el brevísimo tiempo 
en el que vi tu imagen,
me convertí en tu madre dolorosa,
abracé tu orfandad con mi plegaria
y pronuncié maldiciones a la guerra.
Tú que conoces
del llanto y el dolor injustos
nunca sabrás de la amargura
de estas lágrimas 
avergonzadas, vanas,
y mucho menos preciosas que las tuyas.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Liz Taylor y yo

Definitivamente no es el espacio para ponerme a hacer el recuento de la vida y la obra de esta extraordinaria actriz que desafortunadamente para nosotros, abandonó este mundo el día de hoy. Baste decir a manera de homenaje, que he sido gran admiradora de su trabajo y su belleza, ambas cosas singulares. Desde una película que vi con Orson Wells donde ella es un pequeña huérfana -hermosísima, casi rapada- hasta los peliculones como De repente un verano o Quién teme a Virginia Woolf, la señora era una diosa en la interpretación. Su vida privada me resulta apenas conocida excepto por la cantidad de maridos que siempre publicitó la prensa, y lo que se me grabó mucho fue su historia de amor con Richard Burton porque cuando yo era chica siempre aparecían noticias al respecto y eran la comidilla.
No hace tanto tiempo que le pregunté a mi madre la historia de los nombres de sus hijos, y me vine a enterar que el mío lo debo a su admiración precisamente por Liz Taylor, de manera que siento una pequeña liga especial hacia ese personaje a quien debo mi nombre, que por lo demás, siempre me ha gustado y en la escuela o el trabajo nunca tuve tocayas, cosa rara. Dice mi madre que cuando me bautizaron el sacerdote no quería ponerme ese nombre porque "no era cristiano", hasta que le explicaron que era algo así como Isabel pero en inglés...
En casa de mi abuelo Manuel había un calendario en la pared, con el hermoso rostro de la actriz, y tenía la particularidad -no sé si real o mítica- de que parecía seguir a uno por donde se moviera con la mirada. A mi no me parecía extraño pero creo que a algunos de mis hermanos los asustaba, y no recuerdo quién cuando subía a la recámara donde estaba, lo volteaba hacia la pared para no verlo...
Probablemente, eso lo desconozco, mi madre heredó esa admiración de sus padres, y no sé hasta qué punto me haya ocurrido igual a mí, aunque no recuerdo para nada a mi madre hablando de Liz Taylor...
En fin, honor a quien honor merece, y ella es una diva permanente del cine de todos los tiempos, al igual que una mujer de belleza irrepetible. Descanse en Paz.

lunes, 21 de marzo de 2011

Renovación

A veces sale de la nada, sin que lo pueda yo explicar. A veces la explicación no es necesaria. Pero me ocurre que, quizá debido a la incipiente primavera, hay una emoción renovada en mi vida, como de comienzo, como de adolescencia, como de vida que quiere ser vivida con intensidad.
¿Cuál es la magia que provoca tal cosa? ¿Es necesario saber, averiguar? Sea suficiente con tener ese impulso, esa actitud de desmesura que me sana los huesos, que me reinventa el alma...
¡Ah, la primavera! con aroma de tréboles y flores, con perfumes de océano, con alas de gaviota y sangre nueva.

martes, 15 de marzo de 2011

Corazón estrujado

Acabo de hablar por teléfono con una amiga de Oaxaca que por razones de falta de justicia se encuentra en la ciudad de México tratando de probar la inocencia de su hermano. Es un caso prácticamente idéntico en cuanto a falta de pruebas y demás, al del famoso documental que está en boga, sólo que ellos no han tenido acceso a los medios.
Y más allá de la ya de por sí gran desgracia personal, que en este caso es acaecida en una familia de personas reconocidamente educadas y decentes, preocupadas por su comunidad, trabajadoras e increíblemente honestas, a quienes conozco de hace más de diez años, mi amiga me cuenta la desazón que le provoca, en cada visita a su hermano, ver que las cárceles están llenas de jóvenes. Dice que puede contar con los dedos de las manos a las personas mayores.
Las condiciones en ese lugar, todos sabemos -o mejor dicho, imaginamos- son terribles. Su hermano, médico, dice que con frecuencia los internos se acercan a él porque tienen problemas en las piernas. Claro, es debido a que el espacio donde están es tan escaso que deben dormir parados y pasar todo el día de pie.
Mi amiga ha podido acercarse a algunos jóvenes a quienes nadie visita y por tanto no tienen los dos mil pesos que requieren para pagar la fianza y salir de ahí. Están enclaustrados por haber robado un celular, un tapón de gasolina...
Y ellos, esos jóvenes que a veces vemos en la calle drogados y harapientos y rápidamente cruzamos la acera o miramos para otro lado, ellos, son nuestros muchachos, son nuestros jóvenes, y tienen lo que nosotros como sociedad les hemos dado. Son víctimas de todo este sistema que nos ha salido tan mal, mientras observamos cómo algunos no encuentran la manera de ocultar su dinero.
Me sentí totalmente apabullada por la pena de mi amiga, que es mi pena. Juntas pensamos que, al menos, deberíamos también contar esas historias huérfanas, injustas, dolorosas, darles un poco de voz en esa oscuridad que los tiene condenados a un ostracismo tan feroz que, como dice mi amiga, no piensan, no imaginan, no tienen nada...

domingo, 13 de marzo de 2011

Otro paseo por el valle

Bueno, el dia era delicioso y se prestaba para salir y llevar a los perros a estirar toooodas sus patas... fueron felices y disfrutaron muchísimo. La comida fue verdaderamente deliciosa, vi árboles cargaditos de aceituna negra y de naranjas... ¡que no salieron en la foto, jáááá!



Al regreso, un poco de playa. Stuart probó un poco de agua de mar, se intrigó con el baño de las gaviotas y correteó por la arena y las piedras. Nube estuvo más reservada y de regreso durmieron rendidos... Yo como siempre, tuve que pagar la factura de andar caminando entre piedras y arena, pues mi cadera inestable protestó enérgicamente, por lo que llegando a casa, ¡quietecita!

martes, 8 de marzo de 2011

Otro festejo: Día de la Mujer

No recuerdo a partir de qué año comencé a prestar atención a esta fecha, sobre todo porque en los medios y en los correos electrónicos se reciben felicitaciones y notas al respecto.
Pero en lo personal, nunca me he identificado con esa fiesta. Recuerdo, desde niña, celebrar y disfrutar ser mujer en todos los momentos. Admito la inequidad, pero me niego a contribuir a que nos sigan viendo como algo especial o diferente o maltratado.
Para mí, como siempre digo, lo maravilloso será cuando este día no exista, cuando nadie note que nos deban festejar por ser mujeres sino que estemos integrados en una sociedad más justa e igualitaria y tengamos tan iguales los derechos, que este jolgorio resulte innecesario...

Pero en todo caso, celebro a las mujeres no por este día, sino por toda la vida creando, forjando, puliendo, amando, entregando... ¡siendo!

lunes, 7 de marzo de 2011

Detalles y consecuencias de un baile de máscaras

Pues sí, primero fue como volver a los quince años para, al más puro estilo de la Cenicienta, pedir ayuda de mi hija y mi amiga para confeccionar un atuendo. La pequeña casa se volvió un caos lleno de retazos de telas, plumas, escarcha diamantina, ropa que cada una trajo para aportar al disfraz, hilo y agujas, pegamento, tijeras... pero sobre todo esa emoción particular de ir a un baile a estas alturas, porque tengo que admitir que no tengo idea de cuándo pudo haber sido la última vez que fui a uno.
Luego de intentar varias ideas, desde las conservadoras hasta las más locas, finalmente dimos con un atuendo por pura chiripa. Resulta que el maestro Merino antes de irse a La Paz me hizo favor de entregarme una prenda de seda cruda que nunca supe por qué tenía pero supuse que era la caracterización de alguna modelo para un cuadro, y había yo olvidado que la tenía guardada. Cuando descubrí esa especie de falda le encontré potencial y convoqué a mis ratoncitas para que me ayudaran a montarla como pieza principal del atuendo. Iris vino a dar con una bolsa llena de prendas maravillosas entre las cuales descubrí la blusa que complementaba la falda, y ya tenía arreglado el antifaz, así que luego de los ajustes para que yo cupiera en la prenda, Iris hizo el anuncio de que si no se planchaba no se podía usar ni lucir. ¡No tengo plancha! recordé con terror, pero un amigo nos resolvió el problema prestándonos la suya.
Mientras yo intentaba hacer algo con mi pelo, Iris planchaba la falda, que por supuesto quedó considerablemente mejor. Pero fue precisamente al caminar que encontré que mis zapatos quedaban atrapados en una especie de bolsas que tenía el forro de la falda y me hacían tropezar. Al revisarla, mi amiga descubrió que tenía unas costuras improvisadas que procedió a desbaratar, para que descubriéramos, por si fuera poca la fortuna, que la falda tenía una hermosa cauda... ¡cada vez más suerte y más emoción!
Al final el atuendo quedó como aquí se observa, y la noche fue deliciosa. En el Riviera la gente se hizo presente con anifaces aunque con pocos disfraces temáticos. La degustación de vinos en ese ambiente de candiles, el salón de baile, la música y la compañía hicieron de la experiencia una noche memorable, aunque no puedo dejar de mencionar, como al principio anticipé, las consecuencias...
Bueno, primero una desvelada deliciosa, pero después... un dolor de columna igualmente memorable que al día siguiente disfracé como dolor de cabeza para no recibir regaños de mis allegados, cosa que de todos modos quizá no logre si es que leen esta entrada.
Todo el día de ayer me costó moverme, sobre todo para subir o bajar del auto y estar sentada fue bastante incómodo. El día de hoy desperté a las cinco de la mañana igualmente por dolor, pero estoy esperanzada a mi terapia de las once y a mi empeño por dejar atrás ese pequeño desajuste debido a mi incursión en esto de los bailes de máscaras, el primero de mi vida que quizá se convierta en un botón de muestra. Y como todos sabemos: ¡Lo bailado nadie me lo quita!

El atuendo treminado
En plena fiesta
Al  regreso...

miércoles, 2 de marzo de 2011

CARNAVAL

Mañana comienza el carnaval. Aunque soy nacida en el puerto de Veracruz, nunca tuve contacto con las fiestas carnestolendas porque no fue una costumbre en mi familia. Tengo que admitir que es algo que nunca me ha llamado la atención quizá porque no soy de mucho jolgorio.
Ahora que vivo en Ensenada, que también es puerto y tiene su carnaval, es la primera vez que estoy un poco más al tanto de la fiesta y quizá hasta me anime el sábado a ir al baile de disfraces.
Sé que comienza mañana en el bulevar, con la quema del mal humor, cosa que mucho se debe agradecer porque la risa y la alegría las tenemos a cuentagotas últimamente.
Ya veré de darme mi vuelta para entender al fin en qué consiste esta "fiesta de la carne"... y sobre todo, antes de que la osamenta ya no pueda chachalaquear.