domingo, 10 de abril de 2011

Fiesta filial

Son cosas sencillas y hasta parecen simples, pero son cosas que una no puede hacer todos los días cuando la distancia es un impedimento. Así que tomar una copa de vino sentados alrededor de mi mesa -la de todos ustedes- con mis hijos y familia, resulta todo un acontecimiento que disfruto enormemente.
Aunque vino a trabajar, mi hijo se quedaba en casa, así que anoche, que hacía frío, parecía tiempo navideño: todos amontonados y encobijados esperando la hora para ver la carrera de autos pasada la media noche. Vino, botanas, conversación, confidencias, de todo un poco.
Y un mucho darse cuenta cómo aquellas criaturitas han ido tricotando -¡nueva palabra!- sus vidas por su cuenta, y ahora resulta que no son solamente mis hijitos, sino mis compas, amigos o cómplices, según se necesite...
Y aunque duren poco esos momentos, ¡cómo perduran en los corazones!
Mauricio vino con una compañera de trabajo muy simpática que también compartió con nosotros el pan y su vino, porque resulta que le gusta comer ¡con oporto! La verdad, yo tuve que dejarlo para el postre...

Así que ¡brindemos por las filiales alegrías!

1 comentario:

Alex Escalante dijo...

Qué padre quedó esa foto!