jueves, 3 de febrero de 2011

Con el frío...

Bueno, con el frío se me congelan las manos, no quiero tomar agua, me aterra ir al baño, me dan ganas de quedarme en pijamas, me antojo de café a toda hora... y me duelen los huesitos.
El clima no ha sido intolerable, pero ha enfriado de un jalón en los últimos días, con rachas de viento fuertes y heladas, sobre todo por la noche, no se antoja salir.
En casa me instalo en el taller para terminar mi libro de arte, contestar mi correo, escuchar música, dar la clase a Sofía, departir con Adriana que vino a trabajar su libro, y esperar la visita cotidiana de la hija que acaba de entrar a trabajar.
Pero este día además de levantarme a tomar un poco de sol en el traspatio, poner ropa en la lavadora, levantar la cocina, hacer de comer, sacar a los perros... ¡estuve esperando la visita de mi hijo! Sí, vino de trabajo a Tijuana, Mexicali y Ensenada. A las once de la mañana tomó el autobús y cuando menos sentí ya estaba en la terminal, esperándome. Venía con mucha hambre y por supuesto que le encantó el pollo que hice estilo mediterráneo con pan blanco calientito y nuestro vino shiraz delicioso. Cayó rendido, y con el frío no se ha querido mover, sigue en mi cama desde hace rato cobijado con los perros.
A veces resulta un poco extraño, de vez en vez, volver a ver juntos a los hijos en mi casa. Porque tiene ya mucho tiempo que vivimos en lugares separados por muuuuucha distancia, y de repente escuchar sus voces y sus risas en la casa como cuando eran niños, me derrite el corazón, me pinta una sonrisa, me llena de alegría y agradecimiento y me hace que guarde esos momentos en un lugar más que especial.
Mañana Mauricio va a trabajar por la mañana y luego ¡veremos! a ver a dónde nos lleva la vagancia, ya sea en la casa o afuera...

1 comentario:

Alex Escalante dijo...

Me da mucho gusto que seas tan feliz :D