jueves, 4 de noviembre de 2010

Una visita diferente...

Esta vez todo indica que la visita del personaje Águila de Acero que registré antes en este blog, tuvo ahora consecuencias que nunca imaginé pero que afortunadamente no pasaron del vandalismo. Siento pena por ella porque sé que su razón está fugada permanentemente y por lo tanto ni siquiera pude sentir enojo, aunque la sorpresa inicial fue bastante desagradable. Al preguntar a mis vecinos si habían notado algo en la hora y media que salí, me enteré de que me había buscado la chica en cuestión. Seguramente pensó que no quise abrirle porque destruyó el timbre a macetazos e hizo polvo plantas y macetas.
Ya en ocasión anterior en que no le di dinero se había molestado pero su frustración se tradujo en degradarme: en lugar de mamá, me llamó tía con insistencia, corrigiéndose cada que me decía mamá. Venía por comida y pedía dinero pero yo sólo le daba fruta. A veces gritaba desde la acera "Mamá, dame para mi desayuno", y le ofrecía yo algo o se iba a comprar a la tienda, corriendo como una niña.
Lo lamentable es que como no puede entrar en razón, sencillamente dejaré de asomarme cuando venga; no puedo reclamarle ni explicarle nada, solamente, como el resto del mundo, dar la espalda...

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