miércoles, 22 de septiembre de 2010

Nostalgia

Ésto viscoso y dulce que escurre de mi corazón como un cielo resquebrajado, con su vago olor a sufrimiento y maravilla, es lo que a veces no puedo seguir guardando en los rincones donde queremos ocultar al dolor. Puedo sentir cómo escurre inundando mis huesos y mis venas. Está cubierto de oro viejo pero su resplandor no cancela su origen, que es la pena. Aún así, qué magnífico tener esas goteras que dejan escapar esencias de nostalgia, de amor, de vida...
Como el llanto de un bebé, como los ojos de los cervatillos, la mansedumbre de los perros: así de cierto es que para tener estos tesoros es necesario haber amado con ternura de gorrión y con caricias de pantera. Haber vivido los momentos más dulces, las ácidas palabras de abandono, la fiera dentellada: soledad.


Poder amar con la cabeza llena de pájaros y flores, el corazón galopando en las nubes. Con los dedos crispados, con labios escocidos. Haber permanecido pendiendo de un recuerdo como hilo de cometa, haber quemado los pulmones con el aire punzante de la desazón: haber amado.


Ese es el pasaporte hacia este punto en el tiempo, hacia este lento deslizar de lo viscoso y dulce que de vez en cuando mana del corazón como un quebrado cielo.
Fotografía: "Nuda", monotipo. Liz Durand

1 comentario:

pat dijo...

Hace tanto que no venía a leerte y olvido cuanto me gusta. Me robo esta deliciosa reflexión. Ayer se fue Socorro Carranco y Virigina Marin, compatriotas tuyas, ojala alguna vez pueda recibirte por ese estrecho país, no perderé la esperanza.
Te dejo un fuerte abrazo.