lunes, 3 de mayo de 2010

Comparto un texto que hace tiempo me envió Bety, más actual que nunca

Alberta Cariño Trujillo

“El lugar de la rabia y el deseo en el sujeto de la digna rabia”.

Alguna vez, cuando niña, no recuerdo específicamente cuál fue el momento pero me enteré de que la rabia era peligrosa, que si andabas en la calle podrías encontrar algún perro callejero y hambriento y éste al verte se arrojaría sobre ti, te mordería y claro, aparte de quedarte sin un pedazo de piel, irías al médico, el cual te pondría no se cuántas inyecciones alrededor del ombligo, lo que resultaría muy doloroso y con el riesgo de que no hubiera vacunas estarías en peligro de hallar a la misma muerte.

Rabia; otra característica que pensé de la rabia es que la tenían los perros, sobre todo los más “corrientes”, los callejeros, los solitarios, los “solovinos”, esos que ni sus dueños quieren por eso mismo por “corrientes”, esos a los que les dicen que al perro más viejo se le suben todas las pulgas.

La rabia también la asocié con el calor: cuando sientes mucho calor y el sol te quema hasta los huesos; en mi pueblo acostumbramos decir, “vete por la sombrita por que te va ha dar rabia”, cuando adolecente y vas con el novio por la calle, se recomienda no ponerse cariñoso, ni dar muchos besos por que te puede dar rabia. (no se si es propio de la adolescencia). Así que traduzco que con mucho calor o mucho cariño dado en tiempos y momentos no adecuados, también da rabia.

Escuché pues, mucho de la rabia ligada a enfermedades, a contagios, porque claro la rabia se contagia: si un perro tiene rabia y te muerde o muerde a otros sus iguales seguro que te la pega, por lo tanto me pareció oportuno el invento del gobierno de vacunar a todos aquellos perros finos y corrientes contra la rabia, qué bueno, hasta que acertó, se necesitan vacunas contra la rabia para no convertir el asunto en epidemia. Dicen las estadísticas que la rabia ha sido vencida ya que al aplicar cientos de miles de vacunas esto se ha traducido en la erradicación de dicho mal.

Hace casi un año, en una de nuestra comunidades hermanas me entere del anuncio de las autoridades; “encierren a sus perros por que ya hay muchos y hay que evitar la rabia”, así que pondremos veneno en calles y lugares públicos y si llegan sus perros y mueren no es nuestra culpa"; estos compas estuvieron todavía más agresivos y hasta asesinos directos de perros se volvieron. Todo en nombre de evitar la rabia de uno, que puede convertirse en rabia de otros, o sea en epidemia. Por cierto chuby murió, era el perro adoptado por los maestros de la prepa comunitaria en Mixtepec.

Cuando tenía no se tal vez ocho abriles, por que naci el 8 de abril, por ahí mas o menos, me tocó ir a la pizca al terreno donde mi padre sembraba la tierra, como siempre de mediero por que no ha tenido nunca tierra propias, siempre a medias, bueno se repartieron los costales, uno para el dueño, uno para el mediero, uno para el dueño, otro para el mediero. Y ahí estaba Griselda una niña de ojos de tomate hervido, es decir verdes, diferente a los nduchì noo (frijoles en la cara traducción textual del la palabra ojos en lengua ñu savi). Esta niña, hija del dueño de la tierra, acompañaba por primera vez a su papà.

Yo estaba ahí, desde el primer día, en el barbecho, la siembra, la labor, la segunda, el deshierbe etc. etc. Me tocaba como hija mayora llevar la comida o hacer las labores propias de una niña campesina, así que aquella niña que nunca había ido por allá, que no la había quemado el sol, que no se había empapado de agua cualquier día de lluvia, que no dejó de jugar, que no se apareció pues por ahí nunca, estaba ahí en la cosecha de lo que mi querido padre, mi madre, mi hermanita Rebe y yo habíamos cuidado con tanto amor pero también con tanto cansancio, de pronto esta niña, dice “papi me gusta esta mazorca” y acto seguido la pasa a su costal, esta otra, a su costal, y otra y otra y otra... Ese día sentí rabia.

Hubo muchas veces que a lo largo de la vida me he tenido que enfrentar a esa situación y esos sentimientos han llegado a mi corazón y me he indignado, asi con esa palabra IN-DIGNADO, por lo tanto he traído la rabia adentro. Y pensando en todo lo pensado y escrito anteriormente, creo que los malos gobiernos han hecho su trabajo, y cuando vemos un abuso y no lo denunciamos, una injusticia y no la gritamos entonces creo yo que la vacuna está haciendo efecto, casi erradica la rabia. Por suerte a algunos de nuestros pueblos no llegó la vacuna, otros estábamos fuera de la casa cuando pasaron vacunando, otros corrimos y no nos dejamos, bueno creo que se ha hecho lo imposible también por quedar exento de todo esto. Y ahora digo que aunque me muerda el perro más viejo y más sarnoso del barrio no voy a permitir que me vacunen, prefiero piquetes en el ombligo que estar inmune a las injusticias.

En un principio decía que no sé dónde oí hablar de la rabia por primera vez, pero de un secreto de familia si estoy cierta: mi abuelo murió de rabia, atado a un árbol allá por los cuarentas creo yo, esa es una historia que nadie cuenta, que todos ocultan no sé si por dolor, no se si por vergüenza, pero se oculta, yo lo supe por accidente, pero a mi abuelo lo mordió un perro rabioso y como no había vacuna, no sé si no se había inventado o si no hubo acceso a ella (como siempre), pues murió babeando amarrado a un mezquite que todavía existe en el patio de la casa del Tío Pancho. Cuando supe de la digna rabia lo primero que pensé fue en él. El abuelo Alfredo, lo conocí en foto era flaco y bigotón como el Zapata y pensé mi abuelo murió de rabia, no creo que haya sido digna, sin embargo pienso ahora que nos toca dignificarla hacerla creativa para que no nos vuelva a dar vergüenza, para que no nos mate, para que no nos ate, para que no lo olvide, para que no lo oculte, para que nos llene otra vez de rabia y coraje. Hace un año se lo conté a mi hijo, se puso triste me hizo muchas preguntas que luego no pude contestar debido a la escasez de información de parte de la familia para que no duela, yo quise decírselo para que no olvide, para que tenga historia, para que escriba su propia historia sin olvidar ese capítulo indignantemente digno de su abuelo.

Hoy es el primer día de mi vida que escribo sobre este hecho tan doloroso que entre otras miles de rabias que he visto y vivido me han llevado ha ser parte de esta digna pero muy digna rabia, que atraviesa mi pecho, que me amarra al mezquite de mi origen y me hace levantarme todos los días como cactus altivo, frondoso, profundo, espinoso, jugoso pues, pa indignar a otros y a otras, pa hacernos sujetos pues de nuestra propia historia.

Termino: no a la vacuna antirrábica. Si a la digna mi muy digna rabia.

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