domingo, 30 de noviembre de 2008

Domingo




Desperté a las seis de la mañana con fuerte dolor de cabeza y ya no pude dormir. Ya sabía que Mauricio no iría hoy al hospital pero por dicha Rocío dijo que venía para acompañarme y luego de atiborrarme de pastillas nos fuimos.
Ahora lo que estaba cerrado era la Av. Extremadura porque la convirtieron en pista para ciclistas y entonces tuvimos que caminar de Revolución a Río Churubusco para tomar el metrobus.
Llegamos a tiempo, me tomé un expresso de máquina (suspiros por el Tomas) para ver si ayudaba contra el dolor de cabeza y subimos con Paolita. Como sabía que tenía yo migraña no me esperaba y menos con Rocío, por lo que se puso contenta.
Nos pidió galletas porque el arsenal que tenía ya se acabó. También encargó unos rufles verdes y no sé qué de trikitrakes...
Estuvimos platicando sobre nuestros sueños y pesadillas, hicimos bromas, en fin, pasamos una tarde linda.
Al regreso tomamos de nuevo el metrobus (nótese foto) y la misma caminadera de regreso pero además con hambre. Todo cerrado en el camino, por ser domingo. Finalemnte, antes de meternos al metro pasamos a comernos un hot dog en el Super 7 y a la casa.
Llegamos molidas pero extrañamente a mí me agarró un dolor de músculos del cuello y hombros horroroso, y lo que me alarma es una tirantez que he sentido en la cara, como si me la estuvieran jalando para atrás y se me pone tiesa. Me da miedo que me de parálisis facial como a mi hermana pero no siento como ella, ni caliente ni cosquilleos, sólo esa tirantez.
Creo que estoy muy cansada, este mes ha sido como de locos y estas dos semanas aquí son devastadoras. Me tomé un par de pastillas relajantes, prefiero dormir que comer así que nos leemos en el próximo capítulo.
Lo único malo para poder descansar aquí es que mi vecino Omar tiene su música a todo lo que da, la puerta y ventanas de mi depto. están zumbando y es un individuo que cada fin de semana se alcoholiza y no se le puede decir nada...

sábado, 29 de noviembre de 2008

Otro sábado





Salimos más tarde porque decidimos irnos en el coche de Roberto. Error: había un tráfico tremendo con todo y que nos fuimos por el segundo piso del periférico, como se muestra en la foto. Más adelante encontramos dos accidentes y al final llegamos cuarenta minutos tarde. ¡Bah!
Lo bueno que la encontramos tranquila y con más que buen ánimo para engullir la torta de milanesa que le llevé. Hecha en casa, naturalmente. Ahora está más resignada a pasar toda la semana próxima en el hospital, y de ahí veremos lo que dicen los médicos. Al parecer el lunes inicia el tratamiento completo, y por media semana quizá le hagan otro Dopler.
A la salida y en vista del trafical que había resolvimos meternos al centro comercial de Perisur. La navidad lo tenía invadido, como también muestra la foto.
Yo me sentía de lo más ranchera, hacía mucho que no veía tales cantidades de gente y temía perderme, andaba yo detrás de Mauricio todo el tiempo porque tantas luces y tiendas y gentes me marearon. Pasa la factura eso de haber dejado la capital hace tantos años. Claro que Monterrey tenía lo suyo, pero qué se puede comparar en tamaño con el DF.
Luego de deambular un rato y de un café, nos volvimos a meter al tráfico porque ya queríamos descansar en casa. No sé qué tanto se aprecie en la foto el periférico nocturno pero más adelante, de ser posible, tomare la foto con la cámara porque se ve todo padrísimo con tantas luces...
Ahora, al fin en casa, menos tensa aunque cansada, me dispongo a descansar porque mañana, como cada día desde que estamos aquí, inicio la misma jornada de cada día...

viernes, 28 de noviembre de 2008

Otro viernes



Hoy llevé de contrabando a Pablita un par de bollitos de plátano rellenos de queso que hicieron de comer en casa de Coquito, y las pequeñas gorditas que compré ayer afuera de la iglesia de Azcapo.
Para cerciorarnos de que no hacíamos mal, a la hora del reporte médico preguntamos al doctor si Paola debe tener una diete especial, y dijo que no, con lo que respiramos aliviadas pues como quiera, la comida del hospital no es lo máximo.
La encontramos más serena, más hecha a la idea de que tendrá que pasar al menos una semana más encerrada en el hospital. Ni siquiera puede bajar a la cafetería porque tiene conectado el suero, ni modo.
En algún momento de la visita llegó un señor diciendo que alguien abajo buscaba a los de la cama 372. Se nos hizo muy raro y Mauricio bajó de inmediato. Era Héctor que estba esperando para entrar pero nosotros teníamos el pase y además sólo permiten la visita de dos personas a la vez. En la foto, Paola y Héctor.
Es impresionante que Héctor haga el viaje en metrobus para ver a Paola, es algo que apreciamos muchísimo pero sabemos que así es la familia.

Lo malo de hoy fue la caminadera debido a la estación del metrobus que cerraron, y si de por sí llegamos con los pies cansados, ahora nos fue como en feria.

Mañana, otro fin de semana lentísimo y con poco movimiento en el hospital. Desconozco la razón pero es cuando menos visitas hay. Quizá como mucha gente viene de fuera, se queda toda la semana y en el fin salen a sus casas o algo así.

Por lo pronto estoy ideando qué puedo llevarle de comer a Pablita para que se le haga comida de fin de semana, de paseo, de premio...

Hoy nos tocó llevar más dinero a la caja del hospital, y nos sigue faltando el requisito del seguro social... pero creo que lo más canijo será que los donadores puedan acudir en la hora y los días en que nos asignen.

Rocío dijo que me acompañará al hospital mañana o el domingo. Sandra no puede hasta la próxima semana porque anda ya en los trámites para el trasplante de riñón de su marido en La Raza.

Esta noche antes de llegar a casa pasamos a comprar pan dulce para el desayuno de mañana y en lugar de merienda, escogimos comer cochinadas: habas con chile, chicharrones de harina picosísimos, y garbanzos con chile...

jueves, 27 de noviembre de 2008

Esperanzas


Por la mañana, como siempre, las llamadas: Norma Sáenz, mi hermana Rocío, mi prima Adriana y mi tía Tere para saber de Pablita.
Hoy desperté hasta las nueve de la mañana. Por la noche no podía dormir y a las dos de la mañana me levanté a tomar unas pastillas.
A la hora acostumbrada salimos de la casa rumbo a la de Coquito que como siempre, nos ofreció la comida.
Después tomamos el microbús para llegar al metrobus y todo normal. Encontramos que Paola estaba estrenando la pijama que le regaló mi hermana Sandra y estaba de mejor talante que ayer. Este mismo día termina el libro de Saramago y le llevamos "La reina del sur", de Pérez Reverte.
Un amigo de Mauricio nos prestó el aparato para ver tele y dvd's y Mauricio se lo dejó instalado a Pablita.
El médico nos dio el reporte prácticamente igual, pero ahora dijo que ellos están casi ya seguros de cuál tratamiento seguirán para curar a Paola, sólo falta el resultado del INDRE. Eso nos hizo sentir mejor que cuando nos decían que no sabían todavía nada.
Rápidamente dan las cinco de la tarde cuando estamos en la visita, y emprendimos el regreso. La sorpresa fue que la estación en donde siempre bajamos para hacer el mismo recorrido de regreso, fue cerrada para remodelación. Y sin aviso. Tampoco el operador del metrobus indicó que no había parada en esa estación y la siguiente es lejos de donde nosotros tenemos que bajar, por lo que habrá que pensar qué hacer para mañana.

Mauricio quedó de verse con una amiga y yo me vine sola en el metro con la firme intención de meterme al cine en Azcapotzalco para sacudirme un poco tantas imágenes de gente en los transportes y hospitales. Me bajé en Camarones y me perdí al salir porque esa estación no la conozco. Preguntando se llega a Roma y cuando menos pensé ya estaba frente a los cines. Con la mala suerte que ya había iniciado la película y faltaba mucho para la siguiente.
Decidí caminar por Azcapo y en el camino compré para Paola unas mini gorditas de maíz cacahuazintle de las que venden afuera de las iglesias y le encantan. Seguí caminando hacia el mercado y me topé con un puesto de tlacoyos. Ni modo: dos de requesón con nopales para merendar. Tomé taxi a la casa -nueve pesos la dejada- y en la tiendita de la entrada compré una coca de las de envase de un litro de vidrio que sólo hay aquí. Vaya premio para un día cansado. Mis piernas no están acostumbradas a tantas escaleras en el metro, el hospital y la casa y en algún momento sentí que se me torció un tendón o algo porque me dolió y traigo adolorida la pierna. La viejentud, ya sabemos.

El caso es que Paola está menos tensa y ahora su problema es evacuar el intestino, que no es todavía una cosa grave pero le preocupa y por tanto nos pusimos a caminar por el pasillo para ver si sus intestinos abandonan la pereza. El "citripio" de donde cuelgan su botella de suero tiene alguna pata chueca porque es una lata para empujarlo y con los jalones he estado a punto de noquear a Paola con la botella. Nomás eso le falta. En la foto está estrenando la piyama que le regaló mi hermana Sandra y nótese al fondo el papel que identifica su cama, con todos los errores...

Me dijo al despedirse que piensa escribir un agradecimiento en inglés para las personas de la asociación donde trabaja que han estado al tanto de su salud, para que lo ponga aquí en el blog y puedan verlo.

Me siento tranquila cuando la veo así, más dinámica y sin apuros ni dolores pero sobre todo con una buena actitud.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Desesperada



Este fue otro de esos días pesados en los que Paola lo único que quiere saber es que la van a dar de alta... Qué más quisiéramos todos, ¿no es cierto?
Sin embargo los médicos han pedido que tengamos paciencia porque al parecer va para largo dado que los resultados de los cultivos son tardados.
Teníamos muchas expectativas sobre los resultados que nos mandó hoy por fax su papá de Paola pero finalmente eso no le dijo a los médicos ninguna cosa nueva y seguimos igual.
Anoche le dolió la cabeza pero pensamos que es por tensión.

Por otro lado, aún falta conseguir dos donadores de sangre que nos han pedido. La dificultad es que se tienen que presentar con previa cita, sólo de lunes a viernes y sólo a las ocho de la mañana. En una ciudad como ésta parece un requisito descabellado con el que sin embargo, no sé cómo, tendremos que cumplir. Por desgracia yo no soy aceptada como donadora, su hermano creo que sí y eso nos pone con sólo el cincuenta por ciento del problema por resolver...

Para evitar que Pablita se siga estresando la enfermera dijo que podíamos llevarle un televisor. Mis hijos no son aficionados a la tele pero quizá sirva de algo. Por lo pronto, Mauricio hoy le llevó un pequeño radio que quizá pueda darle la ilusión de compañía.

Sigo recibiendo llamadas y correos de todas partes enviando palabras de apoyo y bueos deseos. Gracias todos, gracias todas. Estamos en deuda con ustedes por el enorme corazón que tienen.

Mi amigo Fuaquín me regaló crayolas y un cuaderno para que me relaje. Aquí uno de mis ejercicios.

martes, 25 de noviembre de 2008

Y apenas es martes...


Lo digo porque regresamos cansados del hospital a pesar de que hoy no pasamos a casa de Coquito para informarle del reporte médico. Del hospital salimos a las cinco de la tarde y nos fuimos directo hasta la casa pero llegamos a las seis y media. Los pies me latían como corazones y las botas me apretujaban los pies. Además teníamos hambre.

Hoy nos tocó ir a la Av. San Fernando, en Tlalpan, para pedir la certificación de que Paola no está afiliada al ISSSTE.
Con todo y eso llegamos puntuales al instituto y ahora el reporte médico nos lo dio una doctora que ha estado todo el tiempo con el grupo de los médicos que atienden a Paola. Cuando andábamos en lo del certificado del ISSSTE llamó Nacho por teléfono para avisar que en el cultivo que mandó a hacer Tere su esposa en el INER, está creciendo una micobacteria atípica y que sospechan nocardia. (?!) Fue justamente lo que le dijimos a la doctora. Ya por la mañana Pablita me había mensajeado por el celular que los médicos todavía no descartaban lo de los hongos, y al parecer este comentario extraoficial del INER podría confirmar un poco la opinión de los médicos.
Por ahora esperamos los resultados del perfil micótico que se está haciendo en Ensenada desde hace más de una semana para ver si coincide con el INER. El papá de Paola irá mañana al laboratorio para ver si tienen los resultados.

Este día el semblante de mi hija era de tensión por estar sola y por seguir en el hospital. Ahora fue la doctora quien le dijo que al menos está sin molestias, lo que hace la espera del diagnóstico mucho más llevadera. Sé que no tiene mucha paciencia, a lo mejor comienza a aprender a ser paciente ahora. Por lo pronto comenzó a leer El evangelio según Jesucristo, de Saramago, y tiene ya bordados algunos motivos de su costura. En cuanto llegamos nos pidió que le compráramos unos besos de nuez que venden en la cafetería y no nos convidó ninguno. Vaya que le provocan apetito los medicamentos, qué dicha.

Por mi parte tengo muchas ganas de comer comida de aquí, sopes, tlacoyos, tamales y todas esas delicias que hasta ahora no he probado a no ser por los tacos de barbacoa que comimos en el mercadito de Tlalpan el domingo con Marielena y Rocío. Cuando regresamos del instituto por las tardes veo pasar muchos restaurantes y cafeterías que me gustaría conocer pero en verdad ni tenemos tiempo ni ánimos, sé que más adelante será.

El frío arreció por la nochecita con cierto viento helado, el frente frío número once dicen todos por aquí. Yo prendo veladoras para calentar el departamento haciendo de cuenta que es una chimenea esas tres flamitas en un plato.

Hasta ahorita escuché un mensaje que dejó Claudia en la contestadora. Espero mañana volverla a llamar, es una lata eso de estar ausentes casi todo el día.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Otra visita, otro día...


Salimos antes de la hora acostumbrada Mauricio y yo para comprar en el mercado de Azcapotzalco una costura para Paola, ya que las largas horas solita en el hospital comienzan, como ella dice, a ponerla neurótica.
Yo compré un poco de estambre para ver si puedo tejerle unas zapatillas para dormir ahora que hace más frío, y le compré también la lima para uñas que encargó.
Comimos como siempre a la carrera en casa de Coquito y nos fuimos en el micro a tomar el metrobús.
Paola me puso un mensaje de que estaba esperándome Norma, la hermana de Edgar. Igualitos. Subió y estuvo con Paola por una hora conversando. Al salir me ofreció muy cálidamente su apoyo incondicional para lo que fuera.
El médico dijo que el reporte no difería del del viernes pasado, así que seguimos esperando que la inflamación baje para que puedan darle la dosis completa de medicamento que requiere.
Ahora sí de plano no era alucinación: Paola tiene las mejillas sonrosadas. Dice que come mucho, que le ponen mucha comida y toda se la acaba. Que en cada tiempo le dan un bolillo y se va a poner gorda. Si es bolillo no te lo comas, le dije. Pero parece que el medicamento le provoca apetito y dice que no deja nada. A mí me alegra, espero que el alimento le ayude a eliminar la anemia que la aqueja.
A las cuatro le fueron a poner un medicamento que hizo que le ardiera mucho la vena.
También le llevé dos libros. Se siente sola sin la chica de al lado que al fin fue trasladada a psiquiatría, donde esperamos y confiamos que podrán ayudarla a salir de la depresión en que está hundida.
Paola dice que antes de irse, Blanca Estela le extendió la mano y se la apretó extraordinariamente fuerte. Le digo que quizá se despedía porque ya no estaría con ella en la habitación...
Ahora se siente sola, pues aunque su vecinita no hablaba, su mamá sí conversaba con ella, pero ahora van a cambiarla a otra habitación porque harán limpieza profunda del cuatro donde se encuentra, y a donde la mandan tampoco hay nadie.
El señor que tenía vasculitis ya no está, lo vi abajo rumbo a la salida, rumbo a lo que él entiende como su libertad...
De regreso pasamos como siempre a casa de Coquito a informarle del reporte médico. Antes de eso intentamos buscar precio de un reproductor de DVD para Paola porque al parecer va para largo en el hospital. Mala suerte, el más barato era de mil quinientos pesos.
El médico, en el reporte, nos dijo que le están dando esteroides contra la inflamación. Eso le provocará la consabida cara de luna y la hinchazón del cuerpo además de brotes en la cara. Pero dejó clarísimo que la cuestión estética es lo de menos cuando Paola tiene la dicha y la suerte de estar en el veinte por ciento de las personas que se salvan de esa meningitis que tuvo...
Por la noche me asustó porque creyó que sangraba al ir al baño...luego le dijeron que es por el medicamento y nos tranquilizamos.
A mí me cansa mucho el viaje, tengo que usar seis horas al día para ir y venir del hospital, pero la sola idea de no ir un día me hace sentir pésimo, las dos horas de visita me parecen minutos y si hay visitas aparte de su hermano y yo el tiempo se nos reduce y no me alcanza para hablar con ella de lo que creo que son cosas importantes...
Ando con un nudo en la garganta, quizá porque desde que se puso tan mal, en ningún momento me ha podido salir una lágrima. Están atoradas no sé dónde, ni siquiera intentándolo pueden salir a flote.
No, la que tiene que salir a flote es ella. Soy yo. Somos nosotras.
Y lo vamos a lograr. Gracias a Dios que nos dio la bendición de estar en ese porcentaje del que habló el médico, gracias a las oraciones de todas y todos ustedes que nos siguen en el blog, así que aquí estaremos. Seguiré puntual contra el cansancio puntualizando el estado de Pablita.
Ahora mis hombros parecen de fierro y se me cierran los ojos. Sólo que, si duermo, tengo pesadillas. Y si no las tengo, es que no duermo...

domingo, 23 de noviembre de 2008

Domingo sin sonda


Como a las siete recibí mensajito de Paola diciendo que le habían quitado la sonda, y esperaba un gran desayuno porque dos días y cacho con papilla la tenían muerta de hambre. En seguida recibií mensaje diciendo: "Verde. Papilla". Me dijo que de contrabando le llevara unas barritas marinela de piña y se las prometí.
Mi amiga Marielena Cerecero me llamó al ratito y dijo que venía por mí para llevarme al hospital. Ya me había hablado mi hermana Rocío también de que me acompañaría, así que nos encontramos en la casa y conversamos para que las pusiera yo al corriente de los últimos días.
Marielena conoce la ciudad como la palma de su mano. Siempre digo que es una cafra, es mi heroína del volante, pero cuando lo menciono la gente cree que es en mala onda, cuando lo que hago es reconocer su maestría para conducir en esta ciudad y llegar a tiempo a todos lados. Me dijo por dónde se iría y le comenté que están en obras pero a la mera hora le dije "tú eres la chófira, tú decides". Y resolvió irse por el periférico y treparse al segundo piso, con lo que llegamos rapidísimo.
Tanto que no nos permitieron entrar, faltaba hora y media para la visita. Como Marielena podría ser guía de turistas, nos llevó al centro de Tlalpan, que no conocíamos, y quedamos maravilladas de haber entrado al túnel del tiempo para salir directamente a un típico pueblecito. Naturalmente que comimos en el mercado, aprovechando que mi estómago ya no está regresando la comida.
Compramos para Paola unas alegrías con pepita hermosísimas y nos dirigimos de regreso al hospital.
Todavía no permitían el acceso pero ahora tenían a la gente en la vil calle. Nos amotinamos y al fin pudimos entrar, yo le dije a los policías que nos trataban sin respeto y la demás gente hizo lo propio y nos metimos.
Marielena nos había dejado en la puerta pero adentro estaba esperándonos Roberta, que hizo viaje de Guadalajara a México y aprovechó para visitar a Paola. Subimos al tercer piso y encontré a Paolita feliz, sin sonda y con trencitas.
A la media hora bajé por mi hermana y me quedé abajo esperando que bajara Roberta. Al fin estuvimos mi hermana y yo con Paola y la acompañamos a tomar un poquito de sol al lado de la ventana del corredor.
Al terminar la hora de visita ella comentó que se sentía mareada. De inmediato busqué al médico de guardia que acudió a verla en seguida. Indicó que debía estar acostada pues podría estar mareada debido al medicamento. La ayudamos a subir a la cama, la arropamos y nos despedimos.
Yo quedé con el estómago arrugado porque ante cualquier síntoma raro no sabemos qué esperar. Uno de los pacientes del lado de los varones la saludó y le preguntó qué tenía, porque la verdad se ve como si no tuviera que estar ahí. Cuando Paola dijo que no la dejaban salir debido a la vasculitis, el hombre se sorprendió porque él tiene vasculitis pero no puede caminar derecho, arrastra la lengua al hablar y olvida las palabras... y es precisamente lo que los médicos no se explican, que ella no manifieste ningún síntoma.
En fin, por la noche le llevaron papilla de nuevo pero al final rectificaron y le dieron su ansiada y suculenta cena de paste de atún, pan y una dona. Ahora tiene mucho sueño y se dispuso a dormir.
Su pequeña compañera, sin embargo y por desgracia, no ha cambiado de actitud y sigue perdida en el limbo de la inconsciencia sin querer salir de ahí. Ayer le llevamos unas medias para sus pies fríos pero de todos modos ella no parece notar nada. Ojalá que su traslado a psiquiatría le ayude y se pueda recuperar.

sábado, 22 de noviembre de 2008

Día sábado

Yo no lo sabía, me enteré al llegar al tercer piso: los fines de semana no hay reporte médico. De hecho prácticamente no hay movimiento, hasta son menos las visitas que en los días de entresemana.
Hoy llegó mi hermana Sandra por la mañana para ir con nosotros al hospital, y estuvo con Paolita conversando. Me sentí aliviada cuando dijo que el semblante de Paola está mejor. Yo pensaba que eran mis nervios o mi deseo de verla bien pero hasta le miraba las mejillas sonrosadas, aunque según dice Mauricio, en el caso de la palidez crónica de Paola -desde niña- eso es mucho decir.

En Ensenada mis perros están bien gracias a Iris que no solamente va diario a darles de comer sino que juega con ellos en el patio un rato.Y como por las noches es Edgar quien los visita, no puede pedirse más. Al menos se sentirán menos peor que estando solos y encerrados todo el día. Por dicha Alex sale mañana de regreso para allá.

Hoy nos fuimos en el coche del tío Roberto al hospital, y fue menos cansado para mí, que ya no estoy acostumbrada a los trotes urbanos de esta macro ciudad. Mi hermana Sandra llegó a la casa antes de que saliéramos porque llamó para pedir que la esperara para que nos acompañara. Hicimos una hora en lugar de tres, así que naturalmente que nos cansamos menos. claro, hablo sólo del viaje de ida, cada viaje dura una hora en automóvil o tres horas en metro, trole y metrobús.

Bueno, el día de hoy no tuvo mayores sobresaltos, excepto que encontré a Paolita sin la venoclisis porque se la quitaron ya que la aguja había salido de la vena. Pero ella tenía mucho pendiente de no recibir su medicamento contra la inflamación y anduvo persiguiendo a las enfermeras para que la picaran y le pusieran la sonda. El dolor de cabeza ha desaparecido.

La que sigue en igual estado es su vecina de cama, que ingresó desde antes que ella y nunca ha indicado otra cosa que no sea dormir y consumirse al grado que parece un hueso. Tiene 20 años, tuvo una depresión postparto y desde que parió, hace cuatro meses, ha ido de mal en peor. Ayer los médicos le dijeron a su madre que ella no tiene ningún deseo de vivir, por eso todo lo que hacen por ella no ha servido para sacarla de su sopor, pues ni el medicamento que le suministran por la vena especial para mantenerla alerta lo consigue. No cabe duda de que hay de penas a penas...

Esperamos que Paolita termine con la nasogástrica mañana y pueda comer a gusto, pues todavía el día de hoy le dieron papillas para que no tuviera tantos trabajos al comer. Siente que la garganta le va a doler por días, pero sabe que de todos modos ya va a descansar.
Cuando veníamos de regreso recibí un mensaje de Paolita diciendo que está asustada porque su vida ha dado un vuelco y además cree que vivirá con el temor de no saber lo que pueda sucederle en cualquier momento una vez fuera del hospital, por las lesiones que tiene en su cerebro.
Sólo pude contestarle que tenemos que acostumbrarnos pues en realidad siempre vivimos en el filo pero no nos damos cuenta...

Actualización



El día de ayer fue bastante movido. Primero porque ¡taraaaá! Ya se pudo poner la sonda nasogástrica a Paolita y obtuvieron la primera muestra.
Luego vino esa especie de rueda de la fortuna en viajes: de la casa al hospital, de ahí al INDRE, de ahí a la casa por documentos, de ahí a recoger una tomografía que envió el papá de Paola, de ahí a recoger unos resultados al INER y de ahí a la visita con mi hija. Como haber ido a Querétaro en metro, autobús, metrobuses y taxi.
Al término de la visita Maga, la enorme y querida amiga, estuvo para llevarme un rebozo que yo quería prestado porque no traje para el frío, y me dio también un ejemplar de la antología de las Mujeres Poetas de este año. Su presencia y su abrazo, ya sabemos lo que significa.
Los resultados del INDRE, que se dedica a encontrar enfermedades raras por zona geográfica, estarán en una o dos semanas. El cultivo general que mandó a hacer Tere en el INER creo que toma dos meses. Pero ayer el reporte médico indica que aunque Paola tiene vasculitis están tomando las medidas necesarias para que no tenga infarto en el cerebro y debe continuar en el hospital, no sabemos por cuánto tiempo.

Ayer le costó comer, le dieron muchas espinacas en ensalada y arroz pero comió poquito debido a que no se acostumbra todvía a la sonda y estaba lastimada. Pensó que no podría dormir por la noche porque no se puede acomodar pero ya hoy de mañana supe que sí durmió, sobre todo porque tenía dos noches en vela debido al temor de que le pusieran la sonda.

Aquí hace bastante frío, necesito cubrirme el cuello y la Maga entendió muy bien eso porque me trajo un rebozo calientito. Ayer me hizo más daño que nunca la comida, pero es que sí me dio hambre y quizá comí muy rápido.

Al llegar a la casa con duras penas me puse la piyama y antes de darme cuenta ya me había quedado dormida, no escuché teléfonos ni nada y hoy abrí el ojo hasta las ocho de la mañana.
Hoy vendrá mi hermana Sandra para ir con nosotros al hospital.
Gracias a Paty Gómez por su carta para mi hija, desde Chile. Gracias por los correos de aliento que recibo diariamente. Gracias a Dios porque seguimos aquí.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Dificultades


Ayer fue un día especialmente difícil para Paola y para nosotros. No fue posible que le pusieran la sonda por la nariz porque se lastimó mucho y sangró, con lo que no permitió que lo intentaran más de dos veces.
Por la tarde, a la hora de visita, el médico encargado del caso nos pidió que habláramos con ella para convencerla. Está harta de ser el conejillo de indias que cree que es desde que enfermó. Desde el 31 de octubre le han estado haciendo miles de estudios de los que ella no tenía idea. Su estrés ayer estalló y tuvo una pequeña crisis nerviosa cuando le pedimos que se dejara, porque dijo que no lo permitiría y que no le importaba morir si no le ponían la sonda.
Terminó la visita y ella no cambió de parecer a pesar del esfuerzo de su hermano para convencerla y a pesar de las miles de razones que le di para que accediera.
Héctor llegó a visitarla y también le estuvo platicando su experiencia al respecto, tratando de que viera que podía no ser tan traumático el evento, pero terminamos saliendo del hospital completamente desazonados y sin saber qué hacer.
Por la noche ella puso un mensaje por el teléfono diciendo que tenía miedo y no podía dormir. Nos pusimos Morris y yo al habla con ella por media hora, tranquilizándola y haciéndole ver que era menos molesto de lo que imaginaba.
Cuando el médico me dio el reporte durante la visita le pedí que le dieran un poco de sedante para que estuviera menos aprensiva, y hoy por la mañana recibí el mensaje de Paola diciendo que le dijeron que le inyectarían algo antes de volver a intentar, para que no se le cerrara la garganta como ayer.

Por la noche recibí un mensaje grabado en el celular: era encantador, enviado por el pequeño hijo de Nydia y Pier diciéndonos que rezaban a Dios para que Paola se curara. Miel para el corazón.
Mi amiga Maga, de Chihuahua, de regreso del Encuentro de Mujeres Poetas de Oaxaca, se presentó en el hospital para visitar a mi hija pero ya no alcanzó hora de visita y me dejó un mensaje en el teléfono de la casa.

Mañana se tendrá el resultado de una serie de análisis y recibiremos otros enviados por el papá de Paola para entregar a los médicos y ver si de una vez por todas se llega a un diagnóstico.

La noche fue pesada para todos, Paola no durmió tranquila, yo amanecí con tortícolis y Mauricio despertó con todas las cobijas revueltas. Pero aquí estamos, con la ayuda de todos los corazones que nos acompañan y el apoyo de la abuelita de Paola, que nos hace preparar diariamente la comida a la hora en que lo necesitamos, justo antes de salir hacia el hospital.

Lo dicho: la familia y la amistad son mis grandes tesoros.

martes, 18 de noviembre de 2008

Un día más


Cuando llegamos a la estación del metrobús que nos llevaría a las cercanías del hospital, no sabíamos cómo hacer para comprar la tarjeta que permite el acceso para el viaje. Perdimos dos tarjetas y cincuenta pesos intentando a toda prisa hacer lo que indicaban los letreros, pero nos equivocamos y tuvimos que comenzar de nuevo.
El metrobús tardó mucho en llegar y venía como lata de sardinas. Teníamos el tiempo encima, así que como cualquier defeña experimentada y con la consigna de "entro porque entro", me aventé repartiendo pisotones y codazos a diestra y siniestra ante el asombro de mi hijo. De eso modo pudimos recorrer las doce estaciones que nos separaban de la parada del hospital.
De ahí corrimos las dos cuadras para llegar pero no alcancé a los doctores que dan el reporte médico y será hasta mañana que sepamos alguna cosa.
Cuando subimos a piso estaban por llevar a Paola a otra tomografía, pero como no le habían puesto ayuno no se pudo porque tenia que ser contrastada y se la pasaron a las diez de la noche.
Acomodé piyama y artículos de tocador, papel de baño y demás enseres en su buró y estuvimos con ella por espacio de una hora. En este hospital permiten subir a los familiares de dos en dos, afortunadamente.
Paola se veía menos pálida, aunque se queja mucho del dolor de sus venas, le han picado por donde quiera y le han tomado montones de muestras de sangre.
Nos dijo que durmmió bien y calientita porque le llevaron al final otra cobija, y que come todo lo que le ponen en su charola.
Las enfermeras son todas muy amables así como el personal administrativo y la trabajadora social, hasta la cajera, todas son personas muy humanas que lo tratan a uno con consideración y hasta con muestras de afecto, Dios los bendiga.
Ahora sé que mañana le van a ponera Pablita sonda por la nariz durante tres días para tomarle muestras gástricas y eso la tiene aterrorizada. A mí también pero sé que todo eso es para que más pronto sepamos lo que tiene y la comiencen a curar.
Al regreso el metrobús no venía como lata de sardinas y llegamos sentaditos hasta la parada. Caminamos las diez cuadras hasta casa de Coquito, la abuela de Paola, para esperar a Roberto, el tío médico que está en contacto con los otros doctores amigos que están haciendo estudios del líquido cefalorraquídeo de Paola.
Ya en la noche se comunicó, dijo que la experta en lectura de resonancias magnéticas no cree que el diagnóstico de neurocisticercosis sea el acertado y que para el viernes ya estarán los resultados de las otras pruebas.
Por ahora me preparo para ver a Pablita mañana con las sondas. A la hora de comida me forcé a comer pero fue horrible, por dicha con los apretujones en el metrobús se me desapareció la comida, pero mi cena me está sabiendo a trapo y la tembladera en el estómago no se me quita ni con las cuatro pastillas para nervios que me tomo diariamente, dos en la mañana y dos en la noche, para no estar tan mal.
Sé que mucha gente está orando por nosotras, sé que todo esto tiene que pasar. Yo soy madre, pero a veces, no me siento tan fuerte. Hace dos meses que Paola está mal y por momentos pienso que me voy a derrumbar.
Me lavantan todas esas oraciones, muestras de cariño y deseos buenos. Por eso sigo en pie, tratando de levantar todos los días mi blanco pendón de la esperanza.
¿No está linda ella, pese a todo, en su cama?

Primera mañana en Neuro

Pablita pudo ponerme un mensaje del teléfono silencioso que le dió su papá y que le dejamos a escondidas. Dijo que la cena estuvo deliciosa -tenía todo el día en ayuno- porque le dieron ¡al fin! una concha de chocolate, un bolillo, atún con papas y no sé cuánta cosa más, que engulló completamente.
No pasó frío porque más tarde le llevaron una cobija.
Muy temprano se presentó un medico con su palomilla de estudiantes y luego le preguntaron que si no iría su familiar para ayudarla a bañar. Yo furiosa porque no me dijeron eso ayer cuando la dejé, sólo que la visita era de 3 a 5.
El desayuno también fue rico pero las horas se le hacen bastante largas. El cuarto es pequeño con ventanas al fondo, está en el tercer piso. Tiene a una niña en la cama de al lado, con un cuadro bastante penoso no sabemos de qué, pero el aspecto de la chica es terrible, aparentemente la afecta algún tipo de parálisis que la tiene con una mueca permanente en el rostro, con la boca abierta.
Hoy debo llevarle pijamas y artículos de tocador. Me pidió un librito de sopa de letras para pasar las horas, y su libreta para escribir.
Cuando hablamos sentí su voz de niña acabada de despertar y sentí una inmensa alegría de no percibir rastros de sufrimiento.
Yo soy fuerte, soy madre, el Señor es conmigo y durante esos segundos fui feliz hasta las lágrimas.

Las oraciones

VUELVO a dar el crédito a mi tesoro: la amistad. Esa que ha llevado a mis amigas, en el Encuentro de Oaxaca, a ir a la catedral a encender velas y oraciones por mi hija y por mí. Esa que provoca que me manden por correo sus palabras de ánimo y cariño y hace que llore con dulzura y agradecimiento.
Esas amistades pulidas finamente con el tiempo que me hacen sentir acompañada cuando las largas esperas en el hospital.
En Ensenada, en Oaxaca, en México, en Chile o Chiapas y en donde quiera que se encuentren todos esos corazones, reciban mi profundo agradecimiento y cariño.
La fuerza del cariño que me mandan me hace seguir aquí de pie, en espera de que mi hija, ahora en el Instituto de Neurología, se recupere.
Gracias con todo mi corazón, sirva este espacio para reconocerlas ya que no dispongo del tiempo por ahora para escribirle a cada una.
Sigamos con nuestros corzones en oración.

sábado, 15 de noviembre de 2008

El terror y la furia

Paola vestía de negro un vestido de otra época con un sombrerito a juego. Iba hacia algún lado y montó el caballo en el que se trasladaría. Al iniciar el trote todo era normal, yo estaba parada despidiéndola pero de pronto el animal comenzó a correr sin que ella pudiera detenerlo. El animal parecía haber enloquecido, corría en circuito por entre la maleza y el camino de tierra.
Yo gritaba tratando de azuzarlo para detenerlo cuando pasaba frente a mí con las fauces espumosas, todo sudoroso.
Otra mujer cruzó en algún momento cabalgando pero no hizo nada y siguió su camino. Paola seguía tratando de mantenerse en el lomo del caballo y luego se paró en los estribos para jalar las riendas y parar al animal pero éste se tornó más furioso, relinchó y corrió más fuerte provocando que Pabla se fuera para atrás bruscamente, soltando la rienda.
Al parecer el jalón la dejó atontada porque yo solamente veía cómo se sacudía su cuerpo inerte conforme el animal seguía corriendo.
Pensé que mi hija se rompería la espalda, seguí gritando cada vez con más desesperación y vi cómo ella intentaba de nuevo zafarse de los estribos hasta conseguirlo quedando su cuerpo en la tierra mientras el animal desaparecía en su carrera.
No había forma de que mi corazón dejara de golpearme el pecho, sentía dolor en cada latido, falta de aire y miedo, mucho miedo, mientras me acercaba a revisarla.
Antes de llegar a donde estaba desperté con el corazón en la boca.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Ojos de nubladas lunas

Sola, como cuando parí a mihija,
veo cómo la consumen la fiebre y los dolores.
Veo nubladas las lunas
de sus ojos lluviosos
siento su fina piel débil y ardiendo,
percibo su osamenta tenue.
Un terror me retuerce las tripas,
el mas grande de los miedos me atormenta.

Sola, sin compartir la pena
que no puede partirse,
como si fuera una condena
que me convierte en atlas con el dolor acuestas.

Tiene los rizos crispados
y las grandes pestañas como cortinas cerradas,
pequeña y descolorida en esa cama inmensa
cansada del tormento de espinas en la cabeza,
con los escalofríos de fiebre,
con sus equivocados temores
a perder la casa o e empleo
como si no fuera su vida lo que tiene en riesgo.

Como una niña que pregunta con los ojos,
con pasos lentos, vacilantes, pálida.
Así vive sus días mi princesa
bella aún como ninguna,
sin protestar por la comida
o el medicamento.

Ignoro lo que piensa
sobre la gravedad en la que estuvo.
Ella no se dio cuenta,
no vio pasar su vida en fracciones de segundo
ni tuvo tiempo de palpar el miedo.
Qué dicha, cuánto le agradezco a Dios
tener ese consuelo,
saber que esos momentos espantosos
no están entre sus pertenencias,
se me quedaron todos metidos como un sello
que en las noches cobra vida y provoca pesadillas
cuando me gana el sueño.

Esta tarde vi su rostro perfilado por la fiebre,
su cutis transparente y sus ojeras como océanos.
Esta tarde volvió a llenarse mi estómago de clavos
ante esa imagen atroz que me atormenta.
“Calma y fuerza”, me repetí desde el principio.
Tomé aire como cuando una va a saltar un precipicio
y así he vivido estas semanas.

“Mi hija va a estar bien” repito como mantra
mientras concilio el sueño
en el momento en que despierto
cuando preparo su comida
cuando cepillo sus cabellos.

Yo soy fuerte: soy madre.
Sé que puedo seguir hasta que vea de nuevo
sus ojos de luna llena sin llovizna,
hasta que escuche de nuevo
el cascabel de su risa,
hasta que sus mejillas de cirio
vuelvan a ser flores rotundas.

Yo soy fuerte: soy madre.
Esperaré lo que haga falta
para que esa enfermedad nos deje libres.
Y el Señor es conmigo: yo soy fuerte.




Ensenada, B.C., 12 de noviembre de 2008.

martes, 11 de noviembre de 2008

Fotos de la ofrenda




Hasta ahora he podido ver y recuperar algunas fotos de la ofrenda, aquí la dejo para los amigos que no pudieron estar con nosotros el día 2 de noviembre en nuestro altar. Sin la espectacular, valiosa y entregada ayuda de Iris, en la foto, jamás habríamos visto concluido nuestro proyecto. Gracias también a toda la comunidad que, sin conocerme, aceptó mi palabra y participó haciendo las donaciones que nos permitieron ver este altar.A los amigos que siempre han estado, mi abrazo de gratitud y cariño.
Ojalá todos estemos en lo dicho para el año que viene, en caso de que estemos por aquí...

jueves, 6 de noviembre de 2008

Pequeña larga ausencia


Me impresionó abrir mi blog y ver la imagen de la Catrina, y hecha nada menos que por Paola, que en los días del viernes al domingo estuvo debatiendo a la muerte debido a una meningitis que hizo crisis precisamente la mañana del viernes.
Gracias a Dios pudo llamarme por su celular para intentar decirme dónde estaba, cosa que no podía hacer por encontrarse afásica, pero luego de treinta eternos minutos pude figurarme el lugar en donde estaba y la fuimos a buscar Alex y yo.
Estaba en la carretera rumbo a su trabajo y se detuvo antes de la primera caseta, en una estación de gasolina. No era que hablara incoherencias, sencillamente decía palabras que no significaban nada y las repetía en inglés o español constantemente, y al pedir ayuda la tomaban por ebria o drogada, incluso los despachadores de gasolina se reían.
La trasladamos urgentemente al hospital, a donde llamé solicitando un neurólogo, el que fuera o estuviera de guardia esa mañana. Quiso Dios que la recibiera precisamente el mejor neurocirujano de la ciudad.
Al revisarla, el médico solicitó de inmediato una camilla para internarla y que le realizaran tomografías de su cabeza. Se procedió a hacerle una punción lumbar y luego de obtener los resultados lo único que podía decirme era que estaban descartados el tumor y la hidrocefalia. Pero desconocía la causa de la afección, sólo supo que era meningitis.
Pasaron días haciendo muchas pruebas para determinar si la causa era un virus o una bacteria. Se solicitó la opinión de un neumólogo y un neurólogo.
En tanto, la mantenían con antibióticos, anticonvulsivos y antipiréticos. Ella se mantuvo confundida todavía hasta el día siguiente de su ingreso al hospital, sin encontrar palabras para comunicarse y completamente inapetente. Me afligía mucho su estado porque recientes estudios de sangre habían confirmado su anemia y me aterraba pensar que no tuviera suficiente fuerza para luchar contra la enfermedad.
Comenzaron a remitir los glóbulos blancos y eso fue apenas un alivio porque los médicos seguían sin conocer la causa de la enfermedad.
Finalmente ella pudo recuperar el habla y pensamiento normales, y una vez que comenzó a comer, lo hizo con apetito. El médico la declaró fuera de peligro y me dijo que era extraordinario, que se había impuesto su juventud a pesar de ser pequeña de talla y anémica. Claro que no significaba que ya estubiera bien, pero las palabras "fuera de peligro" sonaron como música para mí.
Para confirmar sospechas se le hizo una resonancia magnética de cráneo y a partir de entonces los médicos construyeron un plan de ataque contra su enfermedad.
La meningitis no se ha eliminado por completo pero Paola ya está en casa, y ha de seguir un tratamiento largo igual que su convalescencia.
Agradezco a todos los amigos, familia, conocidos, que me apoyaron con sus oraciones y buenos deseos para que mi hija recuperara su salud. Sé que estoy en deuda y espero poder corresponder cuando sea la hora.
Por ahora, con restricciones, puedo decir que estoy feliz gracias a Dios.