jueves, 28 de agosto de 2008

Quién puede imaginar una vida sin locura...

Ven, siéntante, te invito a estarte quieta un rato. Olvida que no puedes moverte, que tu columna ruge con estrépito y escupe su baba negra de dolor. Prueba a estar así tan solo, sin decision alguna que te lleve al camino ni a la danza. Así, sentada, quieta. Palpitante tan sólo en el lugar de la laceración, sin ánimo ni prisa para desencadenar pasos, movimientos, apuraciones. Una muñeca rota, eso es, eso eres por lo pronto, la muñequita plana de papel que dibujó Alejandra aquella noche. Tapoco tienes a dónde ir, cargada como estás de dudas y de noches, acosada por esa especie de desesperación, crónica que produce caries en tus horas y tus días, levanta postemillas que punzan en horas inoportunas, se inflama en calentura y te vuelve densa, tumefacta, desvalida.

Quédate como estás, echada de costado pero no maja desnuda sino flaca y sola, sitiada por dolores que están fuera de tí, acosada por dardos que preguntan cuándo o hasta cuándo. Así, no muevas la cadera que se te quiebra la cintura y ya sabes que nunca has podido entrar en cintura, en la medida que no consideró tus dimensiones porque eras para ser distinta, rara, diferente. Siente la cama como parte de ese cuerpo, como armadura que previene el vuelo, el pie descalzo. Siente el calor que emana de tu cuerpo, sudoraciones que vienen a colación por estar sobre un colchón en altas horas de la vida sin más quehacer que el infinito esfuerzo para no perseguir la huella de cada pensamiento más allá de los límites del cuarto, debe ser suficiente ver pasar por la ventana los mensajes que a veces manda el mar cuando sacude con gracia las yemas del rosal. No te muevas, no debes salir movida, debes estar muy quieta para que la luz haga un esfuerzo y tu retrato sea tan fiel que parezca que estás en movimiento, que la sangre arrebata tus mejillas, que esa espina que sale de tus ojos tan intensa no es dolor ni pregunta, ni siquiera queja sino anuencia para que la inmovilidad se apoltrone entre tus músculos, atrofie levemente algunos nervios y entumezca tu cuerpo. Que no salga en la foto tu cuenta regresiva, la dinámica imagen de una mujer que hace gimnasia, es solamente un caso imaginario, no es necesario el cuerpo y menos sin columna, con ejercicios mentales también podemos ir al día, lo que importa es que se sigan conectando las neuronas, que no se mueran de estío que no pierdan enigmáticas funciones que deban explicar científicos aún ahora, cuando hemos aprendido que no es posible todavía extraer la piedra de la locura, no hay procedimiento quirúrgico posible para ubicar el exacto lugar en donde habita y sin embargo en la columna se detectan claramente malformaciones minúsculas congénitas, huesos que fuera de lugar por tantos años resultan en extrañas formaciones que no obstante se someten, se liman o serruchan para que tomen el sentido que debieran, ya no podrán volver a sus orígenes pero en cambio quedarán más adecuadas, dejarán de ser extrañas y podrán comportarse como esperan la buena sociedad y sus costumbres, el médico, la dueña.
No importaría de paso que la dichosa piedra de la locura siguiera oculta en la cabeza o donde fuera, los médicos no curan la locura y además quién se quiere aliviar, quién el valiente para aniquilarla, quién puede imaginarse una vida sin locura, es más fácil vivir sin movimiento, sin columna...

Ligera recaída

Estoy pintando varias horas al día y me sucede como siempre: me meto al cuadro y no me entero de lo que ocurre en el mundo. Por eso es hasta la noche o la mañana siguiente cuando veo que me duele bastante la columna en la parte de la cintura. Creo que al pintar hago algún movimiento que me afecta, quizá inclinarme hacia adelante o agacharme para cubrir la parte inferior del cuadro ya que siempre pinto de pie. El caso es que anoche tuve que dormir con un parche medicado para el dolor y ahora mismo lo tengo bastante importante.
Eso sí: mientras pinto no siento absolutamente nada.

(Pablita ya está de regreso luego de varios días en Bajamar, qué dicha. Siempre los hijos son la luz de nuestros ojos)...

martes, 26 de agosto de 2008

La obra del día


Sí, ya sé que debería ser una buena obra: de caridad, de humanidad, etcétera. Pero hablo solamente de la obra plástica que hice el día de hoy o mejor dicho que armé porque algunos dibujos fueron hechos hace tiempo y solamente los reuní en una composición para mi proyecto de Todas somos una.
Por lo demás, seguimos sin novedad: el clima caluroso, mucha tierra, la mata de chile reventando, los rosales aún heridos no sé si por la plaga, por el agua mala o las hormigas. En fin, la vida...

lunes, 25 de agosto de 2008

Segunda visita

Hoy tuve mi segunda visita con el Dr. Chong, un chino recién llegado a Ensenada que me recomendó una señora cuando me vio prácticamente inmóvil con la dolencia de mi columna. Amablemente me dio el teléfono y luego de buscarlo sin éxito, le dejé recado en su contestadora y luego llamó para darme la primera cita, que fue hace una semana.
Tengo que decir que he mejorado mucho desde la primera vez, aunque por las noches sigo sin poderme acomodar, moviéndome cada minuto aproximadamente para ver a qué hora me acomodo sin molestias, y así todo el tiempo hasta que me vence el sueño.
Hoy tuve la segunda sesión, y de nuevo tuvo que deshacerme los nudos que se me hacen en los músculos de espalda, hombros y cuello. Al principio es doloroso porque hasta me truenan pero al final me siento relajada y sin dolor.
El doctor dijo que quiere hacerme un masaje más profundo y eso será en dos semanas. Mientras tanto espero seguir bien como hasta ahora.
Ayer fui a Tijuana, hacía un calor insoportable, más que aquí. Nos dirigimos al hospital para ver a mi hermano, que se encuentra estable aunque lo hallo todavía más delgado y débil. Mi hermano Alejandro ha estado con él todo el tiempo. Platicamos el tiempo que pudimos, antes de que un vigilante me fuera a corretear porque terminaba el tiempo de visita.
Antes de salir para Tijuana corté algunos chiles de la mata para llevarlos a mi mamá, que prometió a mi hermano Víctor hacer en salsa con mucho limón y cebolla morada.
El día de hoy ha estado nubladón pero con un calor tremendo, no sabemos hasta cuándo permanezca el verano pero ya extraño mi cobijita por las noches.
Estoy contenta de que mi alumna Sofía haya regresado a clases porque compartir con los niños es algo que me da muchísima alegría...

viernes, 22 de agosto de 2008

Trabajos de Sofía



Primero la mancha, el color local, la composición. En el último paso, definición del color, ajustes a la composición.

Un día con aire




Hoy tuve la clase con mi alumna por la mañana, contrario a la costumbre de las tardes. Terminó un bodegón con frutas e inició un autorretrato.
Como hacía calor abrimos la puerta del estudio pero el viento está tan fuerte que nos hizo un batidillo de papeles y cosas que salieron volando, a Sofía le cayó en la mano uno de mis dibujos y tuvimos que cerrar la puerta.
Cuando vinieron a recogerla me dijeron que la reja de la cochera se había abierto de par en par y me la cerraron, así que fui a ponerle una correa de perro para asegurarla porque no tengo cadena.
El viento sigue, no sé si esto es lo que llama Santana la gente de aquí, que es cuando hace mucho viento, mucho calor y levanta tanta tierra que las casas quedan con su desierto particular cada una, con la consiguiente tarea de lavar y limpiar ropa y papeles y todo lo que haya.

Por otro lado la angustia que ahora vive conmigo como si fuera la tierra de mis uñas -o mejor dicho la pintura que siempre traigo pegada porque estoy trabajando bastante-, ya que mi hermano no contesta su teléfono móvil y nadie responde en su casa, lo que nos provoca tanta ansiedad porque no sabemos si se puso de nuevo grave o qué sucede.

De modo que este día, plano como algunos otros en que la luz quita volumen a las cosas y nos hace percibirlas como si fueran dibujos, sigue con su viento y sus aconteceres azarosos al menos para mí, que sigo en espera de saber algo de mi hermano mientras intento concentrarme para evitar sentir la comezón que me provoca la alergia con la que tengo días, a pesar de los chochos y medicamentos y a pesar de haberme untado polvos de maíz porque no tengo almidón...

En la pintura terminé dos cuadros para mi serie "Todas somos una" y estoy preparando el cuadro que se tiene que mandar a Francia.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Arte para curar


Ayer me llamaron muy temprano avisando que mi hermano agravó. Yo no podía viajar a Tijuana hasta en la tarde, por lo que me puse a pintar para no terminar comiéndome las uñas. Cuando pinto me meto al cuadro y el mundo se queda suspendido, en otro plano. Me quedo en el mundo del color y la textura, en donde lo único que existe son las formas, sensaciones. No importa el tema, cualquiera sirve. De modo que comencé a refugiarme en el dibujo de la fachada de la casa que ocupamos. Soleada, con sus techos de teja.
Sé que como la poesía, la pintura ayuda a que me cure: de la ansiedad, de la angustia, de dolor. Provoca en mí una introspección que me serena en algunos casos, o que simplemente me hace olvidarme de todo, incluso de mí.
Es mi otro hogar ese espacio especial en el que se da la creación, el encuentro con mi yo desconocido y oculto. Es el lugar donde me curo.
En la foto, una parte del proceso de mi cuadro todavía sin terminar.

lunes, 18 de agosto de 2008

Onda de calor y cosecha


Estos días me han recordado a Monterrey por calurosos. El sopor después de las cuatro de la tarde es pesadísimo y peor si tiene uno que trabajar. Justo cuando iniciaba mi clase tuve que tomarme un mate para evitar quedarme dormida.
Es rico el calor, sentir el sol y el aire, pero cuando sube demasiado la temperatura comienzan los problemas en mi piel, que por alergia se llena de sarpullido y sudo como si estuviera en el sauna. Eso me provoca ampollas en los pies. Pero cuando baja el sol las tardes son muy agradables al aire libre, en el jardín o por la ciudad, en la cafetería degustando el novedoso ice latte del Tomas de la Diez, donde se encuentra uno con los amigos.
A diferencia de Monterrey, donde el calor zumba como chicharra y no hay ni un soplo de aire, aquí en Ensenada siempre corre la brisa fresca y es menos difícil andar en la calle con el calor.
Por otro lado, nuestra planta de chile habanero, que solamente había dado un fruto, ahora está cargadito y como es bien sabido que no hay chile más picoso, ahora no sabemos cómo acabar con ellos para que no se desperdicien. He resuelto por lo pronto intentar conservarlos asados, molidos y mezclados con aceite y oliva y vinagre a ver qué pasa. Ayer cenamos molletes y en lugar de pico de gallo les pusimos una salsa de jitomate con chile comapeño que como no picó, lo aderezamos con un chile habanero picadito, con lo que quedó mucho mejor.
Sé que fuera del país mucha gente no acostumbra comer chile y si llega a probarlo en México le parece un suplicio. Es cuestión de costumbre: aquí los dulces tienen chile así que aprendemos a comerlo desde niños. Actualmente he conocido cada vez a más personas que no lo comen o muy poco aunque sean mexicanos. Quizá se deba a la diversificación en la comida, que ha dejado de ser estrictamente mexicana y tenemos platillos de las cocinas del mundo integradas en nuestro diario acontecer.
De niña recuerdo que era una muestra de "hombría" -¿machismo?- que los hombres comieran chiles: entre más picosos y más cantidad, ¡más hombres eran! Vaya, ojalá fuera tan simple...
Les dejo la foto de nuestra primera coseche de chiles para que vean que son también hermosos.

jueves, 14 de agosto de 2008

Verano: Fiesta del vino en Ensenada ¿Para unos cuantos?


Inició en julio y termina en este mes: las casas vinícolas organizan actividades y recorridos, serenatas y comidas. Todo a los precios más inaccesibles, naturalmente. Es la manera de filtrar a los asistentes: se prefieren los dólares. Los precios van de los 35 a los 150 dólares. Claro que los "baratos" son o conferencias o simples visitas enológicas. Aunque claro, para el Foro Legislativo de la Industria Vitivinícola la entrada es gratuita y en una de esas hasta van a tener que pagar para que entre la gente. Claro que para la "Taurovinomaquia", con la presentación del charro Vicente Fernández, el costo va de 250 a 500 dólares.
Los mortales comunes tenemos por tanto muy poca oportunidad de asistir a la "gran fiesta", como no sea la Verbena popular que organiza la casa de vinos Santo Tomás en la calle, que por cierto el año pasado estuvo tan desangelada que poco se notó que la fiesta era sobre el vino.

Para los que recién estamos en este puerto todo eso resulta extraño, pues hay que pensar constantemente en dólares: para pagar la renta, para hacer compras. Y como en Ensenada las noticias del exterior o no llegan o lo hacen mucho tiempo después, los locales no se han enterado de las dificultades económicas de nuestros vecinos del norte, por lo que siguen dejándose pedir miles de dólares por sus terrenos sin servicios ni pavimentación, o por las casas semiderruidas o sin funcionar que ponen en venta. Todo por el afán de hacerse de los dólares aunque sea inflando los precios. Y eso de que hasta el zapatero remendón nos vea cara de gringos raya en el insulto, como me sucedió cuando quise ponerle tapa a los tacones de mis zapatos: me dijeron que me cobrarían el equivalente a 10 dólares por dos zapatos. No quise y se lo comenté a una amiga que inmediatamente me dijo "les vieron cara de gringos" y me hizo favor de llevar ella mis zapatos, de manera que sólo pagó seis dólares. Me da pena ajena pero así funciona esta ciudad y no veo cómo poner remedio.

A veces me cansa esta constante lucha de la gente por parecer otra cosa: más rico, más instruído, más importante, más querido, más gandalla, más más más...Habría que buscar el modo de, por ejemplo, ser más honesto, más auténtico, más humanitario, más consciente, qué se yo.

Pero así es aquí, y aquí estamos. Creo que en este caso no aplicaría yo la regla que dice que "A la tierra que fueres, haz lo que vieres". Lástima, muchas veces percibo que aquí no hay manera de empatar.

domingo, 10 de agosto de 2008

Altibajos


El sábado pasado mi hermano estuvo en crisis y se internó en una clínica del Seguro Social en Tijuana para que recibiera hemodiálisis. El médico que lo atiende, un tal doctor Hurtado, le dijo sin ambages que a lo mejor no salía vivo de ahí porque calculaba que le quedaban tres horas de vida. No, no hablo de un verdugo sino de un médico, "el mejor nefrólogo" de la clínica 20 del Seguro Social, quien confirmó su dicho ante la esposa de mi hermano y le dijo que les daba cinco minutos para decidir si tomaba la hemodiálisis o no.
Cualquiera puede imaginar en qué estado mental y emocional entró Jared al tratamiento. Pero al cabo de tres horas salió para recuperarse del proceso. Entonces el médico cambió su pronóstico por el de "entre ocho y quince días".
Como nos quejamos porque la dieta no era adecuada ya que contenía más agua de la que le permiten tomar a mi hermano, y de la manera prepotente como se dirige a algunos de sus pacientes, a los que por regla, cuando le caen mal les dice "tú te vas a morir" según refieren otros pacientes suyos compañeros de mi hermano, la doctora que atendió nuestra queja ofreció hablar con el tipo, además de comprometerse a vernos en la cama de mi hermano a cierta hora para ordenar que le hicieran electrocardiograma para ver si se podía modificar el tiempo de hemodiálisis para que resultara más efectivo.
Pero para nuestra sorpresa, el médico seguramente por haber sido un poco reprendido optó por dar de alta a mi hermano sin mayor averiguación. En ningún momento se presentó a revisar el estado de Jared, solamente envió a una asistente a llevar la hoja con autorización para que lo dieran de alta.
Y pienso cómo pudo ser que ese médico, en el camino de su profesión, se haya convertido en lo que es, sin la menor ética y menos aún calidad humana para tratar a personas como él, semejantes que atraviesan por difíciles situaciones ante la pérdida de su salud y el tremendo sufrimiento que su enfermedad conlleva.
Y después de todo eso, mi hermano, recuperado en lo que cabe, se ha dado el lujo de departir con nosotros con toda la alegría de que es capaz, y el viernes tuvo el coraje de levantarse muy temprano, despertar a mis otros dos hermanos que están de visita con él y llevarlos a casa de mi madre, donde yo me hospedaba, para que me cantaran las mañanitas porque era mi cumpleaños.
Esa es la estatura de mi hermano, el hombre que ha decidido sobre su vida y su muerte, el que de niño se fue con un circo, el que jamás ha puesto límite a sus deseos, a su empeño de vivir como decida.
Lástima que sujetos como Hurtado sean piedras en el camino de personas como mi hermano, a quien Hurtado nunca se ha permitido conocer para aprender un poco.
Por nuestra parte, todos estamos intentando aprender de su lección.

viernes, 1 de agosto de 2008

Poema de Alejandro Aura (Q.E.P.D.)


DESPEDIDA

Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.

¿Se imaginan el esplendor del cielo de los tigres,
allí donde gacelas saltan con las grupas carnosas
esperando la zarpa que cae una vez y otra y otra,
eternamente? Así es el cielo al que aspiro. Un cielo
con mis fauces y mis garras. O el cielo de las garzas
en el que el tiempo se mueve tan despacio
que el agua tiene tiempo de bañarse y retozar en el agua.
O el cielo carnal de las begonias en el que nunca se apagan
las luces iridiscentes por secretear con sus mejillas
de arrebolados maquillajes. El cielo cruel de los pastos,
esperanzador y eterno como la existencia de los dioses.
O el cielo multifacético del vino que está siempre soñando
que gargantas de núbiles doncellas se atragantan y se ríen.

Lo que queda no hubo manera de enmendarlo
por más matemáticas que le fuimos echando sin reposo,
ya estaba medio mal desde el principio de las eras
y nadie ha tenido la holgura necesaria para sentarse
a deshacer el apasionante intríngulis de la creación,
de modo que se queda como estaba, con sus millones,
billones, trillones de galaxias incomprensibles a la mano,
esperando a que alguien tenga tiempo para ver los planos
y completo el panorama lo descifre y se pueda resolver.
Nos vamos. Hago una caravana a las personas
que estoy echando ya tanto de menos, y digo adiós.

publicado en diario |

Rondines de la Señora Muerte

Esta mañana desperté optimista. Regué el jardín para que mis recién plantadas semillas de cempazúchitl no se pusieran tristes y estén en todo su esplendor para Día de Muertos, y después, en la cocina, me dispuse a preparar patacones para desayuno, lo que desde luego me introdujo en la nubosa nostalgia del gallo pinto y mis estancias en Costa Rica...
Y luego vengo a la computadora, todavía llena de optimismo y energía, no se sabe si por el día soleado o porque es un día más en que no tengo dolor y puedo moverme, y me encuentro con la noticia de dos muertes.
Alejandro Aura murió en España y sus cenizas vendrán a nuestro país, como él quiso. Lo conocí personalmente en una lectura del Club de las Aureolitas en Tacuba, nacido a raíz de unos talleres que él impartía, y entre otras cosas leyó un texto divertido con el estilo del discurso de Don Quijote en un imaginario encuentro nada menos que con Agustín Lara, a quien Don Quijote llamó "El caballero de la humeante mejilla" por la manera como fumaba el cantante. También más adelante y gracias a su gestión a cargo del departamento de cultura de la ciudad de México en tiempos de Cuauhtémoc Cárdenas, pude participar en una exposición de pintura que organizó en el zócalo sin más trámite que mi asistencia con todo y obra.

Pero ahí no paró la cosa: sucede que también falleció Víctor Hugo Rascón Banda, que después de ser velado en Gallosso y Sogem será trasladado para un homenaje a Chihuahua, su tierra natal.

Así es como nos hacemos más conscientes de lo que mencionaba yo antes, con el fallecimiento del yerno de Iris: nacemos con la muerte mirando por encima de nuestros hombros, y hacemos como que no la notamos, pero al recibir noticia de la muerte de conocidos la miramos no de frente sino de reojo, no sea que se le ocurra voltear, mire directamente nuestra cara y decida que sí, que ya es tiempo de dejar este camino...

Obra importante nos dejan estos dos ilustres intelectuales destacados también en la promoción cultural y poseedores ambos de un particular encanto. Descansen en paz.