jueves, 27 de noviembre de 2008

Esperanzas


Por la mañana, como siempre, las llamadas: Norma Sáenz, mi hermana Rocío, mi prima Adriana y mi tía Tere para saber de Pablita.
Hoy desperté hasta las nueve de la mañana. Por la noche no podía dormir y a las dos de la mañana me levanté a tomar unas pastillas.
A la hora acostumbrada salimos de la casa rumbo a la de Coquito que como siempre, nos ofreció la comida.
Después tomamos el microbús para llegar al metrobus y todo normal. Encontramos que Paola estaba estrenando la pijama que le regaló mi hermana Sandra y estaba de mejor talante que ayer. Este mismo día termina el libro de Saramago y le llevamos "La reina del sur", de Pérez Reverte.
Un amigo de Mauricio nos prestó el aparato para ver tele y dvd's y Mauricio se lo dejó instalado a Pablita.
El médico nos dio el reporte prácticamente igual, pero ahora dijo que ellos están casi ya seguros de cuál tratamiento seguirán para curar a Paola, sólo falta el resultado del INDRE. Eso nos hizo sentir mejor que cuando nos decían que no sabían todavía nada.
Rápidamente dan las cinco de la tarde cuando estamos en la visita, y emprendimos el regreso. La sorpresa fue que la estación en donde siempre bajamos para hacer el mismo recorrido de regreso, fue cerrada para remodelación. Y sin aviso. Tampoco el operador del metrobus indicó que no había parada en esa estación y la siguiente es lejos de donde nosotros tenemos que bajar, por lo que habrá que pensar qué hacer para mañana.

Mauricio quedó de verse con una amiga y yo me vine sola en el metro con la firme intención de meterme al cine en Azcapotzalco para sacudirme un poco tantas imágenes de gente en los transportes y hospitales. Me bajé en Camarones y me perdí al salir porque esa estación no la conozco. Preguntando se llega a Roma y cuando menos pensé ya estaba frente a los cines. Con la mala suerte que ya había iniciado la película y faltaba mucho para la siguiente.
Decidí caminar por Azcapo y en el camino compré para Paola unas mini gorditas de maíz cacahuazintle de las que venden afuera de las iglesias y le encantan. Seguí caminando hacia el mercado y me topé con un puesto de tlacoyos. Ni modo: dos de requesón con nopales para merendar. Tomé taxi a la casa -nueve pesos la dejada- y en la tiendita de la entrada compré una coca de las de envase de un litro de vidrio que sólo hay aquí. Vaya premio para un día cansado. Mis piernas no están acostumbradas a tantas escaleras en el metro, el hospital y la casa y en algún momento sentí que se me torció un tendón o algo porque me dolió y traigo adolorida la pierna. La viejentud, ya sabemos.

El caso es que Paola está menos tensa y ahora su problema es evacuar el intestino, que no es todavía una cosa grave pero le preocupa y por tanto nos pusimos a caminar por el pasillo para ver si sus intestinos abandonan la pereza. El "citripio" de donde cuelgan su botella de suero tiene alguna pata chueca porque es una lata para empujarlo y con los jalones he estado a punto de noquear a Paola con la botella. Nomás eso le falta. En la foto está estrenando la piyama que le regaló mi hermana Sandra y nótese al fondo el papel que identifica su cama, con todos los errores...

Me dijo al despedirse que piensa escribir un agradecimiento en inglés para las personas de la asociación donde trabaja que han estado al tanto de su salud, para que lo ponga aquí en el blog y puedan verlo.

Me siento tranquila cuando la veo así, más dinámica y sin apuros ni dolores pero sobre todo con una buena actitud.

1 comentario:

Patricia dijo...

Mea legro mucho, el sol ya empezarà a brilla. Un abrazo.