lunes, 18 de agosto de 2008

Onda de calor y cosecha


Estos días me han recordado a Monterrey por calurosos. El sopor después de las cuatro de la tarde es pesadísimo y peor si tiene uno que trabajar. Justo cuando iniciaba mi clase tuve que tomarme un mate para evitar quedarme dormida.
Es rico el calor, sentir el sol y el aire, pero cuando sube demasiado la temperatura comienzan los problemas en mi piel, que por alergia se llena de sarpullido y sudo como si estuviera en el sauna. Eso me provoca ampollas en los pies. Pero cuando baja el sol las tardes son muy agradables al aire libre, en el jardín o por la ciudad, en la cafetería degustando el novedoso ice latte del Tomas de la Diez, donde se encuentra uno con los amigos.
A diferencia de Monterrey, donde el calor zumba como chicharra y no hay ni un soplo de aire, aquí en Ensenada siempre corre la brisa fresca y es menos difícil andar en la calle con el calor.
Por otro lado, nuestra planta de chile habanero, que solamente había dado un fruto, ahora está cargadito y como es bien sabido que no hay chile más picoso, ahora no sabemos cómo acabar con ellos para que no se desperdicien. He resuelto por lo pronto intentar conservarlos asados, molidos y mezclados con aceite y oliva y vinagre a ver qué pasa. Ayer cenamos molletes y en lugar de pico de gallo les pusimos una salsa de jitomate con chile comapeño que como no picó, lo aderezamos con un chile habanero picadito, con lo que quedó mucho mejor.
Sé que fuera del país mucha gente no acostumbra comer chile y si llega a probarlo en México le parece un suplicio. Es cuestión de costumbre: aquí los dulces tienen chile así que aprendemos a comerlo desde niños. Actualmente he conocido cada vez a más personas que no lo comen o muy poco aunque sean mexicanos. Quizá se deba a la diversificación en la comida, que ha dejado de ser estrictamente mexicana y tenemos platillos de las cocinas del mundo integradas en nuestro diario acontecer.
De niña recuerdo que era una muestra de "hombría" -¿machismo?- que los hombres comieran chiles: entre más picosos y más cantidad, ¡más hombres eran! Vaya, ojalá fuera tan simple...
Les dejo la foto de nuestra primera coseche de chiles para que vean que son también hermosos.

1 comentario:

Ophir Alviárez dijo...

Querida Liz, deberías estar en Monterrey, así podría ir a refugiarme entre tus chiles y confundirme con ellos para escapar un rato...

Ojalá!

Besos,

OA